Toejam and Earl: Back in the Groove

Confuso aún a día de hoy, este clásico de Mega Drive remozado y ampliado siembra la duda de si se adelantó a su tiempo o nació ya anticuado.

Análisis de ToeJam & Earl: Back in the Groove

Análisis de ToeJam & Earl: Back in the Groove

Colega, dónde está mi nave.

Enfrentarse a una obra envuelta en un cierto halo de misticismo, creado en base a una considerable cantidad de nostalgia por una era -la de los 16-bits- pivotal en el desarrollo y consolidación del medio, supone caminar sobre una capa de hielo fino que separa la aceptación de la realidad (que un juego con casi tres décadas puede plantear un interesante ejercicio de revisionismo histórico y con ello varios puntos de interés, pero rara vez algo más) del abismo del autoengaño. El mayor peligro que uno corre no es necesariamente sobrevalorar el pasado, que se compone también de diversos elementos que pueden hacer más o menos agraciada la experiencia tanto a nivel personal como colectivo; sino traspasar la esencia de dichos recuerdos a la obra actual aún cuando la distancia de tiempo entre ambas ha cambiado las reglas de juego.

Este salto nos puede llevar a otra situación arbitraria, inversa en este caso, como es juzgar a un juego por lo que generaba en su momento y castigarlo por no despertar en nosotros los mismos sentimientos que cuando éramos jóvenes inocentes y despreocupados. Como dijo el poeta italiano Dante -Alighieri, no el del Devil May Cry- en la Divina Comedia, "Nada es más triste que el recuerdo de la ventura, en medio de la desgracia".

También es verdad que él no tuvo que jugar a Toejam & Earl: Back in the Groove.

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