State of Decay 2

Como juego de gestión engancha, pero State of Decay 2 no consigue dar dimensión humana a unos personajes que en el fondo solo son números.

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Análisis de State of Decay 2

Según The Zombie Survival Guide, aquel fantástico divertimento con el que Max Brooks intentó convencer al mundo de que los muertos vivientes realmente caminaban entre nosotros, la primera medida que debe tomarse cuando la gente comienza a devorarse la tráquea por televisión es llenar la bañera. Puede sonar algo contra intuitivo, y en este sentido la experiencia adquirida a base de consumir películas de los 70 y folletines televisivos puede jugarnos una mala pasada: el cine nos ha acostumbrado a una visión más romántica del conflicto entre humanos e infectados, y en mi caso particular probablemente correría a agenciarme un par de recortadas, una camisa de leñador y una pequeña radio que no funcione para poder maldecirla a gritos, pero nunca hubiera reparado en que un gesto tan insignificante podría salvarme la vida. El razonamiento es sencillo: ante una hecatombe de carácter global el suministro de corriente y agua potable podría caer en cualquier momento, y una bañera rebosante con el tapón puesto debería ser suficiente para mantenernos en pie hasta que llegue la caballería.

A partir de ese momento el manual aconseja esperar, apagar las luces y no hacerse el héroe, un consejo que estoy por asegurar resulta igual de efectivo en situaciones de crisis que no involucren el enfrentamiento con transeúntes no muertos. Esperar, mantener un perfil bajo y plantarle cara a un enemigo más silencioso que bien podría destruir al grupo desde dentro; un enemigo hecho de frustración, de aburrimiento, de sospechas, de envidias y de todas esas miserias que tan bien retratan las películas que comienzan con edificios en ruinas y autobuses escolares abandonados. Nada como el fin de la civilización para poner al ser humano en el lugar que le corresponde, y sin embargo hay otro factor que muchas de estas obras ignoran: lo que ese apocalipsis implica para las cosas que nos rodean. Para el valor que les damos, para la importancia que tienen una lata de fabada precocinada, una bañera llena o unos cuantos tablones y el que tiene un televisor de cincuenta pulgadas. Porque para esperar hace falta agua. Para esperar hacen falta recursos.

Por eso State of Decay, como franquicia, es una buena idea. Porque habla de esto, de la crucial importancia que puede tener hacerse con un botiquín o un generador de gasolina a tiempo, y lo hace de manera decidida y sin concesiones. Sin ceder más espacio del imprescindible a la narrativa precocinada, apostándolo todo a esa excursión in extremis que envía a un bloguero y una profesora de autoescuela hacia una muerte segura y les pide que vuelvan con su mochila cargada o sobre ella. Porque habla de un apocalipsis de las cosas, de los recursos, y de sobrevivir de verdad. Y por los mismos motivos, en el fondo, no es tan diferente de juegos como Total War o Civilization, de esos gestores espaciales, históricos o deportivos que en el fondo apelan a ese déspota que todos llevamos dentro. State of Decay 2, de manera peligrosamente similar al original, es un juego de estrategia 4X que sustituye los planetas alejados de nuestra órbita por gasolineras o pizzerías donde montar puestos de avanzada, y como todos ellos es despiadado: pueden formarse vínculos, de la misma manera que sucede con ese delantero que has visto crecer en las categorías inferiores o esa raza alienígena de ojos saltones y apariencia afable, pero son completamente accidentales. Todo son números, todo fin sirve exclusivamente a uno que vendrá después, y mantener una comunidad de seis u ocho supervivientes sanos es importante porque recuerda a un hogar pero sobre todo porque permite que tres trabajen en el patio edificando una enfermería mientras otro atiende las comunicaciones, alguien vigila y el resto sale de compras. Hay barritas, y medidores, y parcelas edificables que podrían albergar un par de camas más pero implican una penalización a la moral del grupo porque a nadie le gusta dormir al raso, y por supuesto que hay muñequitos cabezones acompañados de un número que indican nuestra fuerza de trabajo disponible. State of Decay 2 habla mucho de las cosas pero lo hace muy poco de los humanos, y aunque sea otra característica que comparte con esos juegos en los que elegir entre el fascismo o la social democracia es simplemente una cuestión aritmética, acercar la cámara hasta la espalda de nuestros meros peones hace que el frío se sienta un poquito más.

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El diseño base de State of Decay, su colección de mecánicas fundamentales, es una de esas ideas que caen por su propio peso. Un no-brainer, dirían al otro lado del charco, que toma sus principios del libro gordo del sandbox, aplica generosas dosis de crafteo y recolección de recursos y marida el dibujo clásico de los juegos de supervivencia con la que es quizá su ambientación ideal: el día en que los muertos decidieron seguir caminando. Su apocalipsis zombie no entiende de guiones preestablecidos ni adorables chiquillas de pelo corto a las que llevar de la mano, y el escenario que plantea es todo lo realista que podría serlo un juego sobre animadoras putrefactas y señores con los intestinos por fuera: gasolineras abandonadas, campamentos improvisados en una iglesia, peligrosas excursiones de un par de centenares de metros en busca de medicinas y sobre todo un grupo de supervivientes hermanados por las circunstancias que aportan recursos y potencia de fuego pero a la vez suponen bocas que alimentar. Es una hoja de Excel con machetes que no se aparta demasiado de lo que planteaban cosas como el demoledor grito de rabia que fue This War of Mine, y a la vez un esquema sorpendentemente actual: su bucle jugable típico, un rosario de tensísimas incursiones en edificios llenos de escombros a la búsqueda del premio gordo y agónicos desplazamientos en campo abierto que suelen acabar en tragedia remiten inmediatamente a un Battle Royale, uno en el que los rivales se cuentan por miles y el jugador es la única presa. Es la idea del millón, pero notará el lector que hasta el momento no hago referencia a su secuela: todo esto ya estaba en el original, un juego de 2013 y una inmejorable base sobre la que volcar recursos y construir. Por eso llama la atención que las primeras horas con esta segunda parte recuerden tanto al pasado.

Trailer PAX East de State of Decay 2

Trailer PAX East de State of Decay 2

Sale a la venta el 22 de mayo.

Undead Labs ha publicado un nuevo trailer de State of Decay 2.

El vídeo muestra varias de las actividades necesarias para sobrevivir en este mundo plagado de zombis: construir una base, llenarla de comodidades para elevar la moral de sus habitantes y salir a eliminar enemigos y conseguir recursos para seguir ampliando la base.

Cabe recordar que, al ser un juego publicado por Microsoft, se incluirá desde el primer día en el Game Pass de Xbox One. También es Play Anywhere, así que comprando una copia para Xbox One se recibe la de PC y viceversa.

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Undead Labs confirma que State of Decay 2 no tendrá microtransacciones

Undead Labs, el estudio responsable de State of Decay 2, ha vuelto a garantizar que su juego de supervivencia con zombis en mundo abierto no tendrá microtransacciones.

En un vídeo emitido en directo para hablar sobre el gameplay que presentó el medio americano IGN, los desarrolladores confirmaron que el juego tendrá un precio de 29,99€, y que no incluirá ningún tipo de micropago.

Recordemos, además, que este será otro de los juegos exclusivos de Microsoft que se incluirán en el catálogo del servicio de suscripción Game Pass el mismo día de su lanzamiento.

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Trailer de State of Decay 2

Trailer de State of Decay 2

No lo zombi venir.

Microsoft ha mostrado un trailer de State of Decay 2 en el E3.

Es un juego de supervivencia con elementos de crafteo y creación de asentamientos, los cuales tendremos que defender de los zombies. Hay zombies especiales que requerirán bastante fuerza para detenerlos. Funcionará a 4K en Xbox One X.

Será exclusivo de Xbox One y Windows 10 y contará con Play Anywhere. Saldrá en primavera de 2018.

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No es que haya servido para calmar los rumores que hablabann de un giro con respecto a la primera entrega y un salto al MMO online, pero el tráiler presentado durante la conferencia de Microsoft nos confirma al menos la existencia de State of Decay 2, que saldrá el año que viene en una fecha todavía por determinar.