Secret of Mana Artículos

Secret of Mana es mi juego favorito de todos los tiempos. Me refiero, claro, al original de Super Nintendo, y quiero comenzar haciendo esta aclaración para que el lector vaya sobre aviso y para dejar claro el ejercicio de contención al que me enfrento aquí: sé que no es el mejor, y que si jugara a escribir una lista basándome en cualquier parámetro que no fuera la nostalgia en bruto quizá saliera algo peor parado porque Secret of Mana no es Journey ni es Bayonetta ni es Zelda Breath of the Wild ni está a la altura de todas esas obras maestras que he disfrutado teniendo conocimiento de causa, pero ninguna de ellas puede competir con el impacto que tuvo algo así sobre un chaval de catorce años recién cumplidos. Secret of Mana fue mi Final Fantasy VII, un rodillo de emociones, estética, libertad y descubrimiento que jugué y rejugué de manera obsesiva y que probablemente sea el responsable singular de que hoy esté aquí escribiendo estas líneas. Le debo mucho, y por eso este remake me pone en una situación complicada: es un remake del primer beso, de los amigos con los que jugabas al futbol después de clase, de la primera vez que te tomaste unas copas de más. Es muy difícil ser objetivo con algo que dibujaste un montón de veces en el pupitre.