Playerunknown's Battlegrounds Artículos

Pocas ambientaciones han resultado tan atractivas para la imaginación de los desarrolladores y los jugadores como Chernobyl, el lugar en el que explotó un reactor en 1986 dando pie a uno de los pocos yermos nucleares de verdad que existen en el mundo. La legendaria Zona de Exclusión -la cual, como podíais imaginar, es ahora una especie de atracción turística- ha sido el escenario de incontables conflictos virtuales e historias de supervivencia. Hay recreaciones indirectas, como el cementerio de naves de The Signal From Tölva o la isla de Erangel de PlayerUnknown's Battlegrounds. Hay otras más realistas, como la misión "All Ghillied Up" de Call of Duty 4 o STALKER: Shadow of Chernobyl, un juego de GSC World que te permitía explorar la Zona de Exclusión mientras el espacio-tiempo empezaba a deshacerse como si fuese pasta demasiado hecha.

A veces me pregunto cómo sería la industria del videojuego si Bohemia Interactive se hubiese centrado en pulir y terminar su versión oficial de DayZ en vez de desaparecer en un vórtice de granularidad del que jamás han conseguido resurgir. Imaginad que el público hubiese podido experimentar su original propuesta de multijugador PvP con tensos encuentros con humanos y salvajes zombis, frágiles alianzas y terribles traiciones sin tener que aguantar un montón de errores y funcionalidades a medio hacer durante casi cuatro años.