The Legend of Heroes: Sen no Kiseki

Trails of Cold Steel tiene potencial, pero sus prácticamente nulas ambiciones y manido desarrollo impiden que esta obra realmente despegue.

El remaster de Trails of Cold Steel I ya tiene fecha en Japón

El remaster de Trails of Cold Steel I ya tiene fecha en Japón

Falcom indica las mejoras de esta versión para PS4.

Hace apenas una semana Falcom confirmó que estaba trabajando en remasters para PS4 de la primera y la segunda entrega de The Legend of Heroes: Trails of Cold Steel. Ahora ha detallado el primero de esos remasters.

The Legend of Heroes: Trails of Cold Steel I: Kai - Thors Military Academy 1204- (sí, ese es el nombre completo de este remaster) irá a 60 frames por segundo e incluirá soporte para resolución 4K, mejoras en la calidad de la música y un modo 'alta velocidad' que permite duplicar la velocidad al movernos por el mundo y cuadruplicarla en los combates.

Este remaster permitirá continuar las partidas de las versiones de PS3 y Vita. Además, quienes suban un archivo de guardado de estas versiones recibirán extras como trajes o dinero para el New Game +.

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Análisis de The Legend of Heroes: Trails of Cold Steel

Análisis de The Legend of Heroes: Trails of Cold Steel

Guerra, casta y estudios universitarios.

El prólogo de Berserk dura diez tomos. Kentarô Miura tardó casi seis años en contar la historia de cómo Gatts llegó a convertirse en el Espadachín Negro y vagar el mundo luchando contra los demonios. The Legend of Heroes: Trails of Cold Steel es también un prólogo y necesita 50 horas para narrar su cuasiépica de amistad en medio del conflicto, pero hay una diferencia sustancial frente al susodicho manga. Berserk necesita la Edad de Oro para comprender a su protagonista; es un estudio de cómo Gatts se forja un nombre entre las llamas de la guerra hasta que se convierte en un asesino imparable. Cuando Gatts dice que está vacío por dentro, que lo único que sabe hacer es agitar su espada de un lado a otro, La Edad de Oro surge para ahondar en causas y consecuencias, y es gracias al tiempo que dedica a sus amistades y cavilaciones sobre si la vida tiene algún sentido, el destino o el amor, que después nos sentimos más cerca cuando llegan el horror y la soledad. Y Trails of Cold Steel quiere hacer lo propio, pero o bien se niega a reconocer los aspectos más cliché del anime shônen que lastran su historia o, peor aún, se niega a abandonarlos en pos de algo mejor.

Rean Schwarzer es el protagonista de siempre. Es hábil, destinado a cambiar el mundo, elegido y con un pasado misterioso. No es carismático, pero todos le quieren, y si lidera el grupo no es porque sea el más apto para el trabajo sino porque tiene tan poca personalidad que no es capaz de anteponer sus intereses a los de la misión. Podría decirse lo mismo de cualquier otro personaje, desde la tsundere Alisa hasta Elliot, bishônen de turno, pasando por la orgullosa y noble Laura al arrogante pijo de Jusis o, cómo no incluirla, Fie, la chica albina sin sentimientos. El manganime no es ajeno a estas repeticiones y suele jugar con los mismos recursos, moverse dentro de ciertos confines y luego trastocarlos, pero Trails of Cold Steel no parece tener ambiciones más allá del estándar. La historia de la Clase VII, un grupo de estudiantes de la prestigiosa academia militar Thors, es una genérica y plagada de tropos y clichés que no se esfuerza hasta, literalmente, su última hora y media. Pero lo trágico es que, bajo su capa de previsibilidad, yace un intento de hablar sobre nuestros lazos al pasado, el clasismo, la redención o qué define a una persona.

The Legend of Heroes: Trails of Cold Steel es un prólogo. A lo largo de su historia se describe su mundo, un país que marca una fuerte división entre nobleza y clase baja y se enorgullece de tan arcaico legado, pero el juego no tiene el atrevimiento de mirar a los ojos al auténtico drama. Llegado un punto, los protagonistas visitan el barrio donde nació y creció uno de los miembros del grupo. El lugar se presenta como uno marginal, casi una zona del extrarradio donde la gente sobrevive como puede, pero cuando el grupo entra en casa del susodicho se encuentra con un hogar de dos pisos, bien iluminado y decorado. El barrio es un buen vecindario y quizá no tenga los mejores edificios o una lujosa fuente decorándolo, pero no hay suciedad en las calles, todos viven en paz y sin problemas. En ningún punto nadie se encuentra con un desahuciado, un mendigo, un sirviente que se mate a trabajar ganando una miseria. Los mayordomos sonríen y son leales a las familias, quienes devuelven su favor tratándolos como si fueran uno más; los nobles son arrogantes, pero ahí queda la amenaza que suponen para el resto del mundo. Hay casta, sí, pero ni siquiera los nobles más arrogantes se quedan quietos para que los demás hagan su trabajo.

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