Grand Theft Auto IV: The Lost and Damned Artículos

Tengo la sensación, cada día más general, que estos últimos años estamos siendo victimas de no pocas estafas y timos tecnológicos... Llamarle estafa es quizá un poco duro; básicamente me refiero a aquellos nuevos inventos que teóricamente iban a facilitarnos más la vida, por los que nos prometieron el oro y el moro, donde todo eran ventajas y que al final como hemos comprobado no era oro todo lo que relucía.

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La experiencia nos ha hecho aprender que no existen las empresas adorables. Somos una generación que no se fía ni de su sombra: hemos visto a Starbucks hundir a los bares de toda la vida a base de saturar el mercado circundante con sus diminutos cafés a 3 euros y sus sonrisas amables; hemos visto las factorías de Nike en las que la “fuerza de trabajo” duerme junto a las máquinas de coser; hemos visto a Google y a Time/Warner deformar el mundo. Como la fabulosa caricatura que nos presentaba Futurama con la Mom´s Friendly Robot Company, sabemos que detrás de las compañías que se lucran con nuestro dinero no hay más amor que el desmedido cariño que las juntas generales de accionistas sienten por los incrementos porcentuales en base interanual. Asumimos con total naturalidad que las compañías empresariales harán lo que les convenga para obtenerlos y después harán pasar sus esfuerzos como si respondiesen a nuestras necesidades: simplemente nos limitamos a odiarles de manera más o menos abierta, aun a pesar, o –quizás más bien precisamente–, porque casi siempre terminamos consumiendo sus productos.