The Elder Scrolls V: Skyrim Análisis

Análisis de The Elder Scrolls V: Skyrim

Análisis de The Elder Scrolls V: Skyrim

Un mundo lleno de posibilidades.

Skyrim es uno de esos juegos en los que no dejas de encontrarte situaciones que te gustaría explicar, y la verdad es que no hay otra forma de explicarlo que a partir de estas situaciones. Lo mejor de todo es que no son momentos preparados para que siempre sean iguales como en la mayoría de juegos actuales -situaciones scriptadas, las llaman- son más bien casualidades que te han llevado a hacer una u otra cosa. No es una única historia que todos rememoraremos por igual, es tu aventura. De hecho, esto no es algo nuevo, es la base de los juegos de rol puros de toda la vida, algo que estos días he podido comprobar cuando al llegar cada mañana a la oficina lo primero que hacía era intercambiar anécdotas con mi compañero Víctor, que ha escrito la reseña para AnaitGames. Sorprendentemente parece que hayamos jugado a juegos distintos.

Las anécdotas que aquí voy a explicaros no reflejan necesariamente lo que vosotros vais a vivir en Skyrim. Para empezar porque son las aventuras de mi yo épico, Adalbert, el guerrero nórdico más grande de todos los tiempos, el Nacido del Dragón, el que plantó cara a su destino aciago y sobrevivió a las más duras situaciones. Recuerdo, por ejemplo, cuando partí en busca del viejo yelmo de Nostver, que se encontraba perdido en algún lugar de Madriguera Escarpada. ¿Que por qué me desvié de mi misión principal para buscar un puñetero casco de hierro? Pues porque la historia de ese viejo soldado -ahora el borracho oficial de la ciudadela de Soledad- me conmovió. ¡Quién iba a decirme que las cosas se complicarían tanto! Una brutal tormenta de nieve (las más realistas que he visto en un videojuego) hizo que me perdiera en varias ocasiones. Sé que no suena muy valeroso, pero la aparición de dos espectros de nieve mucho más poderosos que yo hizo que tuviera que huir por patas. Por suerte vi entre la nevasca lo que creía un refugio, el Fuerte de Hraggstad. No sé que fue peor, porque estaba lleno de bandidos, con los que sí pude acabar, aunque me costó lo suyo. Al llegar a mi destino dos trolls de escarcha me barraban el camino, pero pude superarlos sin que se dieran cuenta buceando en las aguas heladas. Al cabo de un rato comprendí que quizás estaba donde no debía, que la empresa me venía grande, pero eso no impidió que al final (tras unos cuantos intentos) lograra mi objetivo.

Skyrim es esencialmente un universo metido dentro un DVD

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