Devil May Cry 5 Artículos

Este mismo viernes se estrena Devil May Cry 5, el punto final tras una espera de casi diez años y también un engranaje más en la maquinaria de una mitología solo para iniciados. La franquicia es más que capaz de hacernos sudar para seguir el ritmo de los acontecimientos si no venimos con los deberes hechos, y por eso hemos decidido resumir en este artículo todo lo que necesitáis saber para llegar preparados, siguiendo un orden cronológico que, como no, empieza con polémica desde el primer momento.

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Capcom, como muchos os habréis dado cuenta, está en racha. Monster Hunter por fin goza del éxito a nivel global que siempre mereció, Resident Evil está más en forma que nunca tras el terror puro de Resident Evil 7 y el superlativo remake del mítico Resident Evil 2, e incluso la humilde saga Mega Man recibió recientemente la mejor entrega en años. Pero es el juego que van a lanzar al mercado esta semana el que realmente me emociona más, porque no es solo que Devil May Cry 5 suponga el retorno de la saga más estilosa de Capcom, sino el regreso de uno de sus más hábiles directores.

No sé si habíamos tocado ya esta cuestión por aquí, pero dada su condición de asunto de estado creo que es el momento: Nero, el joven y talentoso cazador de demonios que a muchos os sonará por disponer de un brazo biónico sobre el que puede hacer puto skate, también lleva una espada cuya empuñadura funciona como el manillar de una motocicleta. Hablo de una de esas de alto octanaje, de las que devoran galones de combustible y suenan como las calderas del mismísimo infierno, una preciosidad que solo podría conducir alguien que escapa de la justicia o un miembro de los Manowar. Como declaración de intenciones es una de las más bonitas que recuerdo, porque la cosa es así de gloriosamente literal: una sonrisa de suficiencia, la mano buena a la espalda, brum, brum, un medidor con la forma de un tubo de escape se calienta al rojo y listo, a achicharrar a los malos. Una cosa fenomenal.

Supongo que a estas alturas ya estaréis enterados, pero por si acaso os lo digo yo: la saga Devil May Cry no es precisamente conocida por su mesura. Desde su elenco protagonista, una colección de inadaptados que bordean constantemente la fina línea entre el antihéroe de inspiración teológica y el adolescente que no entiende a sus padres y escucha demasiado a My Chemical Romance, hasta su banda sonora, su descacharrante arsenal y su obsesión por el estilo a la hora de ejecutar demonios hablamos de una franquicia que se fundamenta en el exceso como primer mandamiento de su diseño, pero también en una época en la que el videojuego no tenía que pedir perdón. Una época libérrima y descarada que en mayor o menor manera perdimos con las tres dimensiones, y que se atrevía a experimentar con lo que hiciera falta si la experiencia jugable salía beneficiada por el camino: androides con imanes en la cabeza, plantas carnívoras que disparaban bolas de fuego, fosos con pinchos tan literales como un pollo asado escondido en una papelera... por aquel entonces el videojuego era eso, una tormenta de conceptos en bruto que nadie pedía justificar, y por eso, en el fondo, Devil May Cry nunca fue tan distinto de Megaman; por eso Bayonetta lleva dos pistolas en los tacones. Se habla mucho de lo que Hideki Kamiya ha aportado al medio desde el punto de vista de las mecánicas, pero nunca podremos agradecerle lo suficiente habernos hecho recordar un pedacito de todo esto.