Dead Rising 2 Análisis

Dead Rising 2

Dead Rising 2

Bricomanía zombi.

¿Quién nos iba a decir hace unos años que todos esos domingos tirados en el sofá viendo Bricomanía nos iban a servir para sobrevivir a un holocausto zombie? En lo último de Capcom con algo de maña, unas alcayatas del 15 y un poco de cinta aislante tendremos más que suficiente para convertirnos en todo un aniquilador de muertos vivientes.

En Dead Rising 2 adoptamos el papel de Chuck Greene, la estrella del concurso “Terror is Reality” que se celebra en Fortune City. Allí nos ganamos el jornal machacando zombies a cambio de dinero, que el bueno de Chuck invierte en el medicamento Zombrex para que su querida hijita no se convierte en una adorable mini zombie. Así que ya os podéis imaginar lo que pasa a continuación: estalla el desastre y ríos de zombies –cual manada de ancianos en los viajes del inserso– se empezarán a pasear por los casinos y resorts de la zona.

Una vez metidos en faena nos encontramos con todo Fortune City ante nosotros. Es mucho más grande que nuestro añorado centro comercial de la primera entrega: avenidas grandes, dinero, lujo, casinos, mujeres, coches... todo lo que soñemos lo tenemos aquí. Si no jugaste al Dead Rising original te pillará un poco descolocado, pero no te preocupes. Muchas tiendas, armas, espacios grandes llenos de enemigos y cientos de posibilidades para hacer el cafre es lo que nos ofrece el último juego producido por Keiji Inafune.

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