Dead Rising 2 Digital Foundry

¿Valen la pena las remasterizaciones de Dead Rising para PS4 y Xbox One?

Con nuevas entregas de la saga Resident Evil y Dead Rising en desarrollo, Capcom ha dedicado buena parte de 2016 a revisitar los anteriores juegos de ambas franquicias con ports para la actual generación de consolas. Dead Rising, Dead Rising 2 y el spin-off Dead Rising 2: Off the Record se publicaron la semana pasada en PlayStation 4 y Xbox One, con versiones que se marcaban como objetivo los sesenta frames por segundo a resolución 1080p.

Nuestras expectativas eran comedidas, porque las remasterizaciones de Resident Evil 4, 5 y 6 resultaron ser bastante justitas, con mejoras muy limitadas y tan solo pequeños cambios en la presentación, por ejemplo en la cámara. El enfoque de Capcom con estas remasterizaciones parece centrarse en la autenticidad, aumentando simplemente la resolución y el frame-rate en vez de aplicar un completo lavado de cara como el que vimos en títulos tipo Gravity Rush Remastered o Uncharted: The Nathan Drake Collection.

Pero en el caso de Dead Rising y su secuela quizás no habría sido mala idea apostar por ese trabajo más exhaustivo, ya que ambos juegos mostraban algunos problemas en el hardware original. La franquicia se estrenó a 30FPS en Xbox 360, pero presentaba uno de los tearing en pantalla más intrusivos de aquella época. Dead Rising 2, por su parte, se publicó tanto en Xbox 360 como en PlayStation 3; en la consola de Microsoft cumplía casi siempre con el objetivo de 720p30 con sincronización vertical, pero en PS3 se quedaba en 1024x576 con el v-sync desactivado.

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