Ace Combat 7 Artículos

Siempre le he guardado un cariño especial a la saga Ace Combat. Es un idilio que viene de lejos, y que supongo compartirá todo el que, como un servidor, haya visto Top Gun un número inconfesable de veces o haya pasado gran parte de su infancia jugando a las cartas de aviones en la parte trasera de un autobús escolar. En cierto modo es algo parecido a un placer culpable, porque tenga uno la opinión que tenga sobre lo militar resulta muy difícil hacer oídos sordos a esa épica en la que tanto ha insistido el cine: el dogfight, el duelo entre caballeros, los dos samuráis que cruzan espadas ajenos al curso de la batalla. La guerra en el aire es más limpia, más honorable, y sobre todo más personal; es un mano a mano entre rivales que se temen y se respetan, y si esto de los videojuegos trata de hacernos sentir poderosos encarnar a uno de estos espadachines modernos debería ser la fantasía definitiva. Ace Combat, con su esquema de control para todos los públicos y su deliciosamente absurda generosidad a la hora de almacenar misiles aire aire, siempre ha entendido que aquí lo principal es fliparse, y por eso no me gusta dejar escapar ninguna oportunidad para celebrar uno de sus mayores hallazgos: el uso que hace de las comunicaciones.