1 2 Switch

Un hilarante conjunto de minijuegos que demuestra las capacidades de Switch, pero con una vida muy corta que termina cuando acaba la noche.

Análisis de 1-2 Switch

Análisis de 1-2 Switch

Vaya pedo más tonto.

Hace ya unos cuantos años el filósofo Aristóteles dijo que "el ser humano es un ser social por naturaleza, y el asocial por naturaleza y no por azar o es mal humano o más que humano". Antes que individuos somos sociedad y por eso debemos vivir en convivencia. Resulta que tenía razón, y hoy por hoy seguimos dependiendo de la gente que nos rodea para muchas cosas, por ese motivo también nos desarrollamos como colectivo y a través de las relaciones que establecemos entre nosotros. De potenciar estas relaciones nace precisamente los juegos sociales, que no son más que una excusa interactiva para juntarte con tus colegas a emborracharte, como siempre, pero esta vez alrededor de una máquina diabólica. La pasada noche del 3 de febrero de 2017, en las oficinas de Eurogamer Madrid, y por motivos exclusivamente profesionales, tuvo lugar un evento review "oficial" con Nintendo Switch. Este texto narra lo acontecido aquella noche a través de los mejores minijuegos de 1-2 Switch.

CAPÍTULO 1: TENIS DE MESA

La noche ni siquiera había empezado todavía. Había gente que estaba por venir y los que acababan de llegar aun no tenían vasos (realmente, íbamos justísimos de vasos, había que poner pero ya el lavavajillas). En cualquier caso alguien decidió que tocaba empezar y el minijuego que tuvo el honor de hacerlo fue el de Ping Pong. Vino perfecto para comprender que 1-2 Switch es un juego en el que casi nunca se mira a la pantalla: te miras a los ojos con tu contrincante y se juega a través del oído y del tacto, dependiendo del minijuego. En este caso, Tenis de Mesa es un juego de ritmos. Se supone que eso se me da bien pero fui derrotado porque alguien descubrió que se pueden alterar los ritmos con golpes más potentes. En el cuaderno en el que fui apuntando anotaciones a lo largo de la noche también tengo escrito "padre, lo de la Supernova", pero no recuerdo a qué demonios vino eso.

Leer más...

Dejando de lado los concursos de comer bocatas de salami y el ya clásico episodio de las bolitas y la caja de madera, puede que uno de los minijuegos con más potencial para durar de entre los que componen la oferta de este 1-2-Switch sea el que intenta reproducir una partida de ping pong. También es posible que sea la nostalgia la que nos juega una mala pasada, porque un nuevo control por movimiento en la mano y una desenfadada sesión de peloteo en el estreno de una máquina de Nintendo evoca recuerdos muy poderosos. La cosa es que, más allá de los pormenores del juego en sí, me gustaría comenzar fijándome en un pequeño detalle, uno que creo define la propuesta no ya de esta colección, sino de todo el concepto global que intenta vendernos Nintendo: el tratamiento que se le da a la pelota, la que debería ser la partícula elemental sobre la que se edifica la simulación. Porque las palas, más allá de su representación virtual, son objetos físicos, dos pedazos de plástico de alta tecnología que blandimos en el aire con mayor o menor fortuna, pero todo lo demás queda a la imaginación; un tirabuzón mental complicado que, volviendo a Wii Sports, representa un obstáculo completamente nuevo, porque aquel era un juego que reproducía no solo la pelota, sino una cancha completa; un partido que jugaban nuestros avatares por nosotros. 1-2-Switch no cree en eso, y por eso a los pocos segundos toma una decisión complicada: tomar la pelota dibujada en pantalla, nuestro único punto de referencia, y eliminarla por completo, confiándolo todo a nuestros oídos y a la propia vibración. Una tremenda demostración de fe en su propia tecnología, pero también una declaración de intenciones: incluso en los enfrentamientos cara a cara, Wii Sports nos pedía que mirásemos al televisor. 1-2-Switch, sin embargo, nos pide explícitamente que miremos a nuestro rival a los ojos.

Durante una de las pruebas de Rhythm Heaven Megamix, el reciente recopilatorio de minijuegos musicales de 3DS y más que serio candidato a juego del año pasado para cualquier persona con un mínimo de criterio, nuestra misión era depilar cuidadosamente a una cebolla con bigote. Otros de sus niveles nos pedían subtitular al japonés las declaraciones de un alienígena durante el noticiario del mediodía, jugar al golf acompañados por un mandril o dar cuerda a un coche de juguete para que la gallina que lo pilota pueda llegar con seguridad al otro lado de un puente que se derrumba. Dejando de lado el factor musical, se trata de una herencia directa de Wario Ware, una saga que nos ha pedido cosas como despejar la pantalla de los perniciosos gases surgidos del trasero de una persona o ponernos el Wiimote en la frente para disparar plátanos hacia los orificios respiratorios de una gran nariz flotante. Os cuento todo esto, además de porque siempre es buen momento para recordarlo, porque precisamente ayer hablábamos de la faceta familiar de Nintendo, esa cara santurrona y políticamente correcta que reniega de todo lo que huela a violencia y corta por lo sano ante cualquier indicio de polémica, y de vez en cuando es bonito acordarse de la otra Nintendo: esa que presenta su nueva máquina en un evento de alcance mundial, y comienza hablándote de contar los hielos en el vaso de los cubatas.