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Análisis de Dynasty Warriors 9: Empires - Estrategia pocha para un musou recalentado

Traicionando a todos los seres vivos bajo los cielos.
Un juego que carece de solidez tanto en lo musou como en lo estratégico, solo brillando cuando deja crecer a su narrativa emergente.

Li Xiang empezó como una oficial sin afiliación. Vagando por China, esta mujer de dos metros, rubia y de ojos grises, podía engañar por su aspecto, pero no por su nombre - era todo un ejemplo de lo que debía ser un soldado de la antigua China. Leal. Poderosa. Terrible y misericordiosa a partes iguales. Eso hizo que el primer ministro Tao Qian la tomara bajo su mando. Li Xiang conquistó para él numerosos territorios. Derrotó a terribles señores de la guerra rivales, como Lu Bu, y consiguió evitar los intentos de invasión de Cao Cao incluso antes de que Liu Bei pudiera mover un dedo, ofreciéndole a ella el territorio de Xu. Numerosos hombres se enamoraron de ella por su belleza y su fuerza, incluido el mismo Tao Qian, pero Li Xiang los rechazó a todos. Ella solo servía para un propósito mayor: unificar China bajo una misma bandera.

Para quienes tengan conocimiento de la historia de la China antigua o hayan leído El romance de los tres reinos, el párrafo anterior será más confuso que para quienes no. Si bien las situaciones suenan familiares y los nombres son conocidos, algo no encaja: no hay ninguna Li Xiang en los anales de la China antigua. Y eso no es porque haya sido borrada de la historia por algún oscuro motivo, sino porque lo anterior es un fanfic. Es (parte de) mi partida de Dynasty Warriors 9: Empires.

Para quienes no los conozcan, los juegos etiquetados como Empires son una serie de spin-offs de los Dynasty Warriors que llevan la fórmula musou al campo de los juegos de estrategia. En ellos tenemos que encargarnos de un territorio y, a partir de ahí, asegurarnos de que se desarrolla de forma plena para que cuando vayamos a la guerra, al defendernos o al invadir a nuestros vecinos, tengamos las mejores probabilidades de ganar. Y, con el tiempo, lograr unificar todo el país.

Pero al final del día, esto es un Dynasty Warriors. Un musou. Y eso significa que, por más gestión que haya, siempre acabamos en medio de batallas multitudinarias donde las bajas se cuentan por miles, siempre a manos de un único individuo.

En el caso de esta novena entrega, la fórmula no ha cambiado prácticamente nada. Infantería, arquería y caballería son una suerte de piedra, papel o tijera en debilidades y fortalezas, cada personaje tiene un arma favorita con la que tiene movimientos especiales asociados, y todo consiste en ir equipando las mejores habilidades, armas y gemas a nuestro personaje para sacar lo mejor de sí mismo en el campo de batalla. Por lo demás, además de los espectaculares musou, movimientos capaces de llevarse decenas de enemigos por delante de una sola vez, tenemos los Planes Secretos, habilidades que hacen daño de área, nos dan bufos o provocan debufos, que en las campañas más largas y llenas de objetivos secundarios se acaban haciendo imprescindibles en el campo de batalla.

Porque, recordemos, Empires es un juego de estrategia. Ahora la guerra no son meras misiones o eventos en la vida de los personajes, sino campañas militares. Eso significa que en cada batalla no solo nos vamos a encontrar oficiales con poderes similares a los nuestros, sino que también tendremos que estar constantemente tomando decisiones. Tomar una base enemiga o acabar con su artillería, o intentar arruinar su plan estratégico o continuar el nuestro, serán decisiones que tendremos que estar tomando constantemente, haciendo que el juego tenga la misma base que cualquier Dynasty Warriors, añadiendo el pequeño giro de que nosotros decidimos parte de esas mismas estrategias, incluso, llegado el caos, teniendo cierto control sobre las estrategias y cómo se verán desplegadas las tropas en el campo de batalla.

Esto se debe a que, como ya hemos señalado, los Empires son juegos de estrategia. Antes de ir a la batalla tenemos que elegir el plan a seguir y qué harán los diferentes oficiales. Cuando no, tendremos que hacer planes semestrales, donde conseguiremos bonificaciones si los cumplimos, y tendremos que gestionar nuestras tierras, consiguiendo dos recursos, comida y oro, mientras entrenamos tropas, fortalecemos territorios y hacemos invasiones o defendemos territorios, eligiendo una única acción que hacer durante cada mes. De ese modo, se desincentiva entrar constantemente en conflictos, porque se agotan los recursos, y también refuerza la importancia de planear a medio y largo plazo, creando sistemas de entrenamiento, líneas de comercio y potenciando la agricultura más que recurriendo a las levas y el espolio de las tierras.

Por otra parte, el otro recursos son los oficiales. Para eso tendremos también la opción de salir a pasear, donde podremos aunar lazos con otros oficiales, o incluso sobornar o capturar a oficiales de otros reinos, como modo de hacer crecer nuestras huestes. Esto también consume un mes de ese plan semestral, haciendo que estemos siempre teniendo que decidir en relación a los planes que hemos hecho, y a veces nos será más conveniente renunciar a ellos para responder a las circunstancias de cuanto nos rodea que empecinarnos en seguir adelante a cualquier precio.

Todo esto le da otra dimensión al musou. Quien quiera solo la violencia desatada se podrá sentir decepcionado, dada la importancia de la parte estratégica del juego, pero quien quiera ese algo más, se encontrará un juego más rico en matices de lo que suele ser habitual en la franquicia.

Pero el encanto del juego es que, al ser un Dynasty Warriors, está basado en la novela china clásica de El Romance de los Tres Reinos. Es una versión ficcionada de la historia de la unificación de China que abarca desde el año 169aC hasta el 280dC, empezando por la rebelión de los turbantes amarillos hasta el final de los tres reinos, cuando la dinastía Jin logró unificar el país. Una historia que siempre ha dado forma a los Dynasty Warriors, pero es especialmente relevante en el caso de este spin-off.

El juego se basa en esto. Tenemos literalmente cientos de personajes con pequeñas entradas de enciclopedia que nos explican cuál fue su papel en esta situación, decenas de territorios implicados, y varias campañas abarcando épocas concretas de este conflicto, permitiéndonos jugar diferentes momentos del mismo. De ese modo, pudiendo elegir entre regentes, generales, grandes generales y oficiales, teniendo diferentes capacidades de elección en la gestión del territorio, de cualquier territorio de China, incluido hacer nuestro propio personaje que insertar dentro del juego, el juego es, literalmente, un generador de fanfics del Romance de los Tres Reinos. Un videojuego donde nosotros decidimos cómo van a relacionarse determinados personajes, independientemente de lo que ocurrió realmente, tanto en la historia real como en la novela.

El problema del juego es que no sabe cómo casar todos estos elementos en común. Todas las batallas son batallas entre reinos, pero la importancia recae en los oficiales, lo cual hace que para gestionar la dificultad de la misma tenga que recurrir a tácticas extremadamente burdas. Si tenemos que defendernos de una invasión de un reino con muchísimas más tropas que el nuestro, veremos como de repente se juntan todos los oficiales para atacarnos, que nuestros planes ocurren en el otro extremo del mapa de donde nos desplegamos, y que la dificultad de los combates ha aumentado exponencialmente. Esto hace que no sea más difícil, sino que sea directamente imposible ganar ciertas batallas; cualquier encuentro donde las posibilidades excedan el 65% en nuestra contra, en la mayoría de ocasiones, no merece la pena ni intentarlas.

Esto hace que el juego sea frustrante. Si bien es lógico que no podamos ganar todas nuestras batallas, sentir que si el otro tiene unas fuerzas mayores solo podemos sentarnos a ver cómo nos destruye, no con su ejército, sino porque fracasamos en nuestros planes y porque sus oficiales son virtualmente invencibles, resulta una experiencia que no es solo completamente fuera de lo que esperamos del musou, sino también de un juego de estrategia.

Otro problema es que la parte de gestión hace un extrañísimo equilibrio entre ser demasiado profundo como para entenderse intuitivamente, pero demasiado superficial como para que se puedan dar explicaciones pormenorizadas sin hacerse tedioso. Esto hace que cualquier persona que no haya jugado previamente a un Empires se encuentra con que sus primeras horas serán probar cosas a ciegas para intentar entender qué significan todos los números, las opciones e, incluso, cómo se navega entre unos menús que son la antítesis de lo intuitivo. Esto puede producir que se haga repetitivo antes de tiempo, especialmente, cuando incluso si empezamos controlando un reino grande, probablemente tengamos que pasar horas haciendo una microgestión en la cual sentimos que no tenemos un control real sobre el resultado, ni siquiera cuando jugamos como soberano, que tiene control sobre todos los elementos del reino, y no solo como oficial, que solo puede gestionar un puñado de cosas y luego sugerir el resto.

A lo anterior cabe sumar que los problemas técnicos del juego son algo más que un caso puntual. De pantallas de carga larguísimas, un popping bastante descarado y unas injustificables caídas de frame-rate, el juego nunca llega a ser enteramente injugable, pero sí hace que la experiencia sea menos disfrutable de lo que debería, especialmente porque nada en él mismo da a entender que una consola de nueva generación, o siquiera una consola de la anterior generación, puede tener problema alguno en mover lo que está enseñando en pantalla.

Todo eso hace de Dynasty Warriors 9: Empires sea un juego difícil de recomendar. Los fans de los musou quizás tengan problemas con la parte de estrategia, no del todo bien llevada, y los fans de la estrategia es dudoso que disfruten plenamente de ninguna de las dos partes, ya que hay títulos mucho más profundos e intuitivos en el mercado. Los fans de los Empires sí encontrarán un motivo para regocijarse aquí, y los amantes de la historia de la China antigua y el Romance de los Tres Reinos probablemente sepan perdonar sus defectos, precisamente, por lo que es su mayor virtud: ser un perfecto generador de fanfics de la china antigua. En ese sentido, Dynasty Warriors 9: Empires es excelente, pero nosotros, cara a un hipotético Dynasty Warriors 10: Empires, esperamos muchísimo más en todos los aspectos.

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Acerca del autor

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Álvaro Arbonés

Colaborador

Desde pequeño me gustó eso de juntar palabras y jugar a videojuegos y aquí hemos acabado. Estoy enamorado de Kirby, la cultura japonesa y todo lo que se lea, vea o escuche y tenga narrativa. También podéis encontrarme en el podcast de videojuegos Checkpoint o en Twitter.

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