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Danisaur

Colaborador

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La crisis de ideas no es cosa de la segunda mano.

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Desarrollar con bajo presupuesto está infravalorado.

Artículo destacadoNo sabemos lo que queremos

Las compañías tutelan nuestros gustos.

Es oficial. No sabemos lo que queremos. Y no, no lo digo sólo por esa capacidad innata que tenemos para dejarnos embaucar por cualquier triquiñuela de algún iluminado de marketing. Pero lo peor de todo es que encima nos dejamos, como si nos gustase que nos la metieran doblada cada dos por tres. No sabíamos que queríamos un tablet hasta que Apple decidió por nosotros. No sabíamos que queríamos sistemas de control basados en el movimiento del jugador hasta que Nintendo decidió por nosotros. No sabíamos que queríamos más juegos ambientados en la Segunda Guerra Mundial hasta que los estudios han comenzado a decidir por nosotros. Incluso ahora parece que no sabemos si queremos o no una nueva generación de consolas y, al final, como siempre, acabarán decidiendo por nosotros.

Artículo destacado¿Fin de ciclo?

Necesidad de nuevo hardware no; crisis de ideas.

El constante fluir de rumores acerca de las futuras nuevas consolas de sobremesa de Sony y Microsoft ha devuelto a primer plano el debate de si se han alcanzado o no los límites de la actual generación y, sobretodo, si es necesaria una revisión del hardware de Xbox 360 y PlayStation 3 en el momento del ciclo de vida de ambas en el que nos encontramos.

Artículo destacadoSe ha perdido la magia

El coleccionismo ilimitado.

Las rebajas de Steam, como decía aquel anuncio de turrón, volvieron a casa por Navidad. Una vez más, millones de usuarios de esta famosa plataforma de distribución digital nos hemos visto expuestos a una orgía de consumismo con la única limitación de nuestros bolsillos, y lo poco que quedase de nuestras conciencias tras rebajas anteriores.

Artículo destacadoVideo Game Awards

Un hueco fácil de cubrir.

Mucho se ha escrito a raíz de la pasada entrega de los Video Game Awards, que desde el año 2003 celebra la cadena de televisión por cable estadounidense Spike. Que si los premios son arbitrarios, que si tal juego se merecía más el título de Juego del año, que si la gala, al igual que el año anterior, fue un desastre plagado de publicidad... Pero lo que nadie se ha parado a pensar es: si tantos defectos tiene, ¿por qué esta entrega de premios tiene tal grado de importancia dentro de la industria?

La actual generación de consolas ha venido acompañada de algunos elementos destacables, sin los cuales sería difícil concebir un panorama de videojuegos como el actual. El salto gráfico es incuestionable en la gran mayoría de los casos. En otros, el progreso ha venido de la mano de nuevos sistemas de control que a su vez han propiciado nuevas mecánicas jugables. Pero, en mi opinión, aún más importante que buenos gráficos o una forma distinta de control, ha sido la potenciación del modo multijugador on-line.

La mayoría de los gamers somos coleccionistas por naturaleza. Nos encanta acumular un juego tras otro. Miramos la estantería y no estamos satisfechos, seguimos queriendo más, tantos juegos como nuestra economía (generalmente maltrecha) nos permita. Y al final la burbuja estalla. Pueden suceder tres cosas: nos hemos quedado sin sitio para guardarlos (en cuyo caso comenzaremos a amontonarlos de cualquier forma), nos hemos quedado sin dinero o bien nos hemos dado cuenta que seguir recopilando más videojuegos de los que podemos jugar sólo consigue agrandar el agujero del bolsillo.

Sucede lo mismo en cada generación de videoconsolas. Cada vez que los grandes fabricantes lanzan un nuevo hardware, los primeros juegos comienzan a poblar las estanterías de los comercios, y leemos las primeras reviews, absolutamente siempre hay algún crítico que dice: "El juego es corto. Ya no hacen los juegos tan largos como antes"

El tema del precio de los videojuegos es un debate que existe desde que recuerdo, cuando en España los pagábamos en pesetas y Sega aún hacía consolas. Y, por desgracia, me temo que va a seguir acompañándonos hasta el final de los tiempos. La distribución digital de videojuegos, que ha sufrido una explosión demográfica gracias a Steam, Xbox Live! y PlayStation Network, no ha hecho más que acentuar el problema. Los usuarios buscamos mil formas distintas de ahorrarnos unos euros para conseguir nuestros juegos favoritos, y la distribución digital es una herramienta ideal para evitar que la gente opte por alternativas ilegales. Siempre y cuando se utilice correctamente, claro.

Los videojuegos siguen sin estar bien vistos por una parte importante de la gente. Este es un hecho evidente dado que cada vez que se lanza un videojuego que se sale un poco de lo políticamente correcto, siempre hay alguien dispuesto a desacreditar a la industria. A veces no es necesario ni que las noticias alrededor de los videojuegos sean polémicas, basta con que alguien le busque 3 pies al gato para que escuchemos a multitud de tertulianos soltando sapos por la boca. En España estamos acostumbrados a ello en lo que respecta a cualquier tema que huela a friki (pasad por alguna tertulia matutina y veréis), pero no nos vayamos a pensar que somos una caso único.

Artículo destacadoCall of Hype

Que hablen de ti a toda costa

En su afán por promocionar sus juegos, muchas empresas se lanzan a una carrera loca de declaraciones, anuncios y lanzamientos de trailers. ¿El objetivo? Que dichos juegos estén en boca de la mayor cantidad de gente posible, sea para bien o para mal. Lo importante no es que hablen bien o mal de ti, sino que hablen. Hay multitud de ejemplos en la industria, pero yo sólo mencionaré algunos de ellos (sois bienvenidos a añadir más en los comentarios).

En una generación de consolas en la que la duración de los juegos tiende a ser cada vez menor, era imprescindible dar un incentivo a los jugones para que esos productos que son tan caros de crear no se pusieran a acumular polvo en las estanterías tras sólo unas pocas horas de uso. Por ello, si hay un hito que reconocerle a Microsoft y su Xbox 360, ese es precisamente el de la popularización de los logros.