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Pablo Algaba

Colaborador

Terminó la universidad con una licenciatura en Historia del Arte debajo del brazo. Desde el año 2009 escribe en pantallapartida, su blog personal, lo que compatibiliza con colaboraciones en webs especializadas como Mondo Píxel o Videoshock. No es guapo, pero se porta bien y va limpito. Puedes seguirlo en Twitter: @pantallapartida

Existen, al menos, dos motivos por los que el lanzamiento el 26 de septiembre de Fantasy Life debería estar señalado con un círculo rojo en tu calendario. El primero de ellos es que se trata del nuevo JRPG de Level-5, el estudio japonés que, en una época en la que los grandes estudios especializados en el género o bien se han atragantado en su propia tradición o bien se han dado de bruces con el muro de la intrascendencia al intentar adaptarse al gusto occidental, mejor ha sabido gestionar con tino su pasado, abrazando sin reparos lo que siempre ha funcionado y soltando lastre de lo que, vistos los resultados, era superfluo. Títulos como Dragon Quest IX, Inazuma Eleven o Ni no Kuni dejan poco margen a pensar que lo del estudio de Akihiro Hino sean aciertos meramente puntuales y hace que mantener una actitud de interés frente al nuevo eslabón de esta cadena sea la actitud más sensata.

Es posible que no nos hayamos parado suficiente a pensarlo, pero la sola existencia de Ni no Kuni -tanto esta La Ira de la Bruja Blanca para PlayStation 3 como en su versión aún inédita en occidente para Nintendo DS- es algo parecido a un milagro. Aunque miembros del célebre Studio Ghibli ya habían colaborado en la vídeo aventura Cliff Hanger (de cuando el laser-disc aún no parecía la peor idea de la historia) y en el juego de rol para la primera PlayStation Jade Cocoon, el recelo del estudio de animación nipón a colaborar con otras empresas, el “¡Nunca!” como respuesta única a cada pregunta sobre la posibilidad de convertir sus films en videojuegos y la conocida alergia de Hayao Miyazaki hacia todo lo digital, parecían eliminar cualquier posibilidad de que algún día pudiésemos ver un juego con el logo de Totoro en los títulos de crédito.