Cada cierto tiempo, depende de cómo esté el percal, aparece alguna noticia sobre un youtuber liándola parda o algún periodista entrado en años, con sus hijos y su familia, escribe un artículo detallando su relación con el mundo online. Que si son buenos, si malos, si sus hijos los adoran, si les maleducan. Opiniones de todos los sabores, como las grageas Bertie Bott, pero con una idea central: el youtuber es una figura importante. No en un sentido trascendental de que la Historia vaya a preservarlo y dentro de cien años aún sigamos con la misma copla, ese "hola que tal, aquí Fulanito", sino que hoy, en estos días que corren, tienen sus fans, su dinero, su relevancia en según qué círculos. Y creía que sólo podía ocurrir en un chiste sin gracia, pero heme aquí, escribiendo un avance sobre un videojuego sobre ser youtuber. Y para más inri, que aquí viene lo gracioso, yo soy youtuber. Dalalaik. Youtubers Life, que no paro de pensar necesita una apóstrofe, no es exactamente lo que esperaba, no trata sobre cómo ser un youtuber y el camino hasta la cima. No es la gamificación del zeitgeist en la red sino un vistazo increíblemente idealista a un campo que ni siquiera está seguro de tener buen abono. No habrá pocos youtubers que hayan hablado sobre el fin de sus carreras, pero de nuevo, aquí estamos todos.

Youtubers Life empieza con una comuna espacial de generadores de contenido online. Mirad los gameplays, está ahí. Eres el youtuber más exitoso del mundo entero, tanto que has trascendido las necesidades terrenales y has ascendido más allá de los cielos. Ahora gobiernas tu propia network, espero que con un puño de hierro, y echas un vistazo atrás para recordar tus humildes comienzos. Todo el juego, pues, es un flashback sobre cómo te convertiste en el príncipe de Bel-Air, y desde ahí ya comete un terrible error: primero, la conexión a internet en una comuna espacial debe ser horrible, así que dudo que ningún generador de contenido online viviera ahí, pero segundo, da por sentado que vas a triunfar. Por supuesto, esta es una afirmación implícita en tantos otros juegos. Es inevitable no pensar en The Movies o Game Dev Tycoon mientras se experimenta este título, pero ninguna de estas obras empiezan diciendo que eres el mejor y no titubean a la hora de mostrar números rojos y decirte que hasta aquí llega tu historia. YouTube es viable como profesión, pero empezar diciendo que tú triunfarás es ignorar a todos esos miles, cientos de miles, millones de canales a quienes no ve nadie o que no pasarán de un reducidísimo número de seguidores. Decir que el uno por ciento de los youtubers viven de ello seguramente sea una exageración, pero Youtubers Life no piensa en eso.

Este videojuego contempla a la e-celebrity con un romanticismo casi preocupante, como si el mundo entero girase alrededor de la página y todos los pasos que se dan sirvieran únicamente para hacer mejores vídeos, reforzar tu canal, tener más seguidores. Cree que puedes conseguir miles de subscriptores en unas pocas semanas a base de subir gameplays, con un micrófono de baja calidad, sin saber comentar como Dios manda y en 360p. Venga ya. Pero su espíritu se resume en los comentarios de tus vídeos, que hablan sobre la edición, dicen que si quieres ser youtuber deberías subir tus estándares e incluso llegan a definirte como "youtuber autoproclamado", como si necesitaras permiso. Cualquiera puede ser youtuber: sólo necesitas un correo electrónico, una mano funcional y saber leer para darle al botón de "abrir canal". Aún así, el youtuber es una figura mística: no puede hacer las cosas mal, tiene que ajustarse a unos cánones, debe llevar un determinado estilo de vida. Te ofrecen mudarte a otra casa cuando no ganas ni diez dólares por vídeo y todavía estás estudiando, seguramente en el instituto, pero qué más da: estás persiguiendo tu sueño. Tu madre sólo existe como vara para medir tu disciplina, que te recompensa si estudias y te quita el ordenador si suspendes. Debes vestir a la última y decorar tu habitación para que quede bien en los vídeos. Sólo falta decirte que necesitas un gato.

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Youtubers Life todavía se encuentra en acceso anticipado, y la única categoría que se puede probar es la de gaming. Dudo que sea una elección casual, pero me pregunto cuánto se diferenciará de ser un vlogger o dedicarte a vídeos de cocina. Seguramente mantenga ese espíritu idealista, tanto que roza lo peligroso. Hablar de dinero cuando todavía ni has empezado. Contratos publicitarios como si fuesen un logro, lo más normal del mundo, a pesar de las polémicas con Machinima y Microsoft. Si no subes vídeos, los subs se irán, pero ahí está Jontron. Ahí está LittleKuriboh. Ahí está Egoraptor. Ahí están los análisis de RedletterMedia de Plinkett. No buscas gente que vea tu contenido sino subscriptores que hagan crecer los números. Los números de visitas, de likes, de dólares. Youtubers Life no es un videojuego sobre ser youtuber sino la idea que debe tener un adolescente sobre cómo es ser un youtuber. Pensar en hacer vídeos, tener fans, buenos comentarios, decir tonterías frente al ordenador, huir de casa, ir a fiestas, vestir a la moda ¿Es eso ser youtuber? ¿Los rasgos más básicos de la fama?

Como videojuego, desprendido de todo contexto, es simple, funciona de forma mecánica: estás en tu casa y tienes que hacer vídeos, gastando puntos de energía en distintas cartas, representativas de tus reacciones a lo que ocurre, para luego editarlas el máster final y hacer que las piezas encajen adecuadamente. Esto mejora los atributos de tu personaje, que da pie a nuevas habilidades, como si la capacidad de hacer unas primeras impresiones fuese algo a aprender o los likes se consiguieran subiendo de nivel. Hay que mantener al youtuber descansado y bien alimentado y podemos comprar nuevo equipo para que nuestra habitación luzca mejor o hagamos mejores vídeos. Más adelante podemos contratar gente para que nos ayude, promocionar nuestros vídeos pagando para que lleguen más lejos o entrar en una multi channel network (MCN). Estas ideas, mezcla de Los Sims y Game Dev Tycoon, establecen un ciclo vicioso: produce, mantén los platos girando, que las barras suban y el ordenador no se estropee, pero esa visión tan, por decirlo de algún modo, industrial, ignora los otros aspectos de esta vida. Quizá sea yo el que está viviendo mal, que ni siquiera tengo un gato. No digo "salseo", no tengo silla gaming ni voy caminando con una GoPro cuando salgo a comprar el pan. Será que no me ajusto a esa definición de youtuber. Por eso no vivo en una comuna espacial.

Acerca del autor

José Altozano

José Altozano

Colaborador

José lleva dando vueltas de un lado a otro en esto del periodismo de videojuegos desde 2011 y, que Dios nos proteja, ha acabado aquí como colaborador. Cinéfilo él, hipster aunque se niegue a aceptarlo, tiene además un canal de YouTube donde se le conoce como Dayo.

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