Ya sea Papers Please o Aviary Attorney, debo decir que me encantan los juegos narrativos en los que tienes que pensar rápido y gestionar papeleo. No es de extrañar, entonces, que cuando me topé con We. The Revolution en la PAX West no dudase ni un momento en probarlo. Al fin y al cabo, necesitaba descansar un rato. Aviso para navegantes: en este artículo vamos a tocar temas como la agresión sexual o la persecución religiosa.

We. The Revolution (con ese extraño punto en medio) es un juego en el que encarnas a un juez de un juzgado de París durante la revolución francesa. Presides una serie de casos, intentando impartir justicia y tener a todo el mundo contento en una atmósfera opresiva rodeada de muerte. En el juego hay unos cien casos, y los jugadores se enfrentarán a cerca de veinticinco en cada partida. Al principio de cada uno de ellos examinas las pruebas escritas en tu mesa, haciendo clic en las palabras clave. Una vez has recogido todas las palabras clave las enlazas entre ellas, seleccionando dos cada vez. Si enlazas con éxito dos palabras desbloquearás una nueva pregunta que hacer al acusado. Pero si te equivocas puedes acabar perdiendo esa palabra, limitando el número de preguntas que puedes desbloquear durante ese caso.

Las preguntas que recopilas luego se hacen al acusado, con respuestas que determinan la opinión del jurado y del público que asiste al juicio, así como a los ánimos generales de la sala. Si dejas que se emocionen demasiado, por ejemplo, las cosas puedes empezar a escapar de tu control.

Una vez acabas con tu lista de preguntas tienes que rellenar un pequeño cuestionario que pone a prueba tu entendimiento del caso preguntando datos específicos, pero en el que también hay preguntas como si el crimen fue contrarrevolucionario en su naturaleza o si las pruebas apoyan a la acusación. Cuando terminas, dictas tu veredicto. Tus opciones son la absolución, el encarcelamiento o, al ser esto la Francia revolucionaria, la guillotina.

Llegados a este punto tus acciones son importantes, porque influyen en cómo te ve el público, el jurado y los revolucionarios. Puedes ir contra los deseos de cualquiera de estos grupos, pero hay consecuencias que afectan a cómo avanza el juego y, por lo tanto, muchísima tensión al hacer equilibrios entre lo que consideras justo y lo que te resulta más beneficioso. Hay muchas cosas a tener en cuenta en We. The Revolution, por lo tanto, y todo se une para crear una enorme sensación de presión. Y eso antes incluso de que hablemos de los propios casos.

El primer caso al que me enfrenté al jugar a We. The Revolution era uno en el que un hombre, considerado como un héroe de la revolución, era acusado de violar a una joven. Su forma de actuar en el juzgado era arrogante, evasiva y sin ningún atisbo de culpa en su trato hacia las mujeres, incluso cuando el informe de un forense atestiguaba que la víctima tenía heridas consistentes con una pelea. El jurado y el público estaban a favor de la absolución, pero las pruebas y la repugnante actitud de este tipo me convencían de su culpabilidad. Las pruebas, sin embargo, no demostraban totalmente que era culpable y dejaban dudas. Al final lo dejé libre, y me sentí mal por ello.

El siguiente caso tenía como imputado a un antiguo cura católico acusado de dar el sacramento a la gente en secreto, un delito considerado como contrarrevolucionario por naturaleza. Antes de que empezara el juicio mi mujer y mi hijo me visitaron en el juzgado para pedirme que los absolviese, porque según ellos el cura era una buena persona y no merecía ser juzgado. El juicio fue brutal. Había un montón de pruebas, el jurado estaba convencido de su culpabilidad y el público, la verdad, tenía sed de sangre. Lo mandé a la guillotina, pero una vez más seguir el protocolo judicial e intentar ser un juez imparcial me resultó agotador. Lo peor es que después de cada caso hay una escena con una cena en familia, como forma de informar al jugador de la sensación general en París. Tuve que ver en las caras de mis familiares su agria decepción con mis acciones.

Básicamente en We. The Revolution haces unos equilibrios que no distan mucho de la fuerte temática o la opresiva atmósfera. Intentar gestionar las distintas facciones en el juzgado, la vida familiar e incluso las maquinaciones políticas de Robespierre (sobre cuyos edictos debes opinar en ocasiones, lo cual influye en la opinión que él tiene de ti) es una dura tarea. También es un juego con un apartado visual precioso y unas mecánicas muy agradables, pero de verdad que no recuerdo la última vez que jugué a algo con una ambientación tan opresiva. Impresionante y amargo a partes iguales, estuve pensando en él días después de jugarlo e incluso a día de hoy no se cómo me siento respecto a él, o respecto a las decisiones que tomé al jugar. Es un título a seguir de cerca, creo, pero solo para los que tengan suficiente estómago para él.

Traducción por Josep Maria Sempere.

Acerca del autor

Johnny Chiodini

Johnny Chiodini

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Johnny is one quarter of the Eurogamer video team - specifically the part that looks like it comes from East London. He loves pen and paper role playing games, his dog Watson, and pretty much any video game with a bit of grimdark to it. You are almost certainly pronouncing his surname incorrectly.

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