Mientras juego los primeros compases del título, la sensación que predomina es una cierta extrañeza hacia el hecho de estar delante de un videojuego japonés que toma clarísimas y explícitas referencias del videojuego occidental; especialmente porque estas referencias no vienen tanto del mainstream como de un sector concreto de la publicación independiente, una rara avis particularmente dentro de la producción nipona, mucho más propensa a tomar como referentes los videojuegos de su propio entorno. Como ya nos adelantaban sus vídeos promocionales, Travis Strikes Again vive y respira sosteniéndose sobre una devoción ciega hacia los títulos de Devolver Digital en general y hacia Hotline Miami en particular. No es tan extraño, si nos paramos a recordar cuáles son las filias y las fobias habituales de Suda51; y mientras pienso esto, caigo en la cuenta de que el mundo del videojuego lleva una cantidad de tiempo razonable sin prestarle atención a este autor como lo hacía antaño. No parecen los mejores de los tiempos para el bueno de Suda, cuyas particularidades y extravagancias no calan en el público japonés tan bien como esperaríamos pero sí suelen encontrar un seguimiento entusiasta por parte de los jugadores europeos y norteamericanos, y cuyo estudio Grasshoper Manufactures tantas ilusiones parecía despertar en la etapa posterior a su fundación. Habiendo lanzando varios títulos en los últimos años, es cierto que ninguno tuvo grandísimas repercusiones; quizás Let It Die, free to play multijugador, fue el más sonado de todos, y las opiniones al respecto fueron, como de costumbre, muy variadas. Y por lo demás, nada: una de las ausencias más notables, supongo, era una continuación a la saga No More Heroes. Que este lanzamiento iba a ser importante para el destino de la serie ya lo sabíamos; por un lado, en lo que respecta a la historia, y por otro, porque sus ventas serán fundamentales para la hipotética existencia de No More Heroes 3. Vamos, eso sí, a intentar no pensar mucho en ello mientras hablamos del juego, ¿vale?

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Y es que hay dos formas de aproximarse a este título, y creo que nuestra opinión sobre él variará sustancialmente en función de ellas. Podemos pensarlo como una entrega más, un elemento continuista del original y su secuela, o podemos interpretarlo como un giro en otra dirección, con unas aspiraciones más modestas y un concepto diferente que toma prestada la personalidad y alguno de los personajes e intenta hacer algo nuevo con ellos. En honor a la verdad, creo que esta última se acerca a la intencionalidad original.

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Entendido como un spin-off, como algo complementario a la saga más que como un elemento independiente que aspira a continuarla, Travis Strikes Again es un ejercicio perfecto de síntesis de los elementos más característicos de Suda51, en general, y de No More Heroes, en particular. Para hacer esto, entre otras cosas, echa mano del que quizás es uno de los recursos más utilizados dentro del estudio: meter un videojuego dentro de otro videojuego. Travis Touchdown, desgarbado y macarra como nunca, se enfrentará a una serie de desafíos en una máquina de realidad virtual maldita que esconde un secreto oscuro. Esta Polybius del futuro es la excusa para introducir la que es más o menos la dinámica habitual: mazmorras que tendremos que superar mediante mecánicas hack and slash que, eso sí, han sido simplificadas un tanto para adaptarse al control tanto en modo portátil como en sobremesa, y que son más intuitivas al precio de ser, quizás, un pelín menos satisfactorias. Cada una de las mazmorras está inspirada en un género concreto dentro de los videojuegos, y es aquí donde el juego saca a relucir su amplísima gama de referencias, inspiraciones y comentarios ácidos sobre el medio, sobre la saga y sobre el propio título que estamos jugando.

Las aspiraciones más modestas del juego se notan, sobre todo, en este ámbito: el diseño de niveles y enemigos adolece un poco de ser repetitivo en ocasiones. No es particularmente grave, porque a final de cuentas, no era a eso a lo que habíamos venido; Travis Strikes Again se sostiene fundamentalmente sobre su carisma, su personalidad distintiva y la particularidad de su humor desenfadado, certero y socarrón. Como aspira a tocar muchos palos - hay un mundo inspirado en los juegos de plataformas y otro en los de carreras, por ejemplo - en ocasiones las mecánicas específicas de cada uno de ellos son un poco más torpes de la cuenta, pero el propio concepto, a pesar de no ser particularmente original, está extraordinariamente bien llevado y le da un aire muy fresco y un ritmo muy ágil, como de que no se toma mucho en serio a sí mismo. La sensación es la de que hay una pequeña sorpresa, un guiño escondido a la vuelta de cada esquina, y si perseveramos en terminar cada uno de los niveles es en cierta medida porque el combate funciona en lo básico, pero fundamentalmente porque queremos saber qué más tiene que ofrecernos, cuáles son las formas alocadas en las que el juego conseguirá subvertir nuestras expectativas. Si lo observamos en meros términos de estructura, estamos ante una de las personificaciones más desvergonzadas de un pastiche, una mixtape grabada en una cinta de cassette un poco desgastada y con las canciones robadas directamente de la radio: lo que pierde en pulido y técnica lo gana en encanto, en hacer gala de forma desvergonzada de ese espíritu punk del que tanto le gusta presumir a Suda51.

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Podría parecer que no, por la absurda frecuencia con la que se utiliza este recurso, pero el gran riesgo que se toma aquí es el de apoyar prácticamente toda la historia en una serie de elementos metanarrativos. En los tiempos que corren, estamos absurdamente acostumbrados a las rupturas de las cuarta pared, a las referencias a la vida real, las marcas de autoconsciencia de que lo que estamos jugando es una ficción y demás parafernalia similar; hacerlas funcionar ya no tiene tanto efecto como antaño, y se convierte en una pura cuestión de complicidad con el jugador, un tira y afloja muy complicado del que este No More Heroes sale airoso y sin un solo rasguño; al final será cuestión de gustos, y quienes sean fans de la saga y del estudio tienen su buen puñado de referencias explícitas a la tradición de ambos, pero me cuesta mucho pensar que no sería capaz de arrancar unas cuantas sonrisas incluso a alguien que hubiese oído hablar de ellos por primera vez en esta ocasión.

Y con todo su descaro, con su alma fanfarrona y rupturista, al juego se le escapa a veces, cuando cree que no miramos, un suspiro un poco nostálgico, como de despedida. Os he pedido al principio del texto que intentaseis no pensar demasiado en el hecho de que es enteramente posible que este sea el último lanzamiento de la saga, pero la verdad es que yo he sido incapaz de no tenerlo presente constantemente mientras jugaba. Como esa típica persona que intenta ocultar sus preocupaciones y angustias existenciales en un montón de humor y chistes ácidos, Travis Strikes Again está un poco triste a ratos. Solo una pizca, no lo suficiente como para ser molesto, pasando casi inadvertido si no miras de cerca, pero sí demasiado evidente una vez te has fijado. Es uno de esos casos en los que me encantaría poder decir que seguro que todo irá bien, pero no lo tengo tan claro; solo sé que, sea esto un adiós o un hasta luego, me alegro de todos y cada uno de los minutos jugados. Que no serán perfectos - ¡ni siquiera sé si son particularmente reivindicables! - pero sí son, sin duda alguna, una buena medida de esa cosa loca y especial que nos gusta que sean los videojuegos a veces.

Acerca del autor

Paula García

Paula García

Redactora

Tirana de lo cuqui. Mi referente periodístico es la Rana Gustavo. Me gustan los cómics y las superheroínas. Fui a buscar el Nuclear Throne un día y todavía no he vuelto. Si me veis por ahí, enviad ayuda. No, en serio. Twitter: @cecilos

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