Análisis de The Sexy Brutale

Casino Royale.

Ya hemos hablado en más de una ocasión de los malos vicios que tiene la comunidad de jugadores. Al igual que un niño al que su madre le soluciona todos sus problemas, el jugador está mal acostumbrado a que todos y cada uno de los elementos de cualquier mundo virtual estén ahí solo para él, debidamente preparados para funcionar en el momento en que su personaje entre por la puerta. Igual que el jugador espera que las cosas sucedan entorno a él, también espera poder reaccionar después de una determinada manera, y esa disposición está relacionada con una serie de verbos o acciones directas. El jugador espera que su relación con el mundo de juego y las opciones que tendrá para intervenir y causar efectos en él sean de naturaleza directa: correr, hablar, agarrar, lanzar, o disparar son la clase de verbos que el jugador espera tener a su disposición, sin embargo se enfada y no le gusta cuando esos verbos son de naturaleza pasiva y encima son la mecánica principal del juego. Como consecuencia de este problema, obras brillantes como Gone Home o The Beginner's Guide levantaron cierta polémica porque, por su forma poco habitual de plantear la jugabilidad, una parte de la comunidad no era capaz de considerarlos un videojuego. En resumen: una costumbre, y un colectivo acostumbrado. En este caso, me gusta pensar que The Sexy Brutale nace a partir de esa tendencia.

The Sexy Brutale es un videojuego osado y sorprendente, pero al mismo tiempo muy consciente de si mismo: no tiene ningún miedo a jugárselo todo a una carta, y además enseñárnosla, y no lo haría jamás si no supiese desde el primer momento que iba a ganar. Ese naipe ganador no es ni más ni menos que su estructura mecánica: en una noche de máscaras en la que los invitados están siendo asesinados por el personal, el juego establece cada muerte como un puzzle que debemos resolver para salvar a cada víctima. La peculiaridad es que los asesinatos solo pueden ser evitados de forma pasiva o indirecta. A causa de una misteriosa maldición en las mascaras de los invitados, no podemos compartir espacio con nadie que lleve una, y eso nos obliga a evitar cada muerte sin intervenir de forma directa. Estas reglas establecen dos fases mecánicas muy diferenciadas pero muy bien integradas entre si, y la primera de ellas es observar a cada víctima y averiguar exactamente cómo acaba muerto.

En la mansión del marqués están ocurriendo cosas en todo momento y el cualquier lugar, y ese es otro rasgo novedoso y muy representativo del juego: también por culpa de la maldición de las máscaras el día de la fiesta se repite una y otra vez, y eso nos permitirá poder llegar a cada habitación, a cualquier hora, y salvar a todo el mundo en un determinado orden. Como todo sucede al mismo tiempo, los casos se entrelazarán unos con otros y lo más importante para poder ir resolviéndolos será el conocimiento, siempre adquirido a través de la percepción: estar presente en un momento y un lugar concreto para saber que ocurrió allí, y con la información adquirida empezar a resolver el puzzle. En cada habitación de la mansión recogemos esa información, ese objeto que un personaje deja, ese susurro que otro emite, y es en nuestra cabeza donde seguimos jugando y el puzzle empieza a tomar forma. Conocimiento directamente recogido por nuestros sentidos, pues lo que más haremos durante el juego y a través de mecánicas interesantes como mirar por las cerraduras, será ver y escuchar.

The Sexy Brutale es tan valiente como para atreverse a contar y representar estados e ideas complejas, novedosas e interesantes a través de las mecánicas de juego.

Observar y escuchar son una constante en esa primera fase mecánica, pero una vez tenemos las ideas un poco claras, toca pasar a la acción. Es irónico expresarlo de esa manera, pues de nuevo, aunque no es algo tan pasivo como la vista y el oido, esa acción debe ser totalmente indirecta. Para evitar las muertes, debemos alterar el orden habitual de las cosas antes de que ocurran, y aquí entra en juego otra mecánica muy importante, el paso del tiempo. Al final los autores nos dicen y demuestran que en un videojuego pueden pasar cosas aunque tú no estés allí: The Sexy Brutale, acotando una serie de asesinatos en una mansión muy bien diseñada y obligándonos a repetir el mismo día una y otra vez, rompe con esa tendencia universal mencionada al principio y va precisamente sobre que las cosas suceden, y que depende de nosotros estar allí para verlas.

The Sexy Brutale también es un juego difícil de catalogar (lo que para mi, si me preguntáis, es una virtud), pero a la hora de jugar recuerda mucho a una aventura gráfica: todo se basa en la lógica y en como unos objetos pueden interactuar con otros, o con el propio entorno, para desencadenar situaciones. La estructura de asesinatos, que a pesar de ocurrir todos a la vez, resolveremos de uno en uno, puede parecer problemática para el ritmo del juego, pero existe una sensación de progresión. Aparte de que iremos obteniendo algunos poderes que nos abrirán nuevos caminos, la complejidad y dificultad de los casos será ascendente al mismo tiempo que lo es la obtención de información, tanto que el orden de resolución parece tener un sentido: para resolver algunas muertes será necesario conocer los entornos de algunas anteriores. La parte mala es que a veces se pasa de permisivo y nos da información que, o bien no debería dar, o la da de forma tramposa, eso anula el proceso mental que el jugador debe hacer para encontrar la solución, y por lo tanto, le quita la gracia. La parte buena es que para darle una sensación de cohesión total a los hechos, el juego planta semillas que más adelante recoge y que dan lugar a los momentos más sorprendentes del juego. Estímulos con forma de incógnita, como el disparo que escuchas a la hora de comer o las tres campanadas que escuchas cada día a las cinco de la tarde, y que resultan todos no venir de donde creías ni ser lo que parecen.

Al igual que en este eterno día en el casino, la obra tampoco es lo que parece. Pudiera parecer un juego puramente mecánico en el que la historia fuese una payasada o no existiese, y de hecho lo parece, pero nada más lejos de la realidad: The Sexy Brutale es tan valiente como para atreverse a contar y representar estados e ideas complejas, novedosas e interesantes a través de las mecánicas de juego. Es tan valiente como para que su historia se desarrolle igual que la resolución de un caso, descubriendo que es lo que ocurrió de verdad, juntando las piezas del puzzle y dandole una coherencia sublime al conjunto, haciendo del juego un único caso real. A través de unos inusuales personajes cuya personalidad, inquietudes y preocupaciones resultan en el verdadero puzzle, y una extraordinaria mansión llena de referencias artísticas (Goya, Friedich, Kafka, Da Vinci, etc.), el relato va siendo cada vez más tétrico, oscuro y cruel, pero sobretodo, misterioso y sorprendente. Uno en el que nada es lo que parece, una auténtica fiesta de máscaras.

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Acerca del autor

Chuso Montero

Chuso Montero

Redactor

Montador de televisión exiliado y ska-punk malhablado de Carabanchel, ahora intenta dedicarse a la crítica de videojuegos. Lleva patillas, juega al fútbol americano y rinde culto a Cañita Brava en su Twitter: @ChusoMMontero

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