El ritmo tiene una cualidad peculiar: cuanto más piensas en él, cuanto más lo racionalizas, más probable es que lo pierdas. Hay algo de atávico en eso que llaman flow, que conecta con nuestros orígenes más lejanos, como si el ritmo y el beat estuvieran integrados en nuestro ADN. Las palpitaciones, la rutina, la salida y puesta del sol, la pausa para las comidas, el sueño: todo sigue ciertas pautas y regularidades que entran dentro del concepto del ritmo, por lo que podría decirse que la vida es ritmo y que es el ritmo el que rige nuestras vidas. Llevo años fascinado por él, tanto consciente como inconscientemente, y es un elemento que tengo tan presente en mi día a día que es un pilar esencial a la hora editar mis vídeos (y en este texto, en esta frase; también hay ritmo, aquí), tanto en la locución, que es la melodía principal, como en los sketches o lo que sea que sucede en pantalla: me indica cuánto debe durar cada cosa, cuándo debo cambiar un plano o entonar de una forma u otra. Y a diferencia de lo que puede parecer, seguirlo no depende tanto de la pericia y la habilidad como de saber dejarse llevar. Habrá quien no esté de acuerdo, pero si algo he aprendido en todos estos años usando de djembé improvisado cualquier superficie que se me ha puesto por delante es que el ritmo es algo que está más ligado a la cabeza que a las manos. Quizá por eso cuando desaparezco y me quedo ausente pensando en mis movidas sin estar pendiente de los símbolos que aparecen en pantalla, cuando me dejo llevar por la música, simplemente, y desconecto, consigo las puntuaciones más altas en Taiko no Tatsujin: Drum 'n' Fun. Y con diferencia. Como jugar con los ojos cerrados.

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Aunque esta entrega es la primera que tiene un lanzamiento oficial en Europa, Taiko lleva ya varios años entre nosotros. Le eché más horas de las que me gustaría reconocer al de Nintendo DS, y aunque este capítulo para Switch mantiene inamovible su fórmula principal (esto es, seguir los indicadores rojos y azules que aparecen en pantalla y que nos marcan el ritmo de la canción y el botón que debemos presionar), esta vez he notado una mayor conexión con los Rhythm, otra de las grandes sagas de juegos de ritmo que también me ha robado incontables horas. Ambos son juegos de ritmo, eso no hace falta decirlo, y ambos han suscitado excentricidades y son tan japoneses como quieren parecer, pero además de contar con la tradicional selección musical de unos 70 temas que cubre pop, anime e incluso música clásica, en esta ocasión Drum 'n' Fun pone un énfasis especial en los minijuegos con una variedad que puede mirar de tú a tú a la mejor selección de los Rhythm, y eso no es moco de pavo.

Es así, en gran parte, porque está especialmente diseñado para jugarse en compañía, y son los minijuegos los que claramente han sido ideados para tal fin y son responsables de que el juego sea tan divertido, porque venirse arriba imaginándote que tienes las baquetas en las manos mientras suena Cha-La Head-Cha-La o A Cruel Angel's Thesis es impagable y razonablemente inevitable, pero competir con otros tres amigos en el juego festivo para ver quién consigue mayor puntuación machacando mochis o sorbiendo un bol de fideos al ritmo marcado es tan divertido como el mejor Mario Party. Es un juego japonés, claro, y su procedencia es algo que rebosa por los poros de su diseño y estructura y que condiciona algo tan esencial como los temas seleccionados. En mi opinión no es algo que vaya en detrimento de la experiencia ni que haga que sea menos disfrutable (quizá, si acaso, requiere un mayor periodo de adaptación para pillar el ritmo de la música que no conocemos), pero puede que haya quien se lo piense dos veces antes de decidirse a darle un tiento precisamente por ser demasiado japonés. Está claro que no vamos a pedirle que incluya el opening de Médico de familia o el japi barri de Carmen de Mairena, pero sí que se echa un poco de menos una selección de temas, un apartado, al menos, que se corresponda más con el mercado europeo o internacional.

Nada que sea importante, como digo, y habrá quienes piensen que para eso ya tenemos otros juegos. Y no les falta razón. Drum 'n' Fun hace honor a su nombre y es divertido y peligrosamente adictivo para todo aquel con cierta tendencia a seguir el ritmo. Ahora bien, ¿qué pasa con los controles? Si habéis seguido lo que se ha escrito y dicho sobre el juego sabréis que la versión más recomendada es también la más cara, la que incluye un accesorio con tambor y baquetas que facilita bastante las cosas y que es más parecida a las recreativas japonesas que tan populares son. ¿Pero es la única forma óptima de jugar a Drum 'n' Fun? Pues bueno, sí y no. Aunque no he podido probar el accesorio por mí mismo, teniendo en cuenta la naturaleza del juego es bastante obvio recomendarlo de cabeza si os podéis hacer con él, pero ni es necesario ni crucial para sacarle todo el jugo. El juego cuenta con tres esquemas de control principales: el control por movimiento, en el que movemos los Joy-Con como si fueran baquetas y que deberíais descartar por su nula precisión a no ser que os limitéis a jugar en las dificultades más bajas, el control por botones, más tradicional y preciso pero menos intuitivo, y el control táctil, disponible solo en el modo portátil (y ausente en los minijuegos) y, con mucha diferencia, el más fiable y fiel de los tres. Está claro que dependerá de la preferencia personal de cada uno, y para gustos colores, pero descartando el accesorio del tambor, es con este último con el que más he disfrutado de Taiko.

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La estructura de Drum 'n' Fun no está muy definida y como buen juego de ritmo se asemeja mucho a un party game, pero como decía puede dividir en dos apartados: los temas musicales o modo Taiko y los minijuegos o modo festivo. Superar estos últimos (hay 20, y cada uno cuenta a su vez con un modo experto) desbloquea varios personajes que podemos seleccionar para jugar al modo principal y que pueden facilitar o complicarnos las cosas: aumentar la cadencia, servir de apoyo en los redobles o en el mazo, que las notas que fallemos no incidan en el indicador principal del progreso de la canción... Es algo que resulta especialmente útil para sortear las dificultades más altas o para aumentar el reto si somos duchos en el tema de seguir el compás. En esta ocasión la versión para Switch, además de incluir temas de Super Mario Odyssey, Pokémon Sol y Luna o Splatoon 2, también cuenta con varios personajes de Nintendo entre su selección, por lo que puedo jugar con Kirby mientras toco el tema de Kirby y acostarme con una sonrisa de oreja a oreja. Más allá de eso, hay otros detalles que puede que no resalten a simple vista y que denotan el cuidado que se ha puesto tanto a su fantástico diseño artístico como de sonido. Porque es un juego encantador y adorable, sí, pero el subidón que supone ir acertando las notas y ver cómo se desata un festival de luces, sonidos y colores en pantalla acorde con lo que hacemos consigue resaltar sobremanera ese flow del que hablaba al principio y la sensación de que somos unos cracks porque estamos haciendo las cosas bien. De que el tema avanza gracias a nosotros. Es de ese tipo de juegos en los que esforzarse recompensa con creces.

Quizá se echa en falta un modo online más allá del multijugador local, y es cierto que a no ser que seáis unos auténticos enfermos del ritmo como yo se pierde un poco de fuelle si solo se puede disfrutar en solitario. Pero más allá de los engorrosos controles por movimiento, que deberíais reservar para esas noches de borrachera en las que los espasmos están a la orden del día, Drum 'n' Fun es el mejor juego de ritmo que podéis encontrar en Nintendo Switch, fácil de empezar y difícil de dominar, y un party game muy recomendable si el estilo de juegos como Mario Party ya os tiene un poco saciados.

Acerca del autor

Borja Pavón

Borja Pavón

Redactor

Borja se encarga de mantener el ritmo de las noticias, las guías, los trucos y la samba que todos llevamos dentro. Analista ocasional, tú dale un mando, un Tender de chocolate y algo de lo que despotricar y le harás la persona más feliz del mundo.

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