En ocasiones, no ser el bueno tiene su punto. Lo sabes tú, lo sabemos nosotros, y lo deben de saber también en LucasArts, que presentan este juego bajo la interesante premisa de asumir el papel de un discípulo del oscuro Darth Vader, acompañarlo en sus vacilaciones y devenires y, por qué no, patear unos cuantos culos por el camino.

En tanto que damos por hecho que no hay nadie que esté leyendo esto que no conozca Star Wars, sí haremos una pequeña distinción: entre a quienes la saga no entusiasma demasiado, y quienes han luchado, imaginarias espadas de colores en mano, contra amigos (reales, incluso), intentado acercar algún bolígrafo de la mesa a su mano utilizando la fuerza, y/o pueden considerarse fans. Los primeros se encuentran ante un beat ‘em up (acción del estilo tú contra el mundo) de soberbio apartado técnico, cuya baza más prometedora es el empleo de avanzados motores de física y partículas como Euphoria, DMM y Havoc, para intentar hacer de cada situación una experiencia diferente. Los últimos pueden, además, añadir a esto un hilo argumental oficialmente aprobado por Lucas que sitúa la historia entre los episodios III y IV, con sus giros, sorpresas, y seguro que para alegría de muchos, caras familiares. Ahí es nada.

Ahora bien, ¿sostienen estas bases por sí mismas un juego sólido, innovador, y merecedor de toda la parafernalia mediática que lo ha envuelto desde que se supo de él? Para responder, nos tomaremos la libertad de utilizar la dualidad que introduce el propio juego sobre el bien y el mal. Tanto si la respuesta es sí como si es no, ambas tienen un pero. Y es que sí, en un principio el juego ofrece elementos jugables sorprendentes: la posibilidad de manipular mediante la fuerza la gran mayoría de objetos desperdigados por el escenario (alguien ha decidido que apilar cajas y cajas de objetos explosivos por todas las bases imperiales era buena idea) para lanzarlos contra los enemigos, lanzar a éstos directamente volando por los aires, destrozar puertas y ventanas, o sobrealimentar dispositivos eléctricos mediante nuestros poderes.

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Mientras avanzamos por los escenarios podremos, ya sea recogiendo cubos holográficos o subiendo niveles por derrotar enemigos, desbloquear nuevos combos, trajes, cristales para alterar el comportamiento de nuestro sable de luz, y mejorar los atributos o poderes que queramos para hacer más llevadera la aventura, que se extiende a lo largo de nueve misiones, bastante largas por lo general, para narrar la historia.

Una historia que, sin duda, es uno de los principales atractivos que los fans del universo Star Wars encontrarán en este juego. Se podría acusar al personaje principal, Starkiller, de cierta falta de personalidad que hace que cueste meterse en situación, o tal vez quejarse de algún personaje secundario que chirría, pero lo cierto es que el conjunto está a un nivel bastante alto y sus fallos se pueden olvidar pronto. Existen además dos desenlaces diferentes, consecuencia directa de una decisión que deberemos tomar en la fase final, lo que supone un aliciente para volver a jugar.