Singularity es un título que no ha contando con un gran seguimiento en los medios y que además aparece durante la clásica sequía veraniega, pero igualmente su propuesta es suficientemente atractiva como para fijarnos en él. Anunciado en el E3 de 2008 por Activision y con el estudio responsable del último Wolfenstein a su cargo tampoco podríamos esperar gran cosa, pero lo cierto es que este juego de acción ha sido una pequeña sorpresa. Si te gustan los juegos de acción en primera persona y con una buena ambientación esto que vas a leer a continuación puede interesarte.

La historia nos pone en la piel del capitán estadounidense Renko, que es enviado junto a un escuadrón a reconocer el islote ruso llamado Katorga-12. Nada más llegar a tierra firme nos daremos cuenta de que el diseño artístico y los entornos son de lo mejor del título. Nos encontramos en una isla aparentemente abandonada, desolada y venida abajo por el paso del tiempo.

En ella encontraremos un antiguo centro de investigación soviético que tuvo su apogeo durante la guerra fría. Panfletos, escritos, pancartas, cintas de audio y un largo etcétera de amor por la madre Rusia contrastan con un odio desmedido por el invasor y capitalista americano. Podemos pasear por toda una serie de edificios, desde los barrios de viviendas hasta los colegios para observar como desde bien pequeñitos los niños eran concienciados de tan noble causa.

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¿Y en qué trabajaban los rusos? En aquella época la tensión nuclear estaba a la orden del día y los soviéticos al no poder competir con "los tiranos capitalistas" encontraron en dicha isla el elemento E-99, que mal utilizado tiene consecuencias más devastadoras que las bombas atómicas pero que bien utilizado permite alterar el tiempo.

Gracias a un dispositivo de control temporal llamado DMT –y que es el arma principal del juego– podremos jugar a nuestro antojo con el tiempo. Bueno, siendo sinceros jugaremos con el tiempo y con nuestros enemigos y su existencia, ya que el efecto del tiempo variará dependiendo del tipo de enemigo al que nos enfrentamos. Podemos desde desintegrarlos y convertirlos en polvo, hasta hacerlos explotar extremidad a extremidad. La verdad es que el uso del DMT recuerda horrores a la manera de utilizar los plásmidos en Bioshock e incluso la pistola gravitatoria de Half-life 2 para mover objetos. A medida que progreséis en la aventura os iréis dando cuenta que no son las únicas cosas semejantes a dichos títulos.

A parte de utilizarlo para acabar de forma "creativa" con los distintos tipos enemigos que aparecen a nuestro paso, podremos componer y descomponer objetos, escaleras, muros, coberturas y una larga lista de posibilidades, incluyendo el poder viajar en el tiempo abriendo algún que otro portal.

Al mismo tiempo, el dichoso elemento E-99 que nos traerá de cabeza durante todo el juego y deberemos recolectarlo para mejorar nuestras habilidades. Quizás prefiramos hacernos más resistentes frente a los enemigos (recomendado en el modo difícil), o quizás sea más conveniente aumentar nuestro poder de ataque, eso ya será decisión vuestra. De todas formas el juego nos premia al explorar todos los niveles, pues encontraremos contenedores de E-99 prácticamente en todos los rincones.