Análisis de River City Girls

Smack my bitch up!

Existen géneros tan bien asentados que es prácticamente imposible cambiarlos. Se pueden hacer pequeños cambios, darles algo más de profundidad, modernizarlos en estética o controles, pero poco más; simple y llanamente, están tan bien asentados sobre unos principios que, por más que queramos, resulta imposible cambiarlos. Esto es lo que ocurre con los beat 'em up.

Un yo contra el barrio debe ser un juego donde uno o varios personajes van partiéndole la cara con un grado de violencia variable a una asombrosa cantidad de pandilleros sin oficio ni beneficio, con un ágil estilo arcade. Eso es intocable. O te pareces a Double Dragon o Kunio-kun, más conocido en España como Renegade, o no eres un beat 'em up. Y para lo bueno y para lo malo, River City Girls puede llevar con mucho orgullo ese nombre.

Producido por WayForward con licencia cedida por Arc System Works, actuales poseedores de la franquicia Kunio-kun, River City Girls es un beat 'em up de vieja escuela. Eso significa que, en términos de jugabilidad y narrativa, tenemos exactamente lo esperable. Podemos elegir entre dos personajes, Kyoko y Misako, para ir en busca de sus novios, Kunio y Riki, a los cuales desbloqueamos como personajes jugables una vez los rescatamos, haciendo las cosas al estilo de River City: abriéndole la cabeza a absolutamente cualquier persona que se nos ponga por delante.

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Eso, hablando específicamente de la jugabilidad, significa que el combate es todo lo básico que cabía esperar. Un botón para golpe fuerte, otro para golpe débil, un botón de salto y otro de defensa y ya está todo listo. Pero como eso no es suficiente en un videojuego moderno, los desarrolladores introducen un puñado de novedades interesantes. Aquí encontramos una defensa activa, que nos permite aturdir al enemigo si nos defendemos el instante antes de que nos golpee, y toda clase de movimientos a realizar combinando un botón del pad y uno de los dos botones de golpear, dándonos una muy variada cantidad de combos para hacer que tengan que reconocer a nuestros rivales por su ficha dental... si es que consiguen encontrar sus dientes entre los de los demás. Esto da un regusto clásico al conjunto sin hacerlo más complejo de lo estrictamente necesario.

Esa ausencia de complejidad también se aprecia en los demás aspectos del juego. Los toques clásicos de RPG de la saga siguen ahí, pudiendo (y debiendo) gestionar nuestro inventario y nuestro dinero, pero simplificándolos lo máximo posible para que no intercedan en lo realmente importante: los tremendas tortazos que vamos a dar a nuestros enemigos.

Por otra parte, eso también significa que no nos cabe esperar nada revolucionario en su sistema. Es cierto que algunos bosses tienen pequeños giros, obligándonos a superar diferentes fases en combates donde van cambiando sus mecánicas básicas, pero al final no pasan de ser gimmicks que no cambian en exceso las dinámicas del juego. Eso, sumado a unas brevísimas secciones de plataformas, aporta una gustosa variedad al conjunto, haciendo que no se vuelva repetitivo lo que es, a fin de cuentas, asegurarte de que el hospital de River City tenga que emplear a una docena de nuevos traumatólogos para atender a todos los pobres desgraciados que han tenido la original idea de cruzarse en tu camino.

A todo lo anterior cabe sumar que el juego, en términos de dificultad, es una absoluta delicia. Sin grandes saltos, el avance lineal que permiten los objetos de curación y la subida de niveles hace que, incluso los bosses más difíciles, se puedan pasar a pura fuerza bruta, algo que se agradece en un juego cuyo mayor valor es ser rápido, directo y muy, muy rejugable.

Ahora bien, todo lo clásico que es en lo jugable es, al mismo tiempo, fresco y vibrante en lo artístico. Si algo hace excepcionalmente bien River City Girls es todo su trabajo de diseño; de UI clara y sencilla, de menús personalizados para cada personaje y facilidad para moverse entre ellos, cada pequeño detalle está medido al milímetro. Incluso las conversaciones en medio de las peleas entre las chicas tienen un tamaño de tipografía y un contraste y posición en pantalla que permiten leerlas con facilidad mientras seguimos combatiendo. Eso, sumado a unos diseños de regusto anime pero de personalidad propia, y una música que va oscilando entre el synthpop y la electrónica, con canciones vocales que recuerdan a las mejores piezas de Persona 5, no hay un solo elemento que el departamento de arte no se haya pulido al detalle hasta un punto que sólo podemos calificar como obsesivo.

Hasta aquí no hemos podido sino cantar sus alabanzas, pero si hablamos de sus animaciones no podemos sino jalearlas con entusiasmo. Cuidadísimas y muy detalladas, son ejemplo perfecto del cuidado que se ha puesto en todo el juego. No por nada, cada uno de los ataques no es sólo vistoso, sino que también tiene una función narrativa: el moveset de Kyoko está repleto de golpes inspirados en el voleibol, lo cual nos da a entender que está en el club de voley del instituto, igual que el ataque fuerte principal de Misako es asestar un cabezazo a sus rivales, lo cual provocará en un momento del juego que nos demuestre los efectos de pérdida de memoria que tiene no pensar en las consecuencias de ir rompiendo occipitales ajenos con la fuerza de tu frente.

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Estos detalles son importantes porque River City Girls, en términos de historia, no hace mucho. Es una comedia ligera, directa, con algunas intrusiones de metahumor que le sientan a las mil maravillas, pero que se complementa muy bien con su estética girly y su atención por darle profundidad a los personajes a través de esos mismos detalles.

Por desgracia, River City Girls tiene un par de problemas que empañan la experiencia de juego. Por un lado, el botón para cambiar entre zonas es el mismo que el del golpe débil, lo cual produce no pocos problemas cuando, intentando rematar o simplemente darle la bienvenida a un nuevo rival, cediéndonos su cara para que esculpamos con nuestros puños sobre ella, acabamos volviendo a la zona de la que acabamos de venir. Algo más incómodo que dramático, pero que podría haber sido evitado simplemente permitiendo configurar los controles.

Más dramático es que un juego yo contra el barrio que, además, favorece mucho el juego cooperativo, no tenga ninguna opción online. Permitiéndonos jugar a dobles nada más que si conseguimos embaucar a un amigo o familiar para abrir cabezas conformadas por la suma de un lenguaje arcano y unos assets predefinidos entre doritos y cervezas, la falta de un online que facilite este despiporre de ultra violencia justificada es un problema que, si bien menor, es, a día de hoy, injustificable.

Al final, River City Girls es un yo contra el barrio old school notable que funciona como un tiro en lo mecánico y resulta absolutamente sobresaliente en todo lo que tenga que ver con su departamento de arte. Sus únicos problemas son pequeños defectos de forma y que, a fin de cuentas, es muy difícil hacer algo revolucionario con un género tan asentado como el del beat 'em up. Pero esa es la cuestión: que la diferencia entre hacerlo (muy) bien y ser excelente reside precisamente en eso: en la capacidad para encontrar el modo de revolucionar aquello que parecía ya inamovible.

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