Avance de Ninja Gaiden 3

La alargada sombra de Itagaki.

Cuando un nombre en particular queda ligado a una franquicia al fan le aterra pensar en la mera posibilidad de que otra persona tome el testigo y pase a definir su futuro. ¿Alguien se imagina una tercera entrega de Cazafantasmas sin Bill Murray, tal y como se rumorea en Hollywood? ¿Qué ocurrirá con Batman cuando se estrene The Dark Knight Rises y Christopher Nolan abandone la silla del director?

Ninja Gaiden, seguramente la saga más importante del catálogo de Tecmo, genera preguntas parecidas ahora que se acerca su tercera parte. Todos conocemos la historia de la abrupta salida de su máximo responsable, el siempre polémico Tomonobu Itagaki, pero todavía no sabemos a ciencia cierta cómo afectará al desarrollo de un juego que bebía, y no precisamente poco, de las filias y fobias de su peculiar creador.

El equipo del Team Ninja realmente no se avergüenza de la herencia de su antiguo líder, aunque bajo la batuta de Yosuke Hayashi intenta imprimir su propia personalidad al juego. Uno de los ejemplos más evidentes es la forma de presentar y tratar a Ryu Hayabusa como una máquina de matar maldita y sin remordimientos (algo que demuestra a los pocos minutos de juego, cuando ejecuta a sangre fría a un enemigo que pide ridículamente clemencia); es una historia mucho más personal, dicen, y todo parece indicar que no solo sigue la moda de sacar a relucir los demonios interiores del protagonista, sino que también pretende buscar un hilo argumental más complejo y profundo.

Los dos niveles que incluye la beta (y que irónicamente comparten localización - Londres y Arabia - con la última y reciente secuela de Uncharted) son una prueba palpable de esta dicotomía entre lo viejo y lo nuevo. En cuanto empiezas a jugar te rodea cierta familiaridad y no tardas en adaptarte al control y a la importancia de antiguos movimientos como el Izuna Drop o novedades como la escalada con kunais. Pero al mismo tiempo notas casi de inmediato que hay algo muy diferente y que la ausencia de Itagaki está quizás más presente de lo que debería.

Porque en Ninja Gaiden 3 todo es más permisivo y no requiere tanta precisión como en las anteriores entregas: los combos se suceden de forma rápida y casi mecánica, la barra de energía se recarga de forma automática y demasiado frecuente y en las ejecuciones se abusa de un corto QTE que casi no da lugar a la equivocación, aparte de no requerir almas para su uso. Una de las primeras armas que obtenemos, el arco, apunta de forma automática, y los ninpos son exageradamente potentes, arrasando con todo lo que hay en la pantalla.

Escogiendo el modo normal, Hero, el juego se vuelve fácil. El bloqueo pasa a ser secundario, los enemigos se muestran poco agresivos y, en general, la esencia de la saga se ve diluida es pos de un claro objetivo: acercar Ninja Gaiden a ese público que se sentía alienado por una dificultad (para muchos) excesiva. En el modo difícil las aguas intentan volver a su cauce, pero no se castiga el error con la misma brutalidad que imprimía Itagaki en sus juegos. Es obvio que muchas cosas han cambiado y no tengo claro si para bien, aunque conservo la esperanza de que la versión final sea algo más estricta con el jugador.

Y eso no es lo único que ha variado. La visceral representación de la violencia siempre ha sido una característica fundamental de la saga, con decapitaciones y desmembramientos que también tenían profundas implicaciones en la mecánica jugable. Ninja Gaiden 3 no se corta demasiado a la hora de mostrar sangre a borbotones (con explosiones de hemoglobina que en ocasiones recuerdan a un cuadro de Pollock) pero sin mutilaciones reduce el gore a su mínima expresión, algo que choca frontalmente esa intención de hacernos sentir "el acero en los huesos" que profesa el Team Ninja. Cuando lo juegas resulta extraño, de hecho: es ciertamente violento, pero sin duda tímido y algo retraído si lo comparas con sus antecesores.

Es otra muestra más de un juego que claramente intenta llegar a un público mucho más amplio, y tampoco es la última. Aunque con Ninja Gaiden Sigma 2 ya se tanteó la implementación de un modo cooperativo en la fórmula, es ahora cuando se abraza finalmente el juego online con todas sus consecuencias, incluyendo también modos competitivos. En la beta que hemos probado no estaban presentes y habrá que ver si están a la altura de lo que sin duda es el plato principal, la historia individual, pero el reconocimiento implícito por parte de Hayashi acerca de la inspiración de Assassin's Creed: Brotherhood nos hace tener ciertas esperanzas de que sea un bonus interesante y bien adaptado a la propia idiosincrasia de la saga.

Volvemos así, una vez más, a lo mismo: Ninja Gaiden 3 es un juego que pretende tener contento a todo el mundo, que intenta ser diferente al mismo tiempo que familiar. La apuesta del Team Ninja es arriesgada, en todo caso: el nuevo enfoque puede atraer a un nuevo público, pero probablemente también alejará a parte de los fans que había cosechado durante estos años. En marzo veremos cual de los dos bandos tiene mayor peso bajo la dirección de Hayashi.

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Acerca del autor

Josep Maria Sempere

Josep Maria Sempere

Subdirector

Josep Maria es subdirector y fundador de Eurogamer España y el máximo responsable del día a día de su línea editorial y de contenidos. Ama el punk-rock, el cine palomitero de Hollywood, los simuladores de submarinos, la sci-fi, los cacharros de Apple y la década de los 80. Puedes leerlo también en BFG9000, en su Twitter (@kr3at0r) o escucharlo en el podcast Ocho sobre Diez.

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