Empecé a tocar la guitarra eléctrica hace unos tres años, con 27, una edad muy significativa en el mundo de la música y del rock, pues es una edad en la que han fallecido un inusualmente alto número de estrellas: Kurt Cobain, Janis Joplin, Jimi Hendrix, Brian Jones y, desgraciadamente, muchos otros más. Yo me lo tomé, sin ánimo de ofenderlas ni de trivializarlas, como un nuevo paso en mi vida, a ver qué tal se me daba. Además, un factor clave que también me afectó fue el entonces reciente fallecimiento del legendario vocalista de heavy metal, Ronnie James Dio, por culpa de un cáncer de estómago.

Pero, evidentemente, todo esto no vino de la noche a la mañana. Siempre me ha gustado el rock pesado, pero nunca tuve muchas oportunidades de meterme en el mundillo. Curiosamente, lo que hizo disparar mi espíritu rockero fue jugar a títulos como Guitar Hero y Rock Band. Cuando se desató la locura y empezaron a salir montones de juegos musicales, especialmente de la primera de esas dos franquicias, comencé a preguntarme cómo sería esto de cruzar el umbral del plástico hasta la madera y el metal -este segundo nunca mejor dicho. Así, seguí el consejo que Nuno Bettencourt, guitarrista de Extreme, dijo en el directo "Take Us Alive" tras tocar la canción "Play with Me" y justo antes de "Midnight Express", refiriéndose precisamente a la gente que juega a Guitar Hero: "Es hora de tirar los j#@$%#s juguetes de plástico y coger una auténtica guitarra".

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La cuestión es que, con la guitarra de un colega antes de comprar la mía propia -gracias a un regalo caído del cielo-, empecé a tocarla tras adquirir un libro para aprender tal labor al estilo rock. Previamente ya estaba familiarizado un poco con todo el tema del solfeo, sin haber dado clases especiales pero sí como parte de la asignatura de música en el instituto, y manteniendo vivo mi interés por tal tema.

El proceso fue bastante sistemático. Como muchas otras cosas en la vida, se empieza por lo básico y aquí no iba a ser diferente: Situarse bien el instrumento y la postura, aprender a afinar, coger práctica moviéndose por el mástil y conseguir juego de dedos. Se sigue por conocerse los acordes y las escalas, y luego, mediante algunos riffs basados en canciones reales, las diferentes técnicas como el rasgueo alternado, los slides, los bendings, los hammer-ons, etcétera. Finalmente me lancé a aprender las canciones que más me gustaban, empezando por las más sencillas y subiendo, y aún estoy con eso.

Recientemente ha caído en mis manos Rocksmith 2014 y ¿qué mejor forma que usarlo para poner a prueba tal formación? Tras empezar, el programa te pregunta varias cosas, como qué instrumento vas a tocar o tu nivel. Elegí la guitarra solista para ver cómo me las arreglaba con los solos y aproveché para indicar que mi nivel es "intermedio".

Decidí tocar algunas canciones para llegar a dominarlas al máximo posible. Examiné la lista y elegí dos -de heavy metal, evidentemente, como ya saben los que me conocen. Una que no hubiera probado nunca pero que ya conocía: "Pour Some Sugar on Me", de Def Leppard. Y otra que, por el contrario, ya hubiera practicado bastante y dominase a un nivel medianamente aceptable: "The Trooper", de Iron Maiden.

Empecé con el tema de Def Leppard y, a mi pesar, el nivel que el programa me puso por defecto era insultantemente básico, incluso considerando que ya había indicado anteriormente que tenía un poco de experiencia. Para acelerar un poco las cosas, aumenté yo manualmente la dificultad para cada sección. Cuando el nivel empezó a ser un poco más exigente, me dí cuenta de algo un poco molesto.

Normalmente, con el "método analógico", aprender a tocar una canción significa conseguir una tablatura de dicha canción y, previamente, estudiarla con calma y practicar los acordes o las frases más características al ritmo personal que tenga cada uno. Cuando uno se encuentra alguna sección de la canción con cierta dificultad, lo habitual es practicarla a parte, buscando pausadamente qué posición de manos y dedos hay que usar y cómo ejecutar el movimiento, siempre con la indicación que da la tablatura delante. En general, en pocos minutos se descubre la mecánica apropiada. Quizás falle el tempo o la coordinación con las partes anteriores o posteriores, pero lo difícil ya está hecho.

Quizás sea una especie de herencia de los anteriores juegos musicales pero, por culpa de dicha herencia, este proceso que he descrito antes es más tedioso con Rocksmith. Al apuntar a una canción, aquí a uno le lanzan a tocarla sin más, sin poder consultar antes la tablatura que usa, y para practicar las partes complicadas hay que activar el repetidor de riffs, ajustar la dificultad o la velocidad, e ir probando. Lo más habitual que puede suceder es que pasen varias repeticiones hasta darse cuenta de qué es lo que realmente está pasando y qué es lo que hay que tocar, y en consecuencia, se pierde mucho el tiempo. O sea, básicamente es un problema de eficiencia.

Además, la interfaz de codificación de notas propia del juego, que es como una versión tridimensional del diapasón con botones de los juegos de guitarra de plástico, no ayuda demasiado en esta tarea, sobre todo porque las cuerdas están al revés que en una tablatura tradicional de guitarra, aunque este punto puede que no sea un problema para los novatos hasta que dejen el programa de Ubisoft y busquen tablaturas por su cuenta. Por culpa de este problema, tocar bien el estribillo me costó bastante, cuando son simplemente cuatro acordes que podría haber sacado en cinco minutos.

Sin embargo, no encuentro que haya ido mal. Aunque "Pour Some Sugar on Me" no tiene un solo como esperaríamos, de esos con frases en las que las notas van bailando por las escalas -como, por ejemplo, los de "The Trooper", del que hablo más adelante-, Rocksmith me ha sido de ayuda para la parte instrumental. No es lo que diríamos un ejemplo de frase difícil, pero tiene un poco de miga. Gracias al repetidor de riffs, creo que jamás había practicado tantas veces una frase de una canción, y aunque sigo encontrando difícil hacerla sin fallar ninguna nota a la velocidad normal, sí que he apreciado una gran mejora en poco tiempo.

Cambiemos de tema y pasemos a Iron Maiden. Lo primero que pude comprobar es una gran verdad en el mundo de la música: dos tablaturas de dos fuentes distintas nunca coinciden, y aquí no hay excepción alguna. Pero bueno, eso no supuso un gran problema, y lo que ya había practicado anteriormente con esta canción me sirvió de mucho para poder aumentar el progreso de la canción nada más empezar.

Lo primero que quiero comentar de esta canción tiene relación con lo que he dicho anteriormente. "The Trooper" tiene el característico "riff galopante" de Iron Maiden, que básicamente son conjuntos del mismo acorde de dos cuerdas, unidos de tres en tres a una alta velocidad. Eso en una tablatura clásica se ve de forma muy trivial, pero con la interfaz de Rocksmith, si jamás has oído nada parecido, es difícil darse cuenta de qué es lo que está indicando. Con esta interfaz los rasgueos de tres en tres se distinguen sólo a velocidades muy bajas, difícilmente a más del 70%. Además, el "riff galopante" no es algo que requiera practicarse a baja velocidad -es más, podría ser contraproducente-, pues el truco está en sostener firmemente la púa y rasguear alternadamente las dos cuerdas a la vez tras captar la velocidad del ritmo. A pesar de requerir algo de práctica, se consigue relativamente rápido.

El característico riff principal de la canción ya lo tenía bastante apañado previamente, pero los solos sí que son algo que, por mucho que se haya practicado con anterioridad, acostumbran a dar muchos dolores de cabeza. Para empezar, un solo es algo muy personal del guitarrista que lo hace, es decir, pocos son los guitarristas profesionales que clavan al milímetro los solos de los demás. Es más, a veces incluso el propio guitarrista original no consigue repetir lo que hizo en el estudio, y en cada concierto puede tocar un mismo solo de forma distinta.

Sin embargo, no vamos a dejar que esta realidad estropee nuestros intentos de perfeccionar nuestras técnicas. Aunque conozco muy bien los solos de "The Trooper" -llevo unos quince años escuchando esta canción y es una de mis favoritas- e incluso he conseguido tocar algo que recuerda mínimamente a los originales, Rocksmith te da una bofetada y te dice que te pongas en serio. A diferencia de con los riffs basados en acordes, que es mejor practicarlos a velocidad normal pero desde una dificultad baja e ir subiendo, para practicar los solos encuentro que es mejor hacerlo al revés, manteniendo la dificultad al 100% pero subiendo la velocidad.

No pretendo engañar a nadie. Es una tarea pesada y que requiere mucha concentración, y aunque aún no he alcanzado a llegar al máximo en ningún fragmento de estos solos, en general estoy contento con el resultado. En una tarde llegué a hacer sólo cinco fallos en alguno de sus fragmentos, con todas las notas y a velocidad normal. O sea, que trabajando duro durante varios días o semanas es posible llegar a un resultado más que decente.

A partir de este punto, hay dos alternativas. O seguir "masterizando" -como dijo un amigo mío- estas canciones, algo que puede hacerse pesado; o bien elegir una canción nueva. Esto ya depende de cada uno, pues los beneficios de seguir metiendo caña a las mismas canciones son obvios, pero elegir una nueva también aporta frescura y nuevas experiencias enriquecedoras.

En resumen, Rocksmith es una buena herramienta junto a las muchas otras que existen para aprender a tocar la guitarra eléctrica. Sin embargo, no es que sea la salvación para nadie, simplemente es una herramienta más a la que se le puede sacar mucho partido, pero que tiene sus ventajas y sus inconvenientes. ¿Mi consejo? Si podéis permitíroslo, pagad a un profesor, ya que, si es bueno, sabrá sacar lo mejor de vosotros, corregirá los errores que hagáis sin daros cuenta, y además será un apoyo que fomentará vuestra disciplina. Eso es lo que realmente importa: practicar, practicar, y no daros por vencidos. No obstante, los profesores no siempre tienen disponibilidades mayores a dos o tres días a la semana, o sea que tendréis que practicar en solitario entre lecciones. Uséis o no Rocksmith, lo importante es que vayáis apreciando una mejora progresiva y, por supuesto, que disfrutéis.

Acerca del autor

Albert Ambròs

Albert Ambròs

Redactor

Este ingeniero industrial es nuestro experto en juegos de conducción. Albert es de los que solamente te adelantarán por la izquierda y, además, es un gran aficionado a los juegos de rol. ¡Es todo un caballero! En todos los sentidos...