Análisis de If Found...

Ring of keys.

¿Alguna vez habéis querido desaparecer?

Supongo que sí, porque todos hemos sido adolescentes, y hemos sufrido de esa tan clásica angustia vital que corresponde a esos años en los que tu edad empieza con un "uno" y tus preocupaciones son, si eres afortunado, poco más que el vaivén de las relaciones sociales y alguna nota fea en matemáticas. Quien más, quien menos, ha tenido una de esas noches tontas en las que todo lo que nos apetece es hacernos una bolita dentro de la cama y escuchar My Chemical Romance, o lo que sea que escuchen los jóvenes de hoy en día en los momentos en los que quieren autocompadecerse de su propia existencia. Es más complicado, sin embargo, cuando uno es adulto y le asalta esa sensación. Cuando fallan las fuerzas, cuando nos supera la ansiedad, cuando sentimos que no tenemos más ganas de continuar.

No es más complicado porque esa falta de ánimos sea una emoción puramente infantil - que no lo es, en absoluto - sino porque cuando ya hemos crecido nuestras preocupaciones tienden a ser más grandes, más acuciantes; y también, porque somos más conscientes de la huella que dejamos a nuestro alrededor. Supongo que es muy complicado llegar a cierta edad sin ver de forma razonablemente clara el impacto que nuestra presencia - o nuestra ausencia, para ser más concretos - dejaría en nuestro entorno. Es algo común, entiendo, para la mayoría que incluso en los momentos más oscuros, la necesidad de no herir a los nuestros, de seguir compartiendo momentos con ellos, de cuidar y amar a quienes nos rodean es lo que nos saca adelante cuando parece que está todo perdido.

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No así le sucede a Kasio, la protagonista de If Found; una chica que, sobrepasada por sus circunstancias, por los fantasmas que la acechan, ha decidido que no puede más. No sabemos, al principio de la historia, cuáles serán las consecuencias de que el personaje haya decidido rendirse, pero sí sabemos una de las maneras en las que lidiará con ello: borrar todas y cada una de las páginas de su diario. La que parece, al menos, la manera más tangible de eliminar lo que hay de ella en la Tierra. Es aquí donde nos encontramos, nosotros y Kasio, en una de las primeras páginas de un cuaderno que, mediante dibujos, anotaciones, historias y demás, nos contará todo lo que podemos saber sobre ella y sobre sus circunstancias, sobre los motivos que le han llevado a esa situación de desesperanza tan extraordinaria.

Lo que vemos son, sin duda alguna, dibujos y anotaciones privadas. No quiero decir con ello nada de su calidad - más bien, al contrario: todo el juego presume de una ilustración excelente - sino llamar la atención sobre el hecho de que constantemente sentimos que estamos invadiendo, aunque sea un poco, la intimidad de alguien. Lo que vemos entre las páginas son el tipo de cosas que uno crea para sí mismo, no para los ojos de los otros; eso quiere decir que el diario está lleno de emociones, de dudas, de pensamientos intrusivos, de pequeños detalles y notas para ella misma. El trazo a veces es suave, dulce, y otras veces es nervioso, cansado, más triste. En cualquier caso, todas y cada una de las piezas son extraordinariamente expresivas, y eso sólo hace que sea más devastador que prácticamente nuestro único papel dentro del juego sea destruirlos. Nuestro ratón hará las veces de goma de borrar, e iremos, página por página, eliminando todos esos momentos, esas situaciones, las notas, las historias y los retratos de las personas que nos rodean.

Es un arma de doble filo. Al principio, y cuando todavía conocemos menos a Kasio, eliminar sus recuerdos poco a poco parece un gesto un poco fútil, una mera manera de avanzar a la historia. Conforme seguimos adelante, hemos pasado más tiempo juntos, y entendemos de verdad por qué ella se siente de esta manera, el propio acto de borrar los dibujos también se resignifica. Borrar discusiones, decepciones y tristezas es catártico, agarramos el ratón con rabia, movemos la goma por toda la pantalla rápidamente. Pero lo que es verdaderamente devastador es borrar recuerdos cálidos y bonitos, de esos que nos gustaría conservar siempre en la memoria. Ahí es cuando nos tiembla el pulso, cuando realmente nos planteamos si esta decisión que nuestra protagonista está tomando es, verdaderamente, la correcta.

Conforme la historia sigue su curso, el estilo de dibujo se va dejando ir cada vez más, encontrando nuevas maneras de transmitirnos lo que quiere con su trazo. Desde el ruido y la confusión divertida de una fiesta a una cena con una intimidad especial, o una conversación, un silencio incómodo, una noche bonita o un ataque de ansiedad. Cuando queremos darnos cuenta, If Found nos ha desarmado a través de todo esto, se ha colado en nuestros sentimientos mediante esa manera tan pura, tan cruda de representar situaciones que conocemos, y después obligarnos a hacerlas añicos. Destaca, además, la manera en la que sabe entender, desgranar y tratar temas LGBT con gracia, con calma, y sobre todo, con empatía.

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Como decía, nuestra protagonista, Kasio, es una persona anclada en un contexto y circunstancias concretas, que tiene unos problemas familiares y de autopercepción con unas causas muy precisas. Entender esto, la historia que hay detrás de esta chica que un diciembre de 1993 volvió a la casa de su infancia para intentar enderezar lo torcido, y terminó causando algo inesperado, es parte de la gracia del juego, claro. Pero a pesar de la concreción, de la precisión quirúrgica con la que If Found define estos sentimientos, estas inseguridades, es muy difícil no encontrar en ellas algo que resuene con las propias, que nos haga entender la manera en la que ella se siente.

Aunque pueda sonar a que lo que describo es un juego triste, o pesimista, la verdad es que no son esas las sensaciones que transmite; es cierto que la premisa no es alegre, pero ante todo es una experiencia considerablemente introspectiva. Tanto para nuestro personaje como para nosotros que, después de cada escena, de cada anécdota, tenemos unos segundos para mirar a una página en blanco, un lugar antes lleno de historias y sentimientos que ahora hemos arrebatado de significado. Mirando la página en blanco podemos pensar en cómo la rellenaríamos nosotros, en como sería nuestra historia de contarla con este lenguaje. Y, en algún momento, llegaremos al que al final es el mensaje que subyace, lo que el juego, en medio de todo esto, se esfuerza por transmitirnos. Algo tan real, y tan cierto, que no podríamos perdérnoslo ni aunque lo intentásemos a propósito. Y es que, incluso cuando nuestra tristeza nos lleve a rendirnos, a tirarlo todo por los suelos, a dejar de pelear, siempre podemos volver al principio del camino. Cada página en blanco es, al final, una oportunidad de empezar de cero. De intentarlo otra vez. De hacerlo mejor.

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Acerca del autor

Paula García

Paula García

Redactora

Tirana de lo cuqui. Mi referente periodístico es la Rana Gustavo. Me gustan los cómics y las superheroínas. Fui a buscar el Nuclear Throne un día y todavía no he vuelto. Si me veis por ahí, enviad ayuda. No, en serio. Twitter: @cecilos

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