Nintendo es el equivalente empresarial de un T-800: no importa cuántos embates o golpes reciba, sigue adelante con una determinación terrorífica hasta conseguir su objetivo final; verbigracia: ganar dinero. En su dilatada experiencia como superviviente de las diferentes generaciones dentro de la historia del videojuego ha visto a la competencia surgir, elevarse y declinar mientras su propia trayectoria –a veces descendente– no llegaba nunca a truncarse. Los fracasos se han visto compensados con inmensos aciertos y, de un modo u otro, siempre se las ha ingeniado para conquistar el corazón de sus incondicionales, ocasionalmente incluso a costa de haberlos enfurecido primero: de todos es sabido que conviene pelearse primero para poder reconciliarse con dulzura después.

La política de Nintendo con respecto a su inmenso patrimonio histórico de videojuegos legendarios es algo que viene de mucho tiempo atrás. Ya muchos éxitos de NES fueron remozados para SNES, empezando por los tres primeros juegos de los hermanos Mario; algo parecido ocurrió entre las diversas generaciones de GameBoys y de nuevo la historia se repite, en este caso con Wii. La última consola de sobremesa de la gran N se beneficia como ninguna otra antes del catálogo inigualable que atesora la empresa, viendo desfilar por sus circuitos juegos de NES, Game Cube, SNES, Nintendo 64, TurboGrafx, Neo-Geo, Mega Drive, Master System o Commodore 64. Algunos de estos juegos se deben adquirir a través de la Consola Vitual, pero otros (los de Game Cube) son directamente jugables en formato físico, si bien con la limitación de tener que disponer de un mando original de Game Cube.

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Con toda probabilidad, solamente aquellos usuarios que habían tenido antes Gamecube aprovecharán la retrocompatibilidad de Wii con esta consola.

Cabría preguntarse entonces porqué están viendo la luz para Wii remakes de Game Cube como los de la línea New Play Control (Pikmin 1 y 2 o Donkey Kong Jungle Beat), el futuro pack Metroid o dos de los episodios de la saga Resident Evil. Ciertamente, al ser Wii físicamente retrocompatible con Game Cube, se podría jugar a todos estos juegos con los discos originales. Sin embargo, diversos motivos hacen que estos lanzamientos deban ser bienvenidos entre los aficionados.

En primer lugar porque casi todos estos títulos son prácticamente inencontrables en su formato original. El hecho de que vuelvan a aparecer en el mercado distribuidos regularmente facilita el acceso a juegos que, de otro modo, resultarían excesivamente complicados de encontrar o exageradamente caros. Este aspecto resulta especialmente digno de mención en el caso de juegos que, como el Resident Evil Archives, pueden muy bien resultar desconocidos para muchos nuevos usuarios de Wii. Se trata de una edición para Wii del clásico remake para Game Cube del primer capítulo de la franquicia. No ofrece novedades jugables pero siempre es una buena noticia volver a ver disponible una de las mejores puestas al día que se han visto en el mundo del videojuego.

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Aunque se supone que es ligeramente superior, muy pocos juegos de Wii han alcanzado el nivel gráfico de juegos como este Resident Evil importado de GameCube.

Por otra parte, la inmensa cantidad de Wiis que se han vendido representa un problema logístico para la retrocompatibilidad con Game Cube: precisamente gracias al éxito comercial de Wii un porcentaje muy considerable de sus propietarios no han tenido una Game Cube –una consola cuyas ventas no fueron ni comparables– y eso quiere decir que no disponen de los periféricos necesarios para jugar, encontrarlos no siempre es fácil y el desembolso extra no resulta una perspectiva particularmente interesante.

Un tercer aspecto es que algunos de estos títulos han recibido jugosas mejoras jugables, como por ejemplo los dos Pikmin y el Donkey Kong Jungle Beat. De aquéllos ya hablamos hace unos meses, pero básicamente puede decirse que se vieron menos mejorados que éste último. La nueva versión Wii del mejor Donkey Kong desde los de SNES cuenta con un control realmente adaptado al Wiimote: resulta tan divertido como el original e incluso más, porque las rutinas de movimiento están muy bien diseñadas e integradas en el juego de manera que todo fluye en un continuo desfile de excelencia plataformera.

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Donkey Kong Jungle Beat es un buen ejemplo de cómo debe adaptarse un juego de GameCube a Wii.

Con esta política de remakes de Game Cube para Wii, Nintendo demuestra una vez más su instinto de conservación y su olfato económico: ¿porqué dejar que el comprador ansioso termine dejando su dinero en el mercado de segunda mano cuando seguramente preferirá pagar un poco más por un juego nuevo a precio reducido y en un formato modernizado, cuyo desembolso repercutirá directamente en las cuentas de la empresa? De esta manera amplía el catálogo nominal de su actual consola, lanza juegos de calidad contrastada y usualmente bien recibidos por la crítica, convence al jugador de antaño, convierte al recién llegado y, de paso, exprime la rentabilidad de productos ya amortizados insertándolos en un nuevo ciclo de consumo.

Además de Donkey Kong Jungle Beat y los dos Pikmin, durante este año están previstos los lanzamientos de otros títulos como Chibi Robo, Mario Power Tennis y los dos Metroid de Game Cube. Son todos ellos juegos interesantes pero no podemos dejar de desear la reedición de otros inexcusables como Luigi's Mansion, Super Mario Sunshine, Zelda: Wind Waker, Donkey Konga, Paper Mario o F-Zero GX (imaginad un F-Zero aprovechando el Wii Motion Plus), puestos a pedir: todos son licencias de la misma Nintendo, así que volver a lanzarlos sería bien sencillo. Dudamos muy mucho que la gran N se digne a escucharnos pero, amigos de Eurogamer.es, siempre nos quedará soñar...

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