Clustertruck es caos de la cabeza a los pies, pero el desafío que supone vencerlo es uno emocionante y divertido desde el primer instante.

A pesar de que el tiempo le concediese el estatus de juego de culto, Mirror's Edge fue criticado por ciertos sectores en su día. Un punto de discusión favorito era la idea de hacer un juego de plataformas en primera persona, de lo cual el crítico Ben "Yahtzee" Croshaw dijo lo siguiente: "Recuerdo cuando la gente estaba empezando a emocionarse con el primer tráiler y yo, estando tan determinado antes como ahora a reducir expectativas, señalé que el plataformeo en primera persona funciona tan bien como un tratado de paz en la Europa del Este". Si ya es fácil meter la pata en un espacio tridimensional cuando se juega en tercera persona, poner la cámara dentro de nuestra cabeza es arriesgarse demasiado y un claro indicativo de que o eres Dios o estás como una cabra. Clustertruck camina por aquella delgadísima línea roja como si fuese un feriante del Cirque du Soleil entre cabriolas y explosiones, y lo hace con tanto gusto que hasta sus tropiezos resultan graciosos.

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La premisa es de aquellas tan estúpidas que sólo podría existir en este, nuestro querido medio, el videojuego: salta sobre los camiones hasta llegar a la meta. Si tocas algo que no sea un camión, pierdes. Y detalle importante: los camiones están en movimiento, y con ello quiero decir acelerando y frenando, en colisión, dando trompos, volando por los aires, estallando, propulsados, machacados o arrojados como si fueran un misil. Como si fuese Super Mario 3D World o Super Meat Boy, el juego se divide en mundos, nueve de ellos, cada uno con un tema y cada uno con diez niveles. Esta cohesión temática, más allá de dar ideas para la paleta de color du jour y el paisaje por el que vas dando brincos, también se aplica a la mentalidad detrás de sus desafíos, cada uno pensado para explotar distintas formas de juego. Ahora toca medir tiempos, ahora prestar atención a tu entorno, ahora ser más veloz que las amenazas que intenten destruirte, y un largo etcétera.

Clustertruck, en su interior, es un desafío al caos y un conflicto entre orden y anarquía. Estando en tres dimensiones y con camiones y no plataformas o resortes, entra en juego un factor poco habitual en este tipo de obras: la simulación física. Aunque los camiones tienen la orden de moverse de una determinada manera según el nivel, eso no significa que el resultado vaya a ser siempre el mismo. Quizá por un movimiento a destiempo, por arrancar más tarde, por algún otro factor aleatorio o incluso tu propia presencia, que ahí estás tú saltando e impactando contra estos pobres vehículos suicidas, pero nada impide que la siguiente ronda vaya a ser distinta. Se abren las puertas a la improvisación y lo impredecible, y cada nivel tiene sus desafíos establecidos y sus rutas, y ese camión ahora salta o este otro se queda parado, pero hay que estar abierto a la posibilidad de que no sea así. Es, al mismo tiempo, un error responsable de fracasos no medidos, pero también una fuente de nuevas posibilidades. Clustertruck exige reflejos, desconfiar y conocer, más que cada desafío en concreto, sus reglas generales.

El motivo por el que esta vista en primera persona funciona tan bien probablemente esté ligado a su minimalismo. El ratón se toca lo que viene siendo poco, para activar la ocasional habilidad secundaria o cuando se necesita hacer un giro brusco para cambiar de dirección, pero la mayoría de niveles pueden jugarse sólo con el teclado. WASD para moverse, Shift para correr, barra espaciadora para saltar. Entiende que aquí sólo existen dos leyes: la gravedad y la inercia. Cuanto más aceleres, más lejos saltarás, pero más te costará frenar. Los techos son ideales para coger carrerilla y salir disparado, el capó está más bajo y te permite sortear algunos obstáculos, pero también sirve de trampolín, y si consigues agarrarte a la puerta del semirremolque, puedes salir disparado de un salto y adelantar posiciones. El juego mide a la perfección si estás en contacto con un camión o en el suelo, y las habilidades de correr por el lado del semirremolque o agarrarte a él si vas con carrerilla actúan como colchón de seguridad. Al final no necesitas nada de eso y eres capaz de medir a ojo cuánto cubres de un salto según vayas más deprisa o más despacio, y entonces Clustertruck te hace suyo.

2016 está siendo una buena cosecha para quienes busquen experiencias instantáneas e inmediatamente divertidas. Ya hemos tenido Devil Daggers, Rungun Jumpgun, Barrier X y, ahora, Clustertruck, un juego capaz de hacer que te muevas como deseando que, con ello, tu personaje pueda desplazarse un poco más hacia un lado. Miras hacia arriba cuando lo haces en el juego y gesticulas con él, te hace poner cara de imbécil y entrar en tensión. Su velocidad es adictiva hasta el punto de que, incluso cuando un nivel se ralentiza y te permite simplemente esperar, te sientes impulsado a seguir, correr, saltar y llegar hasta aquella meta. Hay fases que se acaban sin que sepas cómo acabas de hacer lo que has visto, saltando entre tantos camiones en el aire, esquivando explosiones y aterrizando a velocidad terminal en ese único camión que espera junto a la meta. Sacas un lado de ti mismo, una competencia, que parecen estar oculto, o quizá sea que Clustertruck sabe cómo hacernos sentir importantes. No suele ser algo tan simple como saltar camiones primero en una autopista y luego en una catarata: hay cohetes, rayos láser, martillos que trazan arcos como péndulos y caídas libres. Tienes que darlo todo, pero hay que ver lo bien que te sientes haciendo todos aquellos saltos imposibles.

Acerca del autor

José Altozano

José Altozano

Colaborador

José lleva dando vueltas de un lado a otro en esto del periodismo de videojuegos desde 2011 y, que Dios nos proteja, ha acabado aquí como colaborador. Cinéfilo él, hipster aunque se niegue a aceptarlo, tiene además un canal de YouTube donde se le conoce como Dayo.

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