Análisis de Cadence of Hyrule

Dance till you're dead.

Las colaboraciones son un asunto espinoso. Cuando dos artistas de un mismo campo deciden unirse para crear una única obra, es difícil encontrar el equilibrio entre ambas partes, que realmente se sienta como algo único que solo sería capaz mediante dicha unión y no una especie de trabajo en grupo del colegio en el que cada uno ha elaborado su parte y se han juntado el último día. En música, por ejemplo, se suele ver el "featuring" como señal de que la responsabilidad de un miembro está por encima del otro: tú has venido a poner tus cuerdas vocales al servicio de mi canción y ahí queda tu aportación. Quizá por ello me ha sorprendido ver esa palabra en el título completo de un título que representa todo lo contrario.

Cadence, protagonista del roguelike rítmico Crypt of the Necrodancer, aterriza sin saber por qué en Hyrule. Allí un tipo llamado Octavio ha usado un laúd dorado para sumir en un sueño profundo al rey, así que pronto tenemos que elegir entre asumir el control de Link o Zelda para ponerle en su sitio. La principal diferencia entre Cadence of Hyrule y Crypt of the Necrodancer es la existencia de un mundo abierto que podemos recorrer libremente, desde donde se accede a unas mazmorras que recuerdan más al título de Brace Yourself Games.

La combinación funciona a la perfección: el juego recoge de Zelda la exploración, los puzles y los secretos que aguardan en cada esquina, pero una vez entramos en áreas dedicadas al combate es donde aparece el ADN de Crypt of the Necrodancer. Para quien no haya jugado, el combate funciona así: la música marca un ritmo que debemos seguir para movernos y para atacar, acción que se realiza automáticamente al "chocar" con un enemigo dentro del radio de acción del arma que llevemos equipada. Los enemigos se mueven al mismo ritmo que la melodía por la cuadrícula que conforma cada mapeado, desplazándose y atacando de maneras distintas en función de su tipo.

Como se puede deducir del anterior párrafo, la música es protagonista absoluta, con Danny Baranowsky (The Binding of Isaac, Canabalt) realizando un magnífico trabajo remezclando temas de Zelda. Manipular un material tan reconocible y tan ligado a la nostalgia de un gran número de jugadores es una tarea delicada que Baranowsky ha afrontado respetando las canciones originales sin perder en ningún momento su sello característico.

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Siendo un juego muy simple de controlar (para las acciones básicas sobra con la cruceta), gana mucha complejidad a través de la pautas de los enemigos, que nos obligan a tener presente hacia dónde se van a desplazar, en qué parte de la partitura van a realizar un ataque, cómo gestionar el espacio... todo ello a la velocidad de la música, que solo reduce su intensidad cuando matamos a todos los monstruos; en Cadence podemos desplazarnos libremente sin seguir el ritmo cuando limpiamos un sala de enemigos, algo bastante útil para resolver los puzles. En esta ocasión contamos además con multitud de objetos sacados de los Zelda con normas adaptadas a la música: para disparar el arco tenemos que cargar y soltar coincidiendo con golpes de ritmo, por ejemplo.

Hay muchísima más tela que cortar en cuanto al combate (mantener el multiplicador, equipamiento temporal o con desgaste, armas modificadas...) pero en general el juego hace bien el trabajo de darle una capa de accesibilidad al juego para quien nunca ha probado el Necrodancer, que claramente lleva la voz cantante en cuanto a peso mecánico. Para quien tiene más experiencia, el juego ofrece opciones para elevar la dificultad de la experiencia, incluyendo un modo permadeath, doble velocidad o un reto diario.

El Hyrule de este título está claramente inspirado en el de A Link to the Past, aunque recoge elementos y localizaciones de otros títulos, especialmente en el apartado de los enemigos. Donde más se notan las referencias es en un apartado visual precioso, con unos colores vistosos y deslumbrantes: es impresionante hasta qué punto se mantienen vigentes diseños de un juego de hace 28 años. También tiene un gran mérito el trabajo que se ha realizado para adaptar algunos enemigos del Necrodancer al universo de Zelda e integrar enemigos reconocibles como los bokoblins en el estilo de A Link to the Past. El juego tiene una personalidad a la vez única y familiar, que se acuerda también de referenciar a Necrodancer en las mazmorras.

Quizá el mayor pero de Cadence en las comparaciones con Zelda es la reducción de la complejidad de las mazmorras. El avance suele ser el siguiente: llegas a un hub central, subes unas escaleras, buscas una sala repleta de enemigos que se cierra cuando entras, consigues una llave al matarlos a todos, la usas para acceder a una sala con un minijefe, le vences y desbloqueas un atajo a unas nuevas escaleras a las que puedes ir directamente desde el hub central, así que si mueres no tienes que repetir la mazmorra entera. Es una pena que no se exprima más el componente de puzle de las mazmorras de Zelda, sobre todo porque no es algo que esté ausente en el juego: aparece muy a menudo en el mundo abierto y en las salas secretas.

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Para rematar las mazmorras hay unos jefes finales muy divertidos y que nos harán morir más de una vez, aunque en general es bastante más fácil que Necrodancer (de esperar, por otra parte, ya que va dirigido a un público más amplio) y el castigo es menor, ya que hay checkpoints frecuentes en forma de piedras Sheikah que nos permiten teletransportarnos por el mapa. Al igual que en el original, la muerte supone perder casi todo lo que llevamos encima; la excepción son los objetos desbloqueados y los diamantes que podemos intercambiar por mejoras para la nueva vida que vamos a comenzar.

Es una pena que no haya más jefes o, en general, más Cadence of Hyrule. La historia se puede acabar en un par de tardes sin problemas, aunque tiene secretos y modos extra de sobra para que el juego dure más. Ser breve tiene sus ventajas (no te hace perder el tiempo en ningún momento) pero también queda la sensación de que el juego podría haber ido aún más allá explorando la forma en que ambas franquicias se pueden recombinar para dar lugar a nuevas ideas.

Cadence of Hyrule es bonito, vibrante e imaginativo; también breve, pero siempre sabe llevar un buen ritmo. El subtítulo del juego es "Crypt of the Necrodancer feat. The Legend of Zelda"; lo cierto es que el juego de Brace Yourself Games no es un Necrodancer con una skin del Zelda ni un Zelda con elementos de Necrodancer. Su triunfo es, precisamente, haber sabido coger de uno y otro lado para ensamblar un título especial que trata con el mismo cariño y respeto a ambas franquicias.

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Acerca del autor

Jaime San Simón

Jaime San Simón

Redactor

Jaime lleva en Eurogamer.es desde los inicios y es nuestro experto en juegos indie. Tú ponle ahí cuatro píxeles hechos con amor y ya le puedes dar megatones hiperpoligonizados, que él, se quedará con lo primero.

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