Avance de Breakaway

La nueva moba.

A pesar de que no tengo mucha experiencia real como jugador con el género de los MOBA, ni tampoco con el fenómeno de los eSports ni con la competición, es una corriente interesante y a la que tengo mucho cariño a nivel personal. Vengo de la televisión, y gracias a esa otra rama profesional en mi vida, que se acabó juntando con los videojuegos, estuve trabajando una temporada con la LVP. En los eventos presenciales como las Final Cup de Gamergy, las finales a nivel nacional, hay un despliegue audiovisual cada vez mayor para retransmitir el juego y la competición en directo, siempre pensando en el espectador. Solía encargarme de regir algún escenario grande, que casi siempre era el de Call of Duty, y estoy muy contento de que así fuera. Las partidas son frenéticas, espectaculares, un tira y afloja constante como si fuese un partido de baloncesto, algo acelerado, y a tu alrededor una grada con cientos de personas coreando un nombre y las voces de los casters vibrando en cada rincón. Disfrutaba mucho de ese trabajo, no solo porque me guste per se, sino también por aquel espectáculo. Creedme que poca gente menos interesada en el Duty que yo vais a encontrar (ya ocupó en su momento un hueco importante en mi vida como jugador), y lo acabé amando gracias a esa forma de aplicar la competición.

Al igual que con Call of Duty, en su momento, cuando era más joven y como todo el mundo, jugué una temporada a League of Legends. También como todo el mundo lo acabé dejando, harto de perder años de vida a base de enfados y peleas. En general me gusta la competición si está bien enfocada y he vuelto a competir hace poco gracias a Overwatch, al que me gusta dedicarle tiempo de forma individual y competitiva, y es maravilloso. El hecho de que te guste competir hace que también te pueda gustar ver a otros competir, aunque no sea el único motivo, pero al fin y al cabo los eSports nacen y se desarrollan alrededor de esa idea, el enfrentamiento y la competición. Hay algo genuino en estos tres ejemplo, y creo que el secreto de su éxito rotundo se debe fundamentalmente a dos razones: son increíblemente buenos en lo suyo, los mejores, y además, llegaron los primeros.

Esas dos ideas son los puntos de inflexión por los que está pasando el fenómeno ahora mismo, probablemente. Es irónico y curioso a partes iguales que el mundo de los eSports sea un mundo competitivo en si mismo, por el hecho de que solo vas a poder destacar si tu juego es literalmente el mejor. Y si lo consigues, nada te garantiza el éxito, ya que seguramente hay gente que ha llegado antes que tú y tiene de su lado a la comunidad. Además, el fenómeno de los eSports nació después de los propios juegos, no fueron creados a propósito para ello. Fue algo natural que nace solo desde la comunidad de jugadores, y por eso hay algo extraño en los nuevos juegos que son creados como eSport desde el principio, cuando es imposible. Es un pecado común de exceso de confianza, pues necesitas de un compromiso por parte de muchos jugadores que no sabes si finalmente vas a tener, y sin ellos el juego sencillamente no funciona.

Breakaway es uno de ellos, y no acaba de cumplir ninguna de las principales condiciones, pero sobretodo nos vamos a centrar en una, pues lo de llegar el primero ya iba a ser imposible. Solo tuve oportunidad de jugar una partida completa, pero es más que suficiente para entender el núcleo de la propuesta: dos equipos de cuatro jugadores, en el que cada uno de ellos escoge un héroe entre muchos de diferentes clases, y se enfrenta al otro equipo en un mapa relativamente pequeño por la posesión de una pelota. De alguna manera, en un entorno similar a un MOBA clásico, con personajes, roles, habilidades, ultis, incluso bases con torres que las defienden, introduce un elemento que centraliza toda la acción a su alrededor, la pelota, pues el objetivo es como en el deporte rey: marcar en la portería contraria y que no marquen en la tuya.

De primeras, la propuesta es genérica e insípida, pero de un modo u otro funciona. Hay una buena variedad de roles, desde personajes centrados en el daño a distancia hasta los que solo funcionan con melee, quizá algo clásicos, pero entre los que parece haber un buen equilibrio, algo importante en un juego de estas características. La acción, tal y como pretendían, siempre se encuentra en un punto, y es algo negativo por idea y ejecución, pero si los jugadores aprenden a jugar correctamente ese balón va a ir moviéndose constantemente entre los jugadores de un mismo equipo, recordando mucho a un partido de rugby. Es negativa la propia mezcla entre la receta del MOBA y algo como una pelota precisamente por sus intenciones y por conseguirlo: concentrar toda la acción alrededor de un solo elemento y hacerlo en arenas pequeñas, apenas sin rutas independientes unas de otras, hace que la fórmula del propio MOBA se resienta y pierda por el camino las cosas que lo hacen único y tan efectivo. Prácticamente no se dan enfrentamientos individuales, no hay cambios de línea, flanqueos, ni guardias por emplazamiento, y las diferencias entre los héroes se reducen al enfrentamiento entre equipos. De alguna manera, Breakaway es un teamfight constante y eterno por la posesión de una pelota, y eso es reducir la competición a una pequeña parte de lo que es. Esto, que no lo consideraría un fallo per se sino un mal enfoque, se puede considerar una decisión de autor y como tal, respetable mientras funcione. Y funcionar, funciona: aunque los combates son extremadamente caóticos y desordenados, es entretenido. Es el otro plato de la balanza, que el hecho de hacerlo menos competitivo, más loco, más libre de ataduras, le quita tensión al asunto y lo hace más divertido, y además es una diversión directa a la que es fácil y rápido llegar.

Aun así, es una sensación inicial y hay curiosidad por ver cómo se desarrollarán las partidas en el juego final, y solo por el hecho de intentar ir en contra de las raíces y tomar un camino diferente puede ser interesante. Como decíamos antes, quizá la diferenciación que pretender provocar hace que sean los primeros, pero Breakaway deja dudas, y esas dudas tienen que ver con el otro punto, el que parecía que sería más fácil de alcanzar para ellos: ser los mejores en lo suyo.

Ir a los comentarios (1)

Acerca del autor

Chuso Montero

Chuso Montero

Redactor  |  ChusoMMontero

Montador de televisión exiliado y ska-punk malhablado de Carabanchel, ahora intenta dedicarse a la crítica de videojuegos. Lleva patillas, juega al fútbol americano y rinde culto a Cańita Brava en su Twitter: @ChusoMMontero

Contenido relacionado

También en Eurogamer...

Comentarios (1)

Ya no se pueden publicar más comentarios. ¡Gracias por tu aportación!

Ocultar los comentarios con baja puntuación
Orden
Hilos