Análisis de la Blaze Evercade

Edición coleccionista.

A lo largo de los últimos años han proliferado enormemente las consolas chinas basadas en emulación, pequeños dispositivos portátiles en los que los usuarios cargan tarjetas SD con cientos o miles de ROMs de todo tipo de sistemas. Más allá de las consideraciones legales sobre la posible piratería en las que se incurre y sobre la (a menudo deficiente) calidad de la emulación que ofrecen, esas máquinas demostraron que había un mercado y un interés por parte de muchos usuarios por lo retro. Las grandes lo vieron, y eso supuso la llegada de máquinas como la NES Mini o la Mega Drive Mini, las cuales ofrecen dentro de una carcasa que mimetiza el hardware original una colección cerrada y no ampliable (de forma oficial, al menos) con un pequeño puñado de juegos.

Sin embargo, la compañía británica Blaze ha optado por algo distinto. Su nueva máquina, la Evercade, es una consola portátil retro... pero una que funciona con cartuchos, que se venden en cuidadas ediciones físicas y que cuentan con la licencia oficial de los juegos incluidos en su interior. Como amante del retro y coleccionista, esta filosofía me intrigó desde el primer instante. También lo hizo el precio, porque la Evercade se pondrá a la venta en nuestro país el próximo día 12 de junio, en dos bundles distintos. El primero, el Starter Pack, costará 69,99€ e incluye la consola y el cartucho Namco Museum Collection Volume I. El segundo, el Premium Pack, incluye todo lo anterior más otros dos cartuchos, el Atari Collection 1 y el Interplay Collection 1, por un precio de 89,99€. Es un coste más que razonable para lo que promete Blaze.

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La primera impresión tras sacar la consola de la caja es bastante buena. Es un hardware robusto y aparentemente resistente, con un diseño de seis botones (cuatro frontales y dos gatillos) pensado para rememorar ligeramente al de las consolas de los ochenta y una cruceta sorprendentemente buena, un aspecto en el que este tipo de productos suele dejar bastante que desear. El tamaño y el peso son otro punto a favor, con un equilibrio entre ambos que hace que la Evercade se sienta muy bien en nuestras manos. Ya pasando al interior encontramos un SoC Cortex A7, una batería que ofrece entre cuatro y cinco horas de autonomía, un puerto Micro USB para la alimentación, una salida Mini HDMI para conectar la máquina al televisor y un minijack stereo de 3,5mm para los auriculares.

La pantalla es quizás el aspecto más polémico del hardware, en el que se aprecian más sombras que luces. La Evercade monta un panel de 4.3 pulgadas con resolución 480x272 - la misma de la PSP - con tecnología TN. La parte buena es que esto permite que el tiempo de respuesta sea bastante bajo y se eliminen los efectos de blur y ghosting, pero la mala es que el precio a pagar son unos ángulos de visión bastante pobres. Cuando estás bien colocado y el ángulo es el correcto la pantalla se ve relativamente bien, pero un pequeño cambio puede hacer que la calidad de la imagen se reduzca bastante, perdiendo color y contraste. Otro aspecto chocante es que la pantalla no tenga un formato 4:3 y opte por un ratio de aspecto más panorámico, pero esto tiene su explicación lógica: los desarrolladores de Blaze pensaron en ella como una solución más versátil, preparada para otros sistemas aparte de los inicialmente planeados. Y así ha sido; al optar por este formato los juegos de Lynx de las dos colecciones que se pondrán a la venta más adelante se verán perfectamente en la portátil.

Y también en el televisor, porque una sorpresa agradable es ver que la Evercade se puede conectar al televisor fácilmente con un cable Mini HDMI a HDMI (no incluido en la caja, eso sí). La salida, como en las miniconsolas que se han puesto a la venta en tiempos recientes, es de 720p con un escalado muy sólido, aunque no posee opciones de personalización como filtros o scanlines y se queda simplemente con un selector para ver la imagen en 4:3 o estirarla a 16:9 para que ocupe toda la pantalla. Y no penséis que la Evercade funciona como una Nintendo Switch, permitiendo cambiar entre el modo portátil y el televisor al vuelo y de forma instantánea, porque no es así. De hecho, si estás conectado al televisor y desenchufas el cable HDMI la consola se apaga y vuelve a encender, un comportamiento que puede provocar accidentalmente que perdamos el progreso en la partida y que nos gustaría que se arreglase en un futuro mediante una actualización de firmware.

Pero para mi lo que de verdad marca la diferencia entre el éxito y el fracaso en una consola retro es la calidad de la emulación, y me alegra poder decir que este apartado Blaze aprueba con nota. El catálogo actual de juegos está compuesto por títulos de Atari (2600 y 7800), NES, SNES y Mega Drive, y en todos los casos la consola emula los juegos de forma precisa y fiel, sin ningún tipo de problema y realizando un trabajo estupendo incluso en aspectos más peliagudos como podría ser, por ejemplo, el sonido de los títulos de Mega Drive. Resulta obvio que el equipo de desarrollo de la Evercade ha sido muy cuidadoso a la hora de priorizar todo lo referente a la emulación de los distintos sistemas, como lo demuestra el hecho de que, por ejemplo, para emular la Mega Drive se haya contado con el programador Michael Pavone para portear y optimizar BlastEm, uno de los mejores emuladores para PC de la consola de Sega, en la Evercade. Y aunque, como decíamos, no hay filtros para la imagen, sí hay un cómodo sistema de savestates para guardar las partidas.

Sin embargo, hay dos decisiones de diseño que me han resultado cuanto menos discutibles. O más bien una, porque la primera se ha solucionado antes del lanzamiento mediante una actualización opcional de firmware (lo cual demuestra la atención y mimo del producto por parte de Blaze): el su primera iteración el mapeado de los botones era extraño en varios sistemas, con botones asignados al revés de lo habitual, pero tras instalar el parche la disposición es mucho más natural. El segundo pero, en cambio, no tiene solución de momento, y es que la Evercade es una consola para un solo jugador. Aunque los juegos conservan sus modos originales para dos jugadores (una especie de future proofing, según Blaze, para asegurar que en una eventual Evercade 2 que sí tenga esta función puedas usar tu biblioteca de juegos), no se puede conectar un pad extra para jugar con un amigo ni siquiera con la consola conectada al televisor. Es una pena, aunque también se entiende que Blaze pretende ofrecer una experiencia muy concreta, pensada para disfrutar en solitario, con estos títulos.

Y la variedad de los mismos es interesante. Hay cuatro colecciones que están muy bien pero ya hemos visto más o menos en otras plataformas (las dos de Atari y las dos de Namco), así que llaman más la atención las de Interplay (con los dos Earthworm Jim, Clayfighter, Battle Chess y Prehistorik Man, entre otros), la de Data East (con clásicos como Bad Dudes, Burger Time, Midnight Resistance o Joe & Mac 2, por ejemplo) o la de Technos (ideal para fans de los beat 'em up al incluir los míticos Double Dragon, Double Dragon 2, Renagade y River City Ransom). La guinda del pastel, y una opción muy atractiva, son el cartucho con una colección de ocho juegos de Mega Cat Studios, una pequeña compañía que hace juegos a día de hoy para consolas retro, y otro con veinte juegos de Piko Interactive, una editora que recupera juegos inéditos que no llegaron a publicarse o que en su momento no se localizaron en inglés. En total la Evercade llegará a las tiendas acompañada por diez cartuchos, cada uno de los cuales incluye entre seis y veinte juegos cada uno. Para los próximos meses ya hay confirmados otros cuatro: uno con los juegos de Mega Drive Xeno Crisis y Tanglewood, dos con una selección de títulos de Atari Lynx y uno con una colección de juegos desarrollados por los hermanos Oliver, cuyos beneficios se destinarán al National Videogame Museum de Sheffield.

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Aunque me choca la decisión de optar por las versiones de consola de títulos como Double Dragon o Bad Dudes - los desarrolladores me explicaron que era para no marear al usuario con ratios de aspecto y resoluciones muy variables - en vez de las originales de recreativa, lo cierto es que al final la Evercade presenta una biblioteca de videojuegos la mar de apañada. Para usuarios que no hayan jugado a esos títulos es una puerta de entrada fantástica para meterse en el mundo del retro y descubrir algunos de los grandes clásicos del medio. Para los que vivimos esa época, es un recordatorio de los que hizo amar en primer lugar los videojuegos y una buena forma de iniciarse en el coleccionismo. Porque la política de precios, además, es perfecta: 17,99€ por cartucho es un precio más que razonable, y al venir en formato físico, todos en su caja de plástico, con el cartucho y un pequeño manual impreso a todo color en su interior, se incentiva con éxito el factor coleccionismo. Es un sistema, de verdad, con el que me veo coleccionando la biblioteca completa y haciendo sitio en una estantería para lucir las pequeñas pero bonitas cajas.

Hay algunos aspectos controvertidos en el hardware de la Evercade, especialmente las limitaciones de una pantalla que evidentemente ha sacrificado calidad para abaratar costes, pero por lo general estoy enamorado de su concepto. Blaze ha entendido lo que no comprendieron ni Nintendo, ni Sega, ni muchas otras compañías, que es que el retro comercial y licenciado gana mucho si está enfocado en el coleccionismo. Para los que defendemos el formato físico las cuidadas colecciones para la Evercade son muy atractivas, y la selección de juegos anima a descubrir rarezas y a seguir disfrutando de grandes clásicos. Eso, sumado a un precio ajustado y nada prohibitivo, hacen de la Evercade un producto bastante recomendable. Habrá que ver cuál es la respuesta del público, pero desde luego no se puede negar que Blaze ha puesto ganas y ha sido valiente sacando algo distinto al mercado. Esperemos que la apuesta les salga bien.

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Acerca del autor

Josep Maria Sempere

Josep Maria Sempere

Director  |  kr3at0r

Jose es fundador de Eurogamer España y el director de su línea editorial y de contenidos. Ama el punk-rock, el cine palomitero de Hollywood, los simuladores de submarinos, la sci-fi, los cacharros de Apple y la década de los 80. Puedes leerlo también en su Twitter o verlo en su canal de Twitch.

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