Análisis de A Total War Saga: Troy

A Troya voy, de Troya vengo.

Mi primera campaña en A Total War Saga: Troy, el nuevo juego de estrategia de Creative Assembly, terminó estrepitosamente en unos doce turnos. Había decidido escoger a Eneas como Héroe Épico, porque no quería lanzarme de cabeza a la guerra de Troya nada más empezar. Resulta que Eneas ya estaba enfadado con un vecino. Resulta que gano al vecino y luego, antes de que pueda recuperar mis fuerzas, me declara la guerra otro, que me barre en pocos turnos.

Y eso que Eneas está considerado uno de los comienzos en dificultad fácil.

Este clamoroso fracaso sirvió para tener una primera toma de contacto con el juego. La saga Total War consta, hasta la fecha, de quince entregas, incluyendo Troy. De todas ellas, la que me tuvo un verano entero enganchada fue Medieval II: Total War; todavía recuerdo cómo, a pesar de ser llamado Total War, una vez tuve el control de los territorios que me interesaban mi objetivo fue forjar alianzas matrimoniales y asegurarme que nadie me atacara.

En Troy, empecé intentando centrarme en un apartado más diplomático, pero la intención del juego es que te mojes, que te lances de cabeza a la guerra. Que abraces la estrategia. Para quien nunca haya jugado a un juego de la saga y quiera empezar aquí, se encontrará con un juego por turnos centrado más en el apartado bélico que en el diplomático; podremos escoger entre ocho héroes épicos, divididos en dos facciones: los dánaos (entre ellos Esparta) y Troya. Una vez hecho esto, tendremos libertad para decidir qué hacer.

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La guerra de Troya transcurrió durante diez años y es el tema central de la Ilíada, de Homero. La existencia de la ciudad y dicha guerra (e incluso la del propio Homero) se ha discutido a menudo, lo que ha llevado a que en nuestro imaginario colectivo el mito y la Historia se hayan fundido. Es un relato épico, en el que elementos míticos como los dioses se presentan tan reales como todo lo demás. A Total War Saga: Troy hace un intento por transmitirnos esto. Voy a confesar que al principio fallé en verlo, pero fue durante mi segunda campaña cuando finalmente cedí y empecé a jugar como el juego me pedía que lo hiciera.

Y ahí lo vi.

Es un título en el que la guerra tiene un protagonismo indiscutible. Es lo que empuja a los personajes y al jugador. Porque al ser esta la guerra de Troya, elegimos entre ocho Héroes Épicos, cuatro dánaos y cuatro troyanos. Cada uno tiene habilidades especiales que podrán ayudarnos en nuestra campaña además de en el campo de batalla. Todos tienen sus propios objetivos, ya que hay dos formas de victoria: homérica y victoria absoluta en la guerra (en mi opinión, es un fallo no haberlo llamado Victoria Total en la Guerra, pero bueno). Estos héroes, además, cuentan con un inventario con objetos que les darán mejores estadísticas en combate, lo cuales se pueden conseguir tanto en eventos como tras ganar una batalla. Yo, de hecho, me quedé con la espada de Héctor de Troya después de que me atacara y le derrotara.

Mi primera partida fue con Eneas, quien según la Eneida de Virgilio tras caer Troya huye junto a lo que queda de su pueblo y acaba en Italia, donde se casa con Lavinia y de sus descendientes surge Roma. Pero esto, ahora, no importa. Eneas pertenece al bando troyano y su habilidad personal consiste en oír las voces de los héroes caídos. Es un héroe cuya gracia reside en su espiritualidad, lo que contrasta con mi segunda campaña.

Tras perder estrepitosamente, escogí a Ulises (técnicamente debería llamarse Odiseo, pero lo voy a dejar pasar). Ulises tiene un inicio de partida considerado difícil. Se encuentra en guerra en su propia provincia y está bastante alejado de aliados y, en general, de Troya. Su habilidad especial, sin embargo, es muy útil: sus espías pueden construir asentamientos en ciudades enemigas.

Al contrario que con Eneas, me lancé rápidamente a la batalla. La primera de ellas fue contra un ejército superior al mío, por lo que jugué manualmente y no le di a autorresolver (todas las batallas tienen varias opciones para lidiar con ellas, entre ellas la victoria o derrota automática). Troy, al igual que anteriores juegos, hace que sientas al mismo tiempo que todo está perdido y que puedes ganar.

Antes de la batalla, colocar bien a tus tropas y aprovechar el terreno es esencial. Dividí mi ejército en tres grupos: dos de infantería y uno a distancia. Como Ulises utiliza arco, lo dejé con los últimos. Aquí cometí mi primer error, porque al ser un Héroe Épico, las tropas tienen mejor moral cuando las acompaña. La moral es esencial para que permanezcan en batalla y no abandonen aunque todo parezca perdido. Nuestros héroes, que también pueden ser generales que reclutamos en las ciudades, tienen también habilidades que van ganando según suben de nivel que pueden ayudarnos.

Las tropas que reclutemos tienen también sus propias estadísticas. Así, alguna infantería puede tener moral baja o ser débil ante la caballería. Las tropas que usen munición pueden quedarse sin ella, pero tendremos la opción de pasarlas a ataque cuerpo a cuerpo. Las órdenes que podremos dar en el campo de batalla no son muchas, pero quitando algún botón para organizar las formaciones y no tener que hacerlo a mano, me han parecido suficientes.

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Como ya hemos dicho, aprovechar el terreno es esencial. Siempre lucharemos en tierra, ya que por desgracia no existen batallas navales como en otros Total War. Los bosques y la hierba alta dificultan la visibilidad, pero también reducen el daño por proyectiles y dan ventajas a unidades concretas. En una batalla contra un ejército bien abastecido de honderos sobreviví gracias a que los bosques reducían ese daño. En mi primera batalla, sin embargo, lo que me salvó a pesar de mi error de gestión del héroe fue la estrategia en sí. Divide y vencerás: una pelea perdida se convierte en ganada porque esperé a que mi segundo ejército, escondido, atacara la espalda del enemigo.

La estrategia, las estadísticas y las habilidades que usemos son nuestros mejores aliados en el campo de batalla, pero también fuera de éste. El mapa en el que jugaremos abarca la Grecia clásica y un poco más. Tendremos que gestionar nuestros territorios, divididos en provincias, que a su vez se dividen en asentamientos. Controlar la capital de la provincia nos dará ventaja, ya que las mejoras dependen de la capital. El juego te anima así a que vayas a la guerra, te quedes con provincias enteras y no des al enemigo la ventaja de depender de él. En mi partida, por ejemplo, tomé un asentamiento pero no la capital de la provincia, por lo que tuve que esperar a que la facción que la controlaba subiera el nivel para poder construir un edificio clave de reclutamiento. Contaremos también con un panel de decretos que tardarán, por lo general, varios turnos en hacer efecto pero que mejorarán nuestra producción de recursos, tropas, influencia, felicidad de la población y otras estadísticas.

Gestionar ciudades y las batallas no es lo único que podremos hacer en Troy. Tendremos varios tipos de agentes, como espías, emisarios y sacerdotisas, además de agentes especiales, que funcionan como en anteriores entregas de la saga. Como con los héroes y generales que reclutemos, los agentes también subirán de nivel e irán mejorando sus habilidades. Elegir una habilidad siempre descartará otra, por lo que es importante tener claro para qué quieres usar a tu agente, Héroe o general, ya que la guerra no siempre es directa. Está sujeta a muchos factores y si puedes envenenar su pozo o matar a ese general de nivel 6 para que pongan al general de nivel 1, lo haces porque lo mismo así te ahorras un asedio más complicado de la cuenta.

También tendremos nuestro panel de diplomacia, donde podremos discutir si tal facción te concede acceso militar a cambio de recursos, si le declaras la guerra, exiges un territorio o simplemente quieres comerciar con los recursos. Los recursos se generan en las ciudades, y cada asentamiento es especialista en un tipo de recurso, por lo que tienes que estar atento a qué te falta y qué es lo que piden el resto de facciones.

Pero esto no es todo.

¿Sabéis quién más medró en la guerra de Troya? los dioses griegos, por supuesto. De hecho, todo comenzó porque dejaron que Paris decidiera qué diosa era más hermosa: Hera, Atenea o Afrodita. Afrodita le ofreció el amor de Helena de Troya y él aceptó, lo cual llevó a que más tarde ambos se fugaran (o a que Paris la raptara, dependiendo de la versión). El marido de Helena, Menelao, juró venganza y perseguirlos. Esta intervención de los dioses en la guerra también está presente en el juego: podremos ganarnos su favor, lo cual se traduce en mejores estadísticas, tanto realizando plegarias como hecatombes. Y de forma aleatoria aparecerán eventos en los que estarán involucrados.

La línea que separa el mito de la Historia se difumina en A Total War Saga: Troy. Podremos reclutar agentes especiales como faunos, y también tropas como centauros. Algunos dioses se enfadarán con nosotros y otros, por el contrario, nos apoyarán en nuestro cometido.

Pero, ¿cuál es nuestro objetivo en el juego? Como ya hemos dicho, hay dos tipos de victorias. Las victorias absolutas incluyen conseguir cien asentamientos y son comunes para todas las facciones. La victoria homérica, por el contrario, está relacionada con la propia guerra de Troya y está personalizada para cada facción. Así, en los objetivos de Aquiles estará alcanzar el nivel 27 pero en el de Ulises a quien tendremos que subir al nivel 27 es a un agente nuestro. Con Menelao tendremos que recuperar a Helena y con Paris lograr 700 puntos de favor con Afrodita.

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Troy tiene suficientes capas como para ser un buen juego de gestión, aunque la interfaz sigue siendo prácticamente la misma que es en anteriores entregas y la guía podría estar mejor. El juego, eso sí, está doblado al castellano. En lo referente a bugs, con mi ordenador eran frecuentes las caídas en el frame-rate, y al cerrar el juego me daba error y la aplicación dejaba de funcionar. Pero no sé hasta qué punto esto era fallo del juego o de mi propio equipo, que va necesitando una actualización. Aparte de esto, ningún otro error reseñable. Esto es de las pocas cosas que han empañado una experiencia que ha sido en general positiva.

Troy no es el mejor juego de estrategia, pero la saga Total War lleva demasiadas entregas a la espalda como para saber qué funciona y qué no. Echo de menos más opciones diplomáticas, aunque sean para ayudar a los aliados, y las batallas navales. Pero quitando esto, me he divertido jugando con él. Me he divertido intentando estrategias alocadas como esconder todas mis tropas en un bosque para evitar los proyectiles, usar tropas como cebo para localizar y aislar al general enemigo y acabar con él y la moralidad de su ejército o poner a todos mis soldados a defender el centro de mi asentamiento.

Si estás buscando la experiencia clásica de un Total War, Troy es el juego para ti. Se podría decir que no innova mucho, pero honestamente creo que no necesita hacerlo: es divertido, entretenido y come horas. Nos traslada a la Grecia clásica, a un mundo donde los dioses intervienen, algunos escuchan a los muertos y la gloria es para los que se lanzan a la batalla. Y aun así deja que tomemos las riendas para disfrutar, a nuestro ritmo, de un buen juego de estrategia. Y esto, para mí, es suficiente.

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Acerca del autor

Carmen Suárez

Carmen Suárez

Colaboradora

Licenciada en Periodismo. A veces escribo y hasta me han publicado en Deus Ex Machina y algún que otro sitio. Juego a videojuegos porque necesito obsesionarme mucho con algo. Lo único que me quita el sueño es la cafeína y no saber cuándo va a salir Mount & Blade II: Bannerlord. Me puedes encontrar en Twitter como @Saurrrez.

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