La mayoría de los aficionados a los juegos de conducción no tienen últimamente demasiados motivos para quejarse. Generalizando, los últimos años han traído noticias fantásticas. Hemos visto el esplendor de la saga Project Gotham con su cuarta entrega y la continuación del duelo entre Forza Motorsport y Gran Turismo, si bien el de Polyphony Digital se presentó en la batalla sin la mitad de sus pertrechos. Midnight Club y Need for Speed se han batido por el trono del mundillo tuning y arcade resultando en la rendición incondicional del segundo, que se dedicará a otros menesteres en el futuro. Hemos sido testigos también del irregular pero bienvenido desembarco de SimBin en consolas, el resurgir de las carreras off-road de Motorstorm y PURE, y el relanzamiento de sagas clásicas de SEGA como OutRun y Sega Rally.

No han sido las únicas reinvenciones: por el camino, la saga del malogrado Colin McRae se ha alejado del WRC —en parte— con Dirt, y Codemasters ha aprovechado el tirón de sus Race Driver, a su vez un reinicio de los clásicos TOCA, para empezar casi de cero con GRID. El de Burnout Paradise fue un cambio más sutil, adaptando su fórmula ya clásica a un espacio sandbox con estupendos resultados, especialmente en su reedición completa. Y están los que no han cambiado nada pero que podemos volver a disfrutar gracias a los servicios de descarga digital, como GTI Club+ o Wipeout.

En resumen, y como decía al principio, ha sido una buena época para el aficionado. Claro que está en nuestra naturaleza acostumbrarnos con rapidez a los tiempos de bonanza y sufrir como benditos cuando se nos agotan. Toca ahora reflexionar, en estos días post-E3 que vienen a ser el Año Nuevo de este mundillo, sobre lo que viene, lo que significará para nosotros y, más importante aún, si nos hará felices.

El gran duelo

Por supuesto, después de la feria de Los Angeles la mayoría de pilotos de salón, o por lo menos la mayoría de los que juegan en consola next-gen, han centrado su atención en ese duelo dialéctico que han mantenido Forza Motorsport 3 y Gran Turismo 5 (de ahora en adelante, Forza 3 y GT5). Siendo completamente sinceros el enfrentamiento no ha sido tal, y más bien se ha limitado a un par de declaraciones provocativas de Turn 10 ante el habitual silencio educado de Polyphony. En cualquier caso a nadie se le escapa que ésta va a ser una oportunidad excepcional para la franquicia de Microsoft, siempre con menos crédito que la de Sony, de mostrar su valor real cara a cara ante su némesis. No es la primera vez, por cierto, que el lanzamiento de nuevas entregas de ambos títulos coinciden dentro de un margen de tiempo razonable, así que será interesante ver cómo se han desarrolado de forma paralela. Turn 10, por el momento, cree en su nueva criatura. Y Microsoft ya ha dejado claro en el E3 que la apuesta también es seria por su parte: su anuncio recibió un puesto de honor en su conferencia y fue promocionado a lo grande en su stand.

Promoción aparte, es el contenido la evidencia palpable de su compromiso: 400 coches es una cifra poco común, aunque GT ya se haya acostumbrado a superarla, pero su promesa de incluir más de 100 circuitos es algo extraordinario, y más si tenemos en cuenta su intención de esforzarse en proporcionar más variedad de entornos al jugador. En este E3, por cierto, ya se pudo ver una representación de la montaña de Montserrat lo suficientemente fiel como para ser reconocida por uno de mis compañeros —vecino de la zona—. Turn 10 alardeó de un nuevo sistema de físicas, tan delicado que al parecer emula la deformación de los neumáticos en curva, y mostró una fijación especial con las vueltas de campana, que incomprensiblemente sigue siendo un asunto casi tabú para muchos simuladores.

Algunas ceños se fruncieron en impulso pavloviano cuando, en medio de tanta buena noticia, se mencionó la preocupación del estudio por hacer un producto accesible a todos. Una expresión peligrosa en los últimos tiempos, la de 'accesible para todos', aunque al parecer y tras las primeras impresiones con la demo, el juego se limita a ofrecer ayudas aún más activas para los novatos, por supuesto siempre desactivables, y un sistema de rewind para enmendar errores sin arruinar la carrera. Los puristas se sentirán —nos sentimos— incómodos, pero no debería ir más allá de eso. A cambio agradeceremos la inclusión de una vista en cabina y unos estables 60 fps, siempre según las promesas de los desarrolladores.

Por supuesto Polyphony no se quedó callada. Bueno, en realidad sí. Los de Kazunori Yamauchi no son amigos de grandes anuncios y prefieren seguir con su trabajo pulcro y obsesivo, pero se descolgaron con un interesante tráiler y alguna mención vaga a una posible salida a finales de 2009 o principios de 2010, —si no se anuncian más retrasos, cosa harto improbable— solamente unos meses después de Forza 3, franquicia, por cierto, que ha nacido y crecido con tres entregas, si cumplen los plazos, en el intervalo que ha necesitado Polyphony para desarrollar esta última. Eso habla a las claras de la libertad que disfruta el estudio nipón para hacer su trabajo sin presiones. De GT5 sabemos poco, y lo que nos llega suele venir, curiosamente, de medios ajenos al mundo del videojuego. Yamauchi se muestra mucho más cómodo en actos relacionados con el motor y su prensa especializada, y suele reservar para ellos los pocos detalles concretos que conocemos sobre el juego. Gracias a estas confesiones sabemos que GT5 incluirá condiciones meteorológicas variables en tiempo real, carreras nocturnas, un online remozado —tras el fiasco injugable de Prologue—, canales de vídeo relacionados con el mundo del motor y, esto es algo pequeño pero muy importante para algunos de nosotros, el circuito de pruebas de Top Gear en Bedford.

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Manuel Pérez

Manuel Pérez

Colaborador