Adr1ft es un juego que no tendría sentido sin Realidad Virtual, al igual que tampoco lo tendría si Adam Orth no se hubiese visto envuelto en una polémica desgarradora que le hizo perder su trabajo como director creativo de Microsoft y lo puso en el centro de las dianas de medio internet.

¿Os suena el nombre? Quizás lo haga el hastag #dealwithit. Adam Orth defendió la política de always online de Microsoft con demasiada vehemencia y si bien es cierto que lo hizo desde su cuenta personal también lo es que rompió con esa línea de lo políticamente correcto, de corporativismo, y mucha gente tomó sus palabras como las de Microsoft. Hubo un linchamiento público muy desagradable. La consecuencia era obvia: para distanciarse de sus estrionismos la fabricante de la Xbox One decidió prescindir de sus servicios. Orth, al que hemos entrevistado tras probar Adr1ft, describe esa experiencia -sin referirse a ella, y tampoco hemos querido meter el dedo en la llaga- como algo traumático que cambió su vida y que hundió sus ánimos. Y lo dice como alguien que de verdad ha pasado por un proceso traumático y que ha tenido un profundo efecto en él. Uno puede estar de acuerdo con él o no, pero de ese proceso de recuperación, del que dice que ha salido reforzado, ha nacido Adr1ft. Un juego sobre acciones y consecuencias.

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Adr1ft ha sido el único juego que he probado en todo el E3 que me ha emocionado, y suerte que llevaba puesto el Oculus Rift y que no se me veían los ojos. Empezamos en una nave espacial destruida, y tenemos una puerta delante: avanzamos con el stick izquierdo del mando y nos elevamos con el gatillo derecho y, claro, podemos girar la cabeza 360 grados para ver lo que tenemos alrededor. Tras pasar la puerta que tenemos delante suena música clásica, unos violines solitarios, y nos damos cuenta de que estamos en el espacio: negro salpicado de blanco, la infinidad. Y al girar la cabeza y avanzar un poco ahí la tenemos: la Tierra, todo lo que conocemos, todo lo que somos, reducido a una gran bola azul, verde y blanca. La sensación de pequeñez y de soledad choca a cien kilómetros por hora con la belleza extraordinaria del cosmos, con la poesía de lo incomprensible. La realidad virtual por fin pone cuerpo a eso que todos hemos imaginado viendo Gravity o incluso a esa sensación que describía en mi avance de Journey en el E3 de 2010. El medio magnifica la intención, y ambos se dan sentido. El impacto de la visión, la música y este oasis inesperado de belleza entre el frenetismo de la feria me ha emocionado de verdad. No creo que hubiese conseguido lo mismo sin Oculus Rift.

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Le he comentado a Orth que he sentido esa misma sensación que Jenova Chen explicaba en 2010 y que dio lugar a Journey, y él no solo ha confirmado que es totalmente intencionado sino que además ha explicado que es amigo de Jenova y que, si no lo he entendido mal, ha supervisado algunos de sus trabajos académicos. "Adr1ft es una mezcla de Jouney y Gravity", comenta, "es un FPX, un first-person exploration", un juego en el que no sabemos quiénes somos y en el que a través de la exploración, sin disparos ni acción ni explosiones, descubriremos qué le ha pasado a esa nave y por qué estamos perdidos en el espacio. Pero en realidad, explica, es otra forma de contar esa experiencia traumática por la que ha pasado, ese camino que va de la desesperación al resurgimiento, a la redención, a la realización. No hablábamos de mecánicas ni de géneros, hablábamos de intenciones y de sensaciones; cuando un desarrollador va por ahí siempre es buena señal. Me da igual que acabe funcionando o no: la idea es tan buena y atractiva y la forma es tan brutalmente impactante que solo con saber que existe merece la pena. Ahora es muy importante que afine las cuerdas y haga sonar la música, que es quizás lo más complicado; hay que mantener ese equilibrio y esa sensación durante las tres horas que durará sin caer en obviedades, dándole la importancia que merece a cada detalle, a cada puzle, a cada pieza de información que encontramos sin apabullarnos y sin naufragar en tópicos. Debe conseguir un diseño armónico.

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También le he comentado que durante unos instantes me he emocionado profundamente, y me ha parecido ver que Adam también se emocionaba cuando se lo contaba. Me ha dado la mano y me ha dicho que me agradecía de verdad esas palabras. Imagino que Adr1ft es su forma de decirle algo al mundo. Quizás de arrepentirse, quizás de reafirmarse, quizás de decir, simplemente, aquí estoy yo, este soy yo. Creo que esto es lo que busca. Creo que conseguirá hacer un juego fantástico si sigue por ahí, y creo que merece la pena pasar por cien juegos malos para poder tener un momento como el que he pasado esta tarde.

Acerca del autor

Xavi Robles

Xavi Robles

Eurogamer.es Managing Director

Xavi es el director de Eurogamer España y lleva analizando juegos desde hace más de 10 años. Se le dan especialmente bien los shooters y los juegos deportivos pero le da caña a todo lo que se le ponga por delante. Puedes seguirlo en Twitter: @xavirobles

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