Este artículo pertenece a la sección de Game Over

Japón es otro mundo, casi un universo paralelo. Cuando los creativos japoneses se empeñan en sorprender, ya podemos empezar a llevarnos las manos a la cabeza y, por supuesto, la industria del ocio electrónico no iba a ser menos. A excéntricos, extravagantes, pervertidos y bizarros - en el sentido anglosajón de la palabra - no les gana casi nadie. No en vano, cuando en Game Over hay que comentar alguna noticia relacionado con el país del Sol Naciente la sección se titula, acertadamente, "Japón: ese país que nos horroriza y, a la vez, nos hace sentir mejor persona".

Su cultura, sus costumbres, la forma de ver el mundo... Esa forma de ser tan diferente que choca en muchos aspectos con el mundo occidental se traduce en fascinación para gran parte del resto del planeta. Lo cierto es que, gracias a los genios que de allí han surgido, llevamos décadas disfrutando de nuestro pasatiempo favorito y durante mucho tiempo el mercado de los videojuegos prácticamente fue un coto privado de las huestes niponas.

Pero no todo el monte es orégano, ni toda la Galia está ocupada por los romanos (¿Toda? ¡No!). Japón ha nutrido a lo largo de la historia a consolas y compatibles con juegos poco convencionales, a veces para bien y, a veces... no sé sabe para qué, pero siempre, como dirían en los Simpsons, con erótico resultado. Como sucios Gaijins es algo que quizás no podamos o debamos comprender. Lo que propongo a continuación es seleccionar una pequeña muestra de cinco juegos, de entre la marabunta de juegos hilarantes desarrollados por estudios nipones que, al verlos, automáticamente uno exclamaría sin miedo a equivocarse: "¡Esto sólo podía venir de Japón!".

Muscle March. 2009. Wii (Wii Ware)

Empezamos fuerte, con el primer y único juego que compré en la consola virtual de Nintendo. Su trailer me dejó tan tocado que tuve la necesidad de ver tal juego con mis propios ojos, a pesar de lo reacio que era hace unos años respecto a comprar juegos en plataformas digitales. El título es una especie de versión pasada de rosca del programa televisivo "El Muro Infernal", protagonizada por culturistas vigoréxicos en tanga que persiguen a la carrera a un jugador de fútbol americano que les ha robado el tarro donde guardaban las proteínas (nunca creí que escribiría una frase así). Mientras perseguimos al ladrón de esteroides, nuestro cometido será hacer poses con el Wiimote y el Nunchuck, de tal manera que podamos pasar por el agujero que crea en los muros al atravesarlos el chorizo a la fuga. El juego es así de simple, además de corto, y probablemente no valía los 500 Wii Points que deposité en él, pero no me arrepiento.

Ese sentido del humor y de falta de ridículo tan nipón me conquistó enseguida, y al final 'Muscle March' se ha acabado convirtiendo en un título quasi de culto. No tiene más, pero es tan alocado y frenético que no lo necesita. Y no falta ni el oso culturista ni el típico español con una rosa en la boca. Demencial.

Mr. Mosquito. 2001. PlayStation 2

El segundo juego es un simulador muy curioso, y si hubiera caído en manos de Ubisoft seguramente lo hubiera titulado "Imagina ser un mosquito". Por fortuna no fue así, y gracias ZOOM Inc. los usuarios de Sony disfrutaron de este extraño juego en el que encarnamos al que probablemente debe ser el primer personaje de videojuego que debe saciar su sed de sangre y no es un vampiro.

El juego es, una vez más, de mecánica muy simple. Debemos colarnos en el domicilio de la familia Yamada y chuparles la sangre a picotazos, aunque los miembros de esta familia no nos lo van a poner fácil y, además, se van a ir cabreando cuanto más los piquemos. Tendremos varios escenarios de la casa: La habitación de las chicas del clan Yamada, la cocina, el baño... Ya sabéis lo guarretes que pueden ser los japoneses. El concepto es muy original, el control muy bien pensado y se darán momentos en los que echaremos la carcajada. Por contra, es bastante repetitivo y gráficamente no pasa de correcto teniendo en cuenta los títulos de su época. Para quién coleccione rarezas es un caramelo apetecible, aunque imagino que no será fácil de conseguir. Hubo una secuela de Mr. Mosquito que, a diferencia del original, no salió de Japón.

Gitaroo Man. 2001. PlayStation 2, PSP

"Gitaroo Man" es el representante musical de esta lista, en la que podrían estar otras grandes idas de olla japonesas sonoras como, por poner otros ejemplos, "Space Channel 5", "Osu! Tatakae! Ouendan" o "Taiko no Tatsujin". Los nipones sienten devoción por la música y para demostrarlo ahí está su pasión por estos videojuegos y el tópico de los karaokes. El motivo de incluir aquí "Gitaroo Man" y no otro es porque creo que es quizás el menos conocido; y es una pena por la grandísima banda sonora propia que atesora este juego.

"Gitaroo Man" nos pone en la piel de U-1, un jóven guitarrista cuyo gran sueño es triunfar en un grupo de éxito y que tiene un perro que no sólo habla, sino que rapea. Hasta aquí lo normal (salvo que un perro rapeé a lo PaRappa), pero la historia acabará convirtiéndonos en el elegido para salvar al mundo de un malvado enemigo exterior que viene a acabar con la música. Lo de siempre en estos casos, vamos. El estilo cartoon y exageradamente colorista le da un encanto especial a este juego, y sentir el ritmo será clave para derrotar a nuestros adversarios en absurdas y épicas batallas musicales. La banda sonora, como decimos, es de lujo y convierte al juego en uno de los mejores títulos musicales creados. Como curiosidad, permitía partidas para hasta 4 personas, lo que para el año en el que salió no está nada mal. Además, ningún otro juego puede presumir de tener el "Tema Legendario".

Ai Cho Aniki. PC Engine. 1995

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Si 'Muscle March' os había dejado ojipláticos, os recomiendo que cerréis esta pestaña antes de que sea tarde y os encontréis de cuclillas bajo la ducha y murmurando palabras inconexas, porque esto que viene a continuación es el culmen de los "shooters homoeróticos".

Nos remontamos a los tiempos de PC Engine, consola de NEC que en su país gozó de un brutal éxito, superando en ventas a la Megadrive y rivalizando duramente con Super Nintendo. De hecho, PC Engine fue el primer sistema que incorporaba lector de CD-Roms. Pero no fue por la potencia por lo que destacó la máquina de NEC, sino por lo bien que se adaptó a los gustos del público nipón (y a su vez una posible causa de que no se prodigara demasiado fuera de sus fronteras). En PC Engine se engendraron juegos muy perturbadores, como el que se llevó la palma, "Cho Aniki", el primero de una prolífica saga. "Cho Aniki" es un shooter al estilo Parodius, protagonizado por una pareja de culturistas voladores con un agujero en la calva y de relación sospechosa.

Al parecer "Cho Aniki" significa en español "Super hermano mayor", y hasta aquí puedo leer. El juego es lo más delirante que se ha visto jamás en diseño de personajes, enemigos, música y niveles. La saga nació en 1995 gracias al estudio Masaya y ya van varias entregas a través del tiempo, en PC Engine, Super Nintendo, WonderSwan, Saturn, PS2, PSP, Wii... Pocas consolas se han quedado sin su ración de surrealidad de sexualidad dudosa. La verdad es que se me acaban las palabras ante esta saga, así que ahí queda este video de la tercera entrega, también para PC Engine: "Ai Cho Aniki".

Katamari Damacy. PlayStation 2. 2004

Na-naaa, nananananana-naaa.... No podíamos acabar este repaso sin mencionar al juego japonés de argumento inclasificable por definición: Katamary Damacy. El juego nos sitúa en la piel de "El Príncipe De Todo El Cosmos" y tendremos la misión nada menos que de reconstruir las estrellas, las constelaciones y la luna, ya que nuestro padre, el "Rey De Todo El Cosmos", en una noche de borrachera las ha destruido accidentalmente.

Un descuido lo tiene cualquiera, que no hubieran estado ahí... Lo curioso del caso es que no tendremos otra forma de llevar a cabo esta misión que hacer rodar una bola pegajosa llamada Katamari por diferentes y bellos escenarios, de tal manera que a ella se irán pegando todo tipo de objetos y seres. Gatos, muebles, personas, coches, continentes... La bola irá creciendo atrapando todos ellos hasta llegar al tamaño de una estrella.

La historia será extravagante, pero el sistema de control es tan sencillo que lo entiende cualquiera en unos minutos de juego. Esta es una de las claves para haber atraído personas de todas las edades y de llevar ya siete juegos esta franquicia, siempre con el humor absurdo por bandera. La intro vale más que mil palabras.

Bonus Track: Boon-Ga Boon-Ga. Arcade, 2001

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Esta es simplemente una pequeña selección de videojuegos que sólo podían ser "Made in Japan". Es, por supuesto, una mera muestra, y en los comentarios podéis indicar aquellos que os hayan impactado dentro de este "género". No era fácil, pero se han intentado esquivar juegos eróticos (ya sabemos lo pervertidos que son nuestros amigos japoneses, y la de fetiches locos que se gastan), y arcades tan "revolucionarios" como extraños. Sin embargo, no puedo ni quiero contenerme y dejar de nombrar a una máquina de arcade que ya es casi mítica, como es la de "Boon-Ga Boon-Ga", también conocida como "Spank 'Em". Este es el nombre de una de las recreativas más curiosas del planeta, basada en una costumbre nipona que recibe el nombre de "Kanchô". El kanchô es una broma popular por aquellos lares, que parece que hace mucha gracia a los niños asiáticos y que consiste en pillar a alguien desprevenido por la espalda e introducirle con fuerza los dos dedos índices por el recto ("Japón, ese país que nos horroriza y a la vez, etc., etc."). De esa práctica se inventó en 2001 una recreativa que en su frontal incluso simula un trasero humano en la posición que vulgarmente diríamos "en pompa". Básicamente, elegimos nuestra víctima de entre las disponibles -la ex-novia, el ex-novio, el jefe...-, y el estilo de juego es similar al del martillo y la campana en las ferias, pero en este caso los dedos serían el martillo y la campana la alcanzaríamos haciendo un buen "kanchô". Sin comentarios.

Acerca del autor

Heko

Heko

Colaborador

Equipo Game Over: Redactor en Game Over. Gamer inquieto desde que tuvo uso de pasión y en concreto desde que cayó en sus tiernas manos un ZX Spectrum. Intentar aprender a programar en Basic con dicho artefacto le provocó un hondo trauma que aún hace mella en él y por el cual se vió abocado a una vida de lujuria frikeril. Cinéfilo compulsivo, adora lo retro, los rpgs y las bandas sonoras de los videojuegos.