Como cada año, las compañías reservan sus lanzamientos más potentes de cara a las navidades y, amigos y amigas, ya es noviembre, lo que significa que ya es navidad para el mundo del videojuego. Y una de las franquicias que no puede faltar a su cita anual es Dance Central, el único juego que aprovecha a la perfección ese pequeño aparato capaz de competir en polvo acumulado con la Wii: Kinect.

La bailonga franquicia de Harmonix vuelve pensando en todas esas fiestas de navidad, cenas de empresa, comidas familiares y demás situaciones donde la palabra ridículo desaparece del diccionario. Quedarse apoyado en la barra haciendo ver lo interesante que puedes llegar a ser y no eres es algo indefendible en el momento en el que este juego entra en tu vida. Vuelven las noches de lambada, más sociales, con viajes en el tiempo y con un 20% más de cachete con cachete y ombligo con ombligo.

Dance Central 3 se ha ganado, por méritos propios, el primer puesto en el podio de los simuladores de baile. Nadie echa de menos las alfombrillas en el suelo o las combinaciones rítmicas del atemporal y magistral Bust a Groove. Los chicos de Harmonix han sabido mantener el buen ritmo de la franquicia mediante constantes actualizaciones, nuevos temas vía DLC y novedades los suficientemente jugosas para mantener enganchados a las oleadas de fans sin sentido del ridículo que habitan en Youtube. La tercera entrega no podía ser menos, incluyendo por primera vez un modo historia y, obviamente, con un argumento a la altura de lo que se espera en un juego que te premia por mover el culo. No obstante, este modo nos sirve de excusa perfecta para guiarnos a través de las diferentes décadas y estilos musicales en los que se ambienta el título.

Pasaremos por los 70, 80, 90 y 2000 con algún que otro tema comercial de hoy en día. La historia nos llevará en orden cronológico por las diferentes épocas de modo que empecemos por el mítico "YMCA" para acabar con el último hit de Usher; un recorrido bien pensado y con temas que atacan directamente a la nostalgia además de hacer un inteligente uso del sensor mediante una serie de pequeños Freestyles, no coreografiados, que deberemos marcarnos al ritmo de la música si queremos progresar en la aventura.

Lo más destacable del juego no son los 40 nuevos temas incluidos, si no el modo en el que el juego pide que los usemos. Dance Central 3 se reenfoca en el género entre una mezcla de evento social y entrenador personal; y es que al arrancar el juego, antes de acceder al menú principal, da la opción de entrar en el modo Fiesta. Un modo de juego en el que se irán seleccionando canciones aleatoriamente -o dirigidas por un DJ mediante SmartGlass- y en el que unos jugadores deberán ir relevándose para dejar paso a otros, de modo que hacer el ridículo no sea sólo cosa de 2 como pasara en su segunda entrega. Además, el juego da un paso más allá en su socialización y nos permite conectar con Facebook para compartir fotos, lanzar retos y puntuaciones a los amigos de Xbox Live y, por si fuera poco, crear tus propios movimientos y retar a otro jugador a que los reproduzca; contando además con una lista de logros que nos incita al uso diario del juego, a crear rutinas de ejercicio para cumplirlas y a jugar en grupos si queremos obtener lo único que importa cuando jugamos a algo: los logros. Sin duda un abanico que ya se vio muy incrementado en Dance Central 2 y que se refuerza más en este título.

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Los jugadores habituales de la saga percibirán inmediatamente la subida de nivel de las coreografías. Y es que esta tercera entrega tiene momentos realmente jodidos: giros, patadas voladoras, saltos y mucho "irse hasta abajo" retarán a los fans, haciendo completamente imprescindible el uso del modo Ensayo en la mitad de las coreografías, pudiendo pasar prácticamente toda la canción sin repetir un solo movimiento en los temas más complicados. Esta subida de nivel se la debemos al archi-pachanguero Usher, el cual se ha convertido en imagen de la marca Dance Central y ha coreografiado personalmente algunos temas. Sin duda un reto lanzado a los fans y que alarga la vida el juego algunos meses.

Como en la edición anterior, Dance Central 3 permite importar todos los temas de la primera y segunda entrega, eso sí, previo pago de 400MSP por juego; algo que ya indignó a los jugadores en la pasada entrega y que paliaron regalando un código de 240MSP gratuito para no notar tanto el sablazo que nos han dado con la tercera edición del juego. Otro de los grandes lastres de DC3 es la acumulación de canciones. Tras importar los temas de los dos juegos anteriores, contaremos con nada menos que 120 temas, más los caprichitos DLC que nos hayamos podido permitir. ¿Cuál es la parte negativa de esto? El menú de selección. Algo tan básico que cuesta creer que, dentro de la redondez del juego, no se haya perfeccionado manteniéndose un scroll vertical que manejaremos con el brazo y que nos causará agujetas en el hombro derecho y algún que otro momento de desesperación. Recorrer todas las canciones en orden de dificultad sin poder ir directamente a la que deseas mediante búsqueda resulta tan desesperante como doloroso. Este pequeño traspiés en el diseño se ve paliado por las listas de reproducción, las cuales vienen preconfinguradas según la intensidad, el estilo o la década que queramos jugar o bien crear nuestros tracklist de hasta 20 canciones, una herramienta más que potente e indispensable en la marea de coreografías a elegir.

En resumen: Dance Central 3 lo vuelve a conseguir. Más grande, con mejor reconocimiento de movimientos y una dificultad exponencialmente elevada que los fans de la saga agradecerán. A pesar de la historia, más propia de Gandía Shore que de un videojuego, lo nuevo de Harmonix se perfila a todas luces como un indispensable para los ya iniciados en el género. Aunque, si aún eres de esos jugadores aficionados a la bolsa de Doritos y al mando, no se trata del mejor de los títulos para dar un primer paso dentro del género de los juegos de baile, siendo su segunda parte, tanto por su selección musical como por su dificultad, más ajustada a los pies de aquellos que piensen que el hustle es una raza de perro y no un baile de los años 70.

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HimarLine

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