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A los jugadores que, como un servidor, están en la treintena, se nos hace difícil pensar en una Nintendo que no siempre estuvo relacionada con el mundo del videojuego. Es complicado pensar ya no en una gran N dedicada a la fabricación de juguetes sino incluso en una compañía de más de cien años de vida que empezó su andadura fabricando barajas de cartas.

¿En que momento una empresa de calada tradición nipona dio el salto para convertirse en uno de los principales referentes tecnológicos del mundo? Poca duda cabe que el devenir de Nintendo hubiera sido muy distinto si la providencia no hubiese querido que un joven ingeniero llamado Gunpei Yokoi acabase en las filas de la veterana fabricante de cartas.

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Gunpei Yokoi, el padre del videojuego japonés.

Yokoi nace un 10 de Setiembre de 1941 en Kyoto, en plena Segunda Guerra Mundial. Como todos sus coetáneos, forma parte de una generación de japoneses que tuvieron que sufrir una durísima posguerra y la dominación durante casi dos décadas de los siempre vigilantes norteamericanos. Yokoi es también parte de una generación de nipones muy característica, una generación de niños que, pese al desánimo de sus derrotados padres, consigue sobrevivir entre las ruinas de un Japón destrozado. La inquietud e imaginación de la que hacen gala, capaces de inventar todo tipo de distracciones de entre las ruinas de un olvidado Imperio, será la misma punta de lanza que llevará a empresas como Sony, Toshiba o Mitsubishi a convertirse en referentes innovadores a nivel mundial.

El pequeño Yokoi no es una excepción. Hijo de una familia con recursos, desde muy pequeño demuestra, además de un talento especial para tocar el piano, una innata capacidad para concebir todo tipo de pasatiempos de la nada. A Gunpei le gusta crear; desde la construcción de sofisticadas maquetas de trenes, las cuales alcanzarán algo de fama en los círculos de aficionados del momento, hasta ingenios mecánicos primitivos pero funcionales que le sirven como juguetes. Pese a no ser un estudiante especialmente brillante, su familia lo matricula en un Grado de Electrónica en la Universidad Doshisha de Kyoto, la misma en la que años más tarde estudiará Shinji Mikami, el creador de la saga "Resident Evil". Al acabar su periplo universitario será la providencia la que le hará aterrizar en Nintendo tras enterarse de una oferta laboral en la compañía.

El joven ingeniero llega a Nintendo en 1965, una época de cambio para la empresa en que su presidente Hiroshi Yamauchi anda a la desesperada buscando nuevos mercados. La responsabilidad de Yokoi es muy simple, tan solo debe asegurarse del mantenimiento y correcto funcionamiento de las complejas máquinas de fabricación de las famosas cartas Hanafuda, una labor que a la práctica le ocupa tan solo unas pocas horas de su jornada laboral. Incapaz de quedarse de brazos cruzados, Yokoi monta un pequeño taller donde pasa sus horas libres trasteando con todo tipo de artilugios, desde juguetes mecánicos a sistemas de comunicación por radio.

La leyenda afirma, como ya comenté en el capitulo anterior, que Yamauchi realizó en 1966 una inspección sorpresa de sus instalaciones, enganchando in fraganti a un ocioso Yokoi, que en ese momento estaba jugueteando con su más reciente invención: la Ultra Hand. Lejos de recibir una sonora bronca, un siempre atento ojo en busca de talento como el de Yamauchi decidió investigar más al respecto y el resto es historia: Nintendo se convierte en una empresa de juguetes, Yokoi es ascendido de la noche a la mañana como jefe del nuevo y flamante departamento y Yamauchi puede por fin respirar tranquilo: el negocio familiar está salvado.

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Colaborador

Equipo Game Over: Lleva los últimos 15 años metido en la radio hablando de videojuegos y escribiendo sobre ellos en sus ratos libres. Es un apasionado de su historia y de los juegos retro, pero también le fascinan los cómics, las series de la tele y la ciencia ficción.