Retroanálisis: The Elder Scrolls, ARENA

La semilla de algo enorme. 

A principios de los 90 el rol en ordenador, o CRPG, estaba en buena forma: los primeros cuatro años de la década ven juegos como Ultima VII,  tres títulos de la infravaloradísima saga Might & Magic (que nunca triunfó en nuestro país, inexplicablemente) o la grandiosa Eye of the Beholder.

Y eso sin hablad de Wizardry, Betrayal at Krondor, Menzoberranzan u otros.
 El CRPG estaba de moda.

Pero quitando Ultima, en cierta medida, el rol estaba atascado en un dungeon. Casi todos los juegos de rol se centraban en la exploración de enormes mazmorras llenas de monstruos y se basaban en la diplomacia del bofetón: llegamos, matamos al dragón, nos follamos a la reina y nos llevamos el tesoro. Ese es el resumen de la mayoría de los juegos de la época.


Es entonces cuando  aparece una empresa llamada Bethesda, que no ha sacado un juego reseñable nunca, y decide ponerse a programar un juego de lucha sobre peleas de gladiadores.

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En el juego, el protagonista viajaría de ciudad en ciudad luchando en las diferentes arenas de combate hasta lograr llegar a Imperial City, donde se disputaría el título de gran campeón.

El título no es nada nuevo ni original, pero, afortunadamente, la idea original se empieza a adulterar.

El título no es nada nuevo ni original, pero sin que nadie se de cuenta, acaba de surgir un mito, Arena, y, afortunadamente, la idea original se empieza a adulterar.

Poco a poco se fueron introduciendo numerosos elementos provenientes de los juegos de rol, como los puntos de experiencia, los niveles, e incluso los consabidos dungeons. Y es en este punto del desarrollo cuando se dan cuenta del potencial del producto y deciden descartar los duelos de gladiadores y optar por convertir Arena en un juego de rol en estado puro.

Sin embargo, no desean seguir la senda de los juegos más tradicionales, consistentes en un grupo de aventureros que avanzan por el mapeado con un movimiento casilla a casilla, si no que optan por seguir el ejemplo de uno de los juegos de rol más revolucionarios: Ultima Underworld. 
Así, Arena tendrá un único personaje y movimiento libre por el mundo.

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Y vaya mundo, señores.

Arena es uno de los CRPG más grandes creado, y al efecto es poblado con más de 400 ciudades, dungeons y localizaciones variadas, y bautizado con el nombre de Tamriel. El jugador explora las ciudades y dungeons en un juego que se separa de los cánones del género, como ya hicieran Ultima VII o Legends Of Valour, sentando la base del juego en la interacción con los personajes no jugadores o PNJs y el entorno.
Es posible olvidarse de la trama principal y dedicarse a explorar el mundo, visitando ciudades, recorriendo Tamriel por el puro placer de viajar.
¡Incluso es posible crear hechizos a medida!

En lo que a la historia del juego se refiere, el emperador Uriel Septim VII ha sido raptado y sustituido por Jagar Tharn, y será el jugador quien tenga que rescatarlo reuniendo los ocho trozos del Bastón del Caos escondidos en ocho dungeons. Vamos, lo que se dice una trama no demasiado original.


Lo significativo de esta primera entrega es que aparece, por primera vez, el concepto de "The Elder Scrolls", los pergaminos guardianes de la sabiduría de Tamriel. Al juego se le ponen en el título los papelajos de marras y así nace la saga The Elder Scrolls.

El juego se publica en 1994... y se pega un batacazo que a punto está de hundir a Bethesda.

El juego se publica en 1994... y se pega un batacazo que a punto está de hundir a Bethesda. No sólo se pierden la campaña navideña de 1993, sino que un error en la producción de las cajas hace que sólo se pongan a la venta 3000 unidades del juego. ¡3000 unidades!

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Pero como pasa siempre en el mundillo friki, la limitadísima tirada y el hecho de que muy, muy pocos, podían jugar Arena debido a los brutales requerimientos, lo convierten en juego de culto automáticamente. Y cuando el juego es reeditado a finales de 1994 en formato CD, con escenas CGI, voces en algunos personajes clave y una alfombrilla de ratón con el mapa, el juego vende a espuertas.

El juego, a día de hoy, resulta poco agradable de jugar. Entre lo brusco del motor, lo incómodo de la interfaz para los estándares actuales y la dificultad desproporcionada del título, Arena palidece antes juegos de la misma época que han envejecido mucho mejor. Sin embargo lo importante de Arena es que no es más que el inicio de la serie The Elder Scrolls y será Dagerfall, la segunda parte, la que siente las bases de la saga.

Pero esa es otra historia.

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