Luchamos y superamos todo tipo de dificultades para que ese y solamente ese personaje, el único al que podremos personalizar al 100% a nuestro gusto (tanto interior como exteriormente) evolucione y acabe convirtiéndose en un gran héroe. No podemos incidir sobre otros NPC que quizás se unan a nuestro bando ni tampoco tenemos la interferencia de otros personajes controlados por humanos, pues siguiendo la tradición de la saga sigue sin haber modo online. Conscientes de todo esto desde Bethesda han decidido mejorar el nivel de personalización del personaje de forma exponencial respecto a Oblivion.

Siguiendo con los gráficos es necesario destacar el nivel de detalle al que se ha llegado gracias al nuevo Creation Engine. Se trata de una evolución del motor Gamebryo que ya se utilizó en Fallout 3. De hecho, este gusto por los pequeños detalles es el elemento que define visualmente al juego. Más que apostar por el foto-realismo (siempre teniendo en cuenta que estamos ante una ambientación de fantasía épica) Skyrim apuesta por el detallismo. Se nota el mimo y el cariño con el que han sido diseñados todos los elementos del juego, desde una pequeña flor o la fauna, hasta las montañas lejanas y los más de 150 templos subterráneos y mazmorras que tiene el juego. Una de las claves en este sentido ha sido dejar de lado la creación de escenarios de forma procedural (los hace la máquina de forma automática gracias a un conjunto de herramientas) como sí se hizo en parte en Oblivion. En el número de noviembre de Edge se destaca este aspecto, todas esas montañas lejanas han sido generadas de forma manual para que tengan un aspecto único. Tenemos mejoras en el sistema de vegetación, iluminación y, especialmente, en los efectos climáticos.

Entrando ya a nivel jugable el primer elemento con el que tenemos contacto es el sistema de menús. La elegancia en su estructuración y usabilidad es digna de elogio. La forma de elegir las armas/conjuros que empuñamos en cada mano es rápida y clara. Podemos ver una representación 3D de todos los objetos, crear una lista de los conjuros o objetos favoritos para acceder a ellos a través de la cruceta, navegar por el mapa es algo que hacemos con agilidad, etc. Y por encima de todo destaca el nuevo sistema de habilidades que saca partido de los llamados perks, que conseguimos cada vez que subimos de nivel. Después de escoger si decidimos optar por subir Salud, la Magia o la Stamia entramos en un bonito mecanismo basado en las constelaciones de este mundo de fantasía que nos permitirá personalizar las potencialidades de nuestro personaje a través de 200 mejoras posibles. El sistema nos anima a no tener que centrarnos en un solo estilo de juego. Yo por ejemplo, en mi rato de partida decidí mejorar mi competencia con armas de una sola mano y además activé una piedra guardián que me ayudó a incrementar más rápidamente estos valores físicos.

Intentar hacerse una idea de lo que nos espera en Skyrim con tres horas de juego y solo un par de misiones realizadas es imposible. Sin embargo muchas cosas sí que me quedaron claras tras esta breve experiencia. Los combates, por ejemplo, han ganado en contundencia y son más completos a nivel estratégico. En una de las misiones que realicé tuve que explorar un viejo templo y ya pude ver la variedad de formas de afrontar cada misión. Al entrar opté por ser sigiloso (intentando sacar partido de la visión en la oscuridad propia de mi raza), esconderme en las sombras y disparar con el arco. Más tarde tuve que adoptar una postura más estratégica al luchar contra una suerte de "Ella-Laraña" de un tamaño que me triplicaba el de mi felino personaje. Finalmente tuve que plantar cara a un numeroso grupo de no-muertos que me atacaban todos a la vez y rodeándome, para lo que opté por dejarme de estrategias y sacar a relucir mi hacha mientras me encargaba de prenderles fuego con el conjuro que tenía activado en la mano izquierda. Podría haber acabado con ellos activando las numerosas trampas de la mazmorra y ser un poco más elegante, pero me di cuenta tarde de esta posibilidad.

Al salir victorioso de la mazmorra me tocaba dirigirme de nuevo al pueblecito de Riverwood para entregar la misión, pero entonces quedé paralizado ante una constatación. Skyrim es un juego increíblemente bello. Se había hecho de noche, delante de mi tenía una aurora boreal cubriendo un gigantesco manto de estrellas que era el cielo. La brisa, el movimiento de la vegetación, el río que fluye más abajo. Si esta es la generación de las ambientaciones como acostumbra a decir mi compañero Pep Sànchez de AnaitGames, pues este juego es uno de sus máximos exponentes.

Siento no poder hablaros más de los dragones, pues serán uno de los elementos más importantes del juego y es la primera vez que aparecen en la saga, tampoco del uso de los Gritos, que serán un nuevo tipo de conjuros de enorme poder, ni tampoco de los personajes aliados que podremos hacer, ni el sistema de misiones... Son tantas las cosas que tendremos que hacer en Skyrim que seguramente necesitaríamos varios artículos para explicarlo. Pero si algo me ha quedado claro es el porqué de tanto entusiasmo ante su lanzamiento. Esta nueva entrega de The Elder Scrolls es un serio candidato a juego del año.

The Elder Scrolls V: Skyrim saldrá a la venta para PC, Xbox 360 y PS3 el próximo 11 de noviembre.

Acerca del autor

Albert García

Albert García

Colaborador

Albert es periodista especializado en videojuegos desde 2002 y es uno de los fundadores de Eurogamer.es. A la hora de jugar te lo puedes encontrar tanto con un complicado juego de rol o estrategia, como moviendo el esqueleto con un juego de baile. ¡Es un tipo imprevisible!
Twitter: @AlbertGarlo

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