Bastion

La ensoñación de Caelondia  

Ya nos lo avisaban los propios miembros de Supergiant Games, su principal motivación es hacer juegos que estimulen nuestra imaginación como los juegos que disfrutamos cuando éramos niños. Estimular, inspirar, es justamente lo que consigue, entre otras cosas, esta nueva obra imprescindible del entretenimiento digital. También dicen que su ambición es grande, y debe serlo, pues sin ella no habrían conseguido dar un enfoque completamente nuevo y fresco a un género tan profusamente tratado como el de los action RPG, y lo hacen desde un prisma esencialmente íntimo, con el gusto por el detalle y la soberanía de la forma sobre el fondo como principales premisas, en contrapunto a la tradicional epicidad no ya que alcanzan, sino que tan solo pretenden la mayoría de juegos del género. El estudio afincado en San José, California, se estrena con Bastion, su primer título, y lo hace por todo lo alto, con una propuesta personal, intimista, y de una calidad altísima en todos sus apartados.

Kid, el escueto nombre con que se conoce al protagonista de esta historia, despierta en un pedazo de tierra flotando en mitad de ningún sitio. Algún tipo de catástrofe ha sucedido, así que decide dirigirse al Bastión, el lugar al que hay que acudir cuando algo va mal, tal y como se enseñaba a todos los habitantes de Caelondia desde niños. En su camino sin embargo Kid no ve a ningún niño, ni rastro alguno de vida, hasta que empiezan a aparecer las primeras figuras humanas… pero están totalmente petrificadas. Así arranca una trama esencialmente melancólica en la que tendremos que atender la titánica labor de reconstruir todo un mundo con el poder del Bastión, mientras vamos descubriendo más detalles de lo ocurrido, y de los conflictos entre dos etnias enfrentadas, los Ura y los habitantes de la propia Caelondia.

Bastion se caracteriza en primera instancia por la presencia de un narrador omnisciente que va puntualizando todo cuanto hacemos en el transcurso de la aventura, hasta las acciones más nimias, y lo hace desde un punto de vista muy particular, matizando de una forma muy característica todo cuanto ocurre. Algunas veces estas puntualizaciones nos arrancarán una sonrisa, pero en la mayoría de ocasiones nos aportarán datos relevantes de la trama, aunque un tanto salpicados y difusos, invitando a la reflexión y a la propia interpretación. Una de las mejores cosas que tiene el título de Supergiant Games es su escasa literalidad, su inclinación más por lo poético y lo onírico que por lo tangible y lineal de casi todo cuanto acostumbra a contarnos este medio. Y es que como bien apuntilla el narrador, normalmente las historias tienen un principio y un final, pero aquí las cosas no son tan sencillas.

En segundo lugar otro de los elementos más característicos del juego es la construcción en tiempo real de los escenarios, que van generándose bajo nuestros pies según avanzamos. Esto, aunque pueda no parecer demasiado relevante, al menos le da otro enfoque al concepto de exploración; los escenarios no son demasiado grandes pero merece la pena recorrer hasta el último centímetro de su superficie porque en cualquier rincón puede generarse una plataforma que nos conduzca hasta un jugoso extra. Los bellísimos escenarios bidimensionales pintados a mano y la absolutamente fantástica banda sonora culminan con delicadeza la exquisita fórmula con que Bastion nos entra por los ojos y los oídos.

Quizá de los párrafos anteriores pueda extraerse que el juego es sencillamente un bonito envoltorio sin demasiada chicha en su interior, y nada más lejos de la realidad. Las mecánicas de Bastion son profundas, están perfectamente equilibradas, y el desarrollo se nutre de un buen puñado de extras que nos incitarán a completarlo todo, y lo que es más interesante, a jugar la inevitable partida + conservando todo nuestro equipo y nivel desde el principio. El desarrollo se nos presenta estructurado en fases independientes a las que no podremos volver una vez superadas, el juego no oculta su linealidad, pero esto no es algo necesariamente negativo. Así pues, Kid deberá ir completando niveles independientes a los que accederemos desde un sencillo mapa en busca de los preciados núcleos y fragmentos que contienen la memoria necesaria para la reconstrucción del mundo a partir del corazón del Bastión. Lógicamente en la realización de estas tareas Kid tendrá que vérselas con multitud de enemigos de los que dará buena cuenta con sus habilidades ofensivas, y en ocasiones con las defensivas también, ya que saber cubrirnos en el momento oportuno puede marcar la diferencia entre la derrota del enemigo o la nuestra.

Con la recolección de esos fragmentos iremos reconstruyendo el Bastion, levantando una tienda, una herrería, una forja, una bodega o un templo donde antes solo había tierra quebradiza. Estos establecimientos albergarán material extra, arenas de combate, información sobre tareas secundarias y toda una suerte de objetos y elementos para personalizar a Kid, o incluso los propios condicionantes de las batallas. Para lo primero dispondremos de un total de once armas (no todas disponibles desde el principio, obviamente) entre las que elegiremos dos, y los tónicos de la bodega; las armas son tan variadas como interesantes las diferentes maneras de encarar la acción que se derivan del par que hayamos elegido, y los tónicos por su parte nos conferirán habilidades pasivas, pudiendo equiparnos con uno por nivel. Para lo segundo tendremos que acudir al templo, donde, al más puro estilo Halo y sus cráneos, podremos invocar a un dios u otro, o a todos a la vez, que potenciarán distintas aptitudes de los enemigos. Este extra nos vendrá muy bien para exprimir a tope las posibilidades ofensivas que nos ofrece Bastion, cuyo sistema de combate tiene la cualidad de ser tremendamente accesible desde el primer contacto, pero bastante profundo y exigente si simplemente deseamos que así sea.

Creo que no es necesario explicar nada más, creo que lo bonito de juegos tan especiales como Bastion es descubrir por uno mismo todos sus matices, todas sus pequeñas sorpresas y la belleza de ese mundo delicado y quebradizo que merece la pena revistar una y otra vez. La sutileza de sus elementos narrativos, encabezados con esa fantástica voz en off, y la exquisitez de sus valores audiovisuales se suman a la robustez y versatilidad de sus mecánicas para ofrecernos un producto muy redondo. Si atendemos a la suma de sus partes es posible que pudiéramos pretender algo más de profundidad en algunos apartados, pero es tan solo es una posibilidad, porque las impresiones globales son muy dulces y desde luego las sensaciones que se desprenden al terminarlo son inmejorables. Bastion es sin ningún atisbo de duda uno de los mejores juegos de este año, y por supuesto, uno de esos títulos que tenéis que jugar.

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Acerca del autor

Eva Cid

Eva Cid

Redactora

Compagina estudios y un trabajo precario con la crítica de videojuegos y de otras parcelas de la cultura popular. Lee libros, ve películas y series, y escribe historias cuando le queda tiempo. Y tiene el gato más guapo de internet.

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