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Análisis de Metal: Hellsinger - No apto para arrítmicos

Paz Out of Hell.
Eurogamer.es - Recomendado sello
Frenético y divertido, Metal: Hellsinger aúna con pulso firme la precisión de los juegos de ritmo y la brutalidad de los FPS modernos.

Doy por hecho que, a estas alturas, a nadie se le escapará que me apasionan los FPS. Clásicos, serios, modernos, pasados de rosca y todos los diluvios de balas a caballo de todas estas categorías, cualquiera de ellos tiene un asiento reservado en mi zona de confort. Una amplísima zona en la que, del mismo modo, siempre ha tenido, por lo que sea, un lugar de privilegio un género musical que ha mantenido estrechos lazos con esta clase de videojuegos: el heavy-metal. Y es que ya desde DOOM (id Software, 1993) se estableció un ruidoso vínculo que se alarga hasta, curiosamente, el DOOM de nuestros días. Carmack, Romero, Hall y el resto de los rogues que conformaban aquella id primigenia pegaron la oreja a los grandes éxitos del momento en busca de inspiración a la hora de crear la banda sonora del que, con el tiempo, conoceríamos como el padre de los FPS; Slayer, Pantera, Metallica y otras tantas bandas marcaban el paso de la actualidad musical a ritmo sincopado sellando, sin saberlo, un futuro jugable en el que no pocas veces se daban la mano calaveras, guitarrazos y escopetas.

Asentados esos cimientos hace la friolera de tres décadas, no es de extrañar, pues, que exista un buen puñado de shooters que incluyen una banda sonora influenciada por el heavy-metal. Ahora bien, que la unión entre música y disparos vaya más allá de una mera fusión sin más aspiraciones que las estéticas es, por el contrario, una presencia escasa. Metal: Hellsinger, afortunadamente, es uno de esos ambiciosos proyectos que no se limitan a usar la potencia sonora del doble bombo, los guitarrazos y demás recursos del metal como acompañamiento, sino que van un paso más allá para incorporarlos como una mecánica más dentro de su combate.

Y es una fantástica, por cierto.

Pero conviene no adelantarse, porque antes de desatar toda la Sinfonía de la Destrucción de Metal: Hellsinger toca un pequeño ensayo con los instrumentos - los de repartir muerte y los de generar acordes - que repase historia y contexto. Desarrollado por The Outsiders para Funcom, Metal: Hellsinger nos pone en la piel de La Desconocida, una misteriosa entidad aprisionada y silenciada en los más profundos pozos infernales por El Juez, entidad que domina con puño de hierro el Infierno más infernal de toda la avernosidad, repleto de calaveras, demonios, heavy-metal, fuego, azufre, más calaveras y aun más demonios. Esta condena, injusta a todas luces y sin posibilidad de recurso, lleva a que La Desconocida persiga una más que merecida venganza y, gracias a la alianza con la calavera Paz, comience la aniquilación de las incontables huestes que se interponen entre ella y su carcelero.

Porque la sentencia de nuestro archienemigo rezaba que la voz de La Desconocida fuera silenciada para siempre, pero nada decía de sus armas. No obstante, nuestro arsenal al comienzo de nuestra saga vengativa será más bien escaso; si bien conforme conquistemos círculos infernales descubriremos nuevos y letales armatostes de destrucción - revólveres, tótems voladores o la siempre bienvenida y poderosa escopeta -, al comienzo solo podremos contar con nuestra fiel espada y la calaverosa ayuda de Paz, que no solo narrará nuestros avances sino que será una suerte de arma secundaria. Será aquí donde podremos ir haciéndonos con los rudimentos de un sistema tan exigente como satisfactorio, porque en Metal: Hellsinger todo, absolutamente todo, depende del ritmo.

Si bien la práctica totalidad de las acciones puede ejecutarse fuera del beat de las canciones que acompañan a cada instancia infernal, no tardaremos en darnos cuenta de que no son pocas las recompensas que obtendremos si acompasamos nuestros inputs a los marcadores de ritmo que irán apareciendo a diestra y siniestra de nuestro punto de mira. Desde hacer más daño con nuestros disparos hasta llenar con mayor rapidez nuestra barra de ataque definitivo, pasando por acumular rachas de aciertos que, a su vez, irán acumulando cadenas de mejoras, mantener el ritmo de nuestros movimientos no solo nos permitirá jugar con mayor eficacia, sino que, a su vez, nos recompensará con multiplicadores que aumentarán nuestra puntuación. De forma paralela a estos sistemas, y conforme mantengamos el ritmo y la eficacia, Metal: Hellsinger subirá de forma progresiva la intensidad de la banda sonora, desatando la pista vocal cuando alcancemos el multiplicador máximo. Una suerte de bonificación adicional que no aporta ningún beneficio adicional a nuestra jugabilidad pero que, sin embargo, resulta un estímulo muy satisfactorio y que nos incita a pulir al máximo nuestras habilidades.

Y vaya despliegue de habilidades, compañeros del metal. Se suele decir, y no sin razón, que aquél que mimetiza realiza una de las más sinceras formas de halago. Pues bien, el sistema de combate de Metal: Hellsinger es, siendo claros y concisos, un sentidísimo homenaje a uno de los mejores binomios que jamás hayan pisado el medio: DOOM (2016, id Software) y DOOM Eternal (2020, id Software). Impulsos, dobles saltos, ejecuciones para recuperar vida, armas de contundencia extrema y una estricta jerarquía enemiga son un buen puñado de los ingredientes que Metal: Hellsinger asimila con precisión e inteligencia de las incontestables aventuras del Doom Slayer. A estos brutales cimientos, Metal: Hellsinger añade el furioso compás que la alianza de Two Feathers y un listado de colaboradores vocales de lujo - Dark Tranquility, Arch Enemy o System Of A Down, entre otros - imprime a un combate que mantiene aquella obligación de tomar decisiones estratégicas en fracciones de segundo mientras las encajamos en un beat más heavy que una lluvia de hachas. Y aunque el headbanging es opcional - pero recomendable -, el resultado final es una dinámica vibrante, espectacular y que encadena sin descanso combate tras demoníaco combate gracias, también, a un astuto diseño de niveles que recorreremos a toda velocidad y que nos conducirá, sin casi darnos cuenta, a unas arenas tan válidas para los tiros como llenas de fuego y huesos, y que harían sentir como en casa a los Manowar.

En última instancia, Metal: Hellsinger es un título cuya propuesta da en el clavo a la hora de aunar el intenso ritmo del heavy-metal con el destructivo gameplay de los FPS más vanguardistas. No obstante, dentro de esta poderosa mezcla asoman ciertas tiranteces que merece la pena destacar. La brevedad de su modo historia - pese a que sus distintos modos de dificultad, desafíos y tablas de clasificaciones invitan, y mucho, a la rejugabilidad - dejará satisfechos a los súbditos del Rey del Speed Metal pero quizá deje fríos a aquellos acostumbrados a títulos más largos. Por otra parte, los jefes finales se hubieran beneficiado de algo más de variedad en su diseño para acompañar a la escalada de sus mecánicas. Ahora bien, estos matices no empañan, en absoluto, el hecho de que Metal: Hellsinger es un título cuya arriesgada propuesta sale airosa y nos regala una flamígera estela de metal, diversión y tiros que es parada obligatoria para todos aquellos que tengan un mínimo interés por cualquiera de estos géneros. Hell awaits.

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Acerca del autor

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Pablo Casado

Contributor

Licenciado en Derecho, compagina sus (des)venturas laborales con las videojuerguistas. Sus pasiones son el hardcore-punk y el heavy metal, su perro Karl Max, el cómic, el cine y los videojuegos. Hace el zángano en el podcast Ocho sobre Diez y en Twitter como @PabCasado.

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