Análisis de Ys: Memories of Celceta

Attack on Memory.

La historia de los Ys es algo complicada de seguir: una sola línea temporal desarrollada a lo largo de una veintena de consolas durante veintinco años, incluyendo juegos del estudio original que sustituyen en el canon a los que desarrollaron otras compañías. Es el caso del juego que nos toca tratar, que sustituye a los dos juegos que conformaron Ys IV hace dos décadas. Por suerte han empleado uno de los recursos clásicos del género para poner a los nuevos jugadores al mismo nivel que los que llevan años siguiendo la saga: la amnesia.

Ys: Memories of Celceta comienza con Adol Christin tambaleándose por la ciudad fronteriza de Casnan. Al despertarse no recuerda quién es ni qué hace allí, pero un tal Duren le reconoce como un aventurero que se adentró en el Gran Bosque, de donde dicen que nadie es capaz de volver. Un anuncio de la Gobernadora de Casnan ofreciendo una suculenta recompensa a quien complete un mapa del Bosque es la excusa perfecta para volver a internarse y buscar los recuerdos perdidos de Adol.

Tras un inicio algo lento, el juego pronto acelera con la aparición de nuevos personajes, empleando las memorias del protagonista para ir construyendo un trasfondo misterioso que despega en cuanto alcanzamos la mitad del juego y empieza la parte clave de la trama.

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Duren y Adol llevan casi todo el peso del juego, pero el resto de personajes que se incorporan tienen trasfondos personales con suficiente importancia para que sus historias ocupen una gran porción de la trama. En este sentido, uno de los personajes se presenta demasiado tarde y no recibe el tiempo que se merece; el resultado es que de los 6 protagonistas es el único con el que no llegamos a empatizar demasiado.

Los combates se resuelven en tiempo real, con un único botón de ataque y cuatro accesos directos a habilidades especiales. Las habilidades requieren de puntos que se recargan con ataques cargados o matando enemigos, y usarlas sube otro medidor que sirve para lanzar un ataque EXTRA que congela la acción y causa un gran daño.

A lo largo del juego desbloqueamos suficientes habilidades como para poder personalizar nuestro estilo: podemos controlar a muchos enemigos con ataques de zona, causar estados alterados o realizar largos ataques devastadores durante los cuales podemos recibir daño, entre otras opciones.

Es un sistema simple pero que funciona muy bien: la forma de recargar las habilidades recompensa estar atento a las distintas barras y combinar movimientos en lugar de machacar el botón de ataque sin pensar. Esto se cumple en especial en los jefes finales, que casi siempre tienen una barra de vida y otra para noquearles durante unos segundos: para terminar pronto es indispensable cargar el EXTRA mientras le bajamos la segunda barra para poder lanzarlo mientras es vulnerable.

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El otro gran elemento a tener en cuenta en los combates es que cada uno de los seis personajes (de los cuáles solo tres pueden estar en pantalla al mismo tiempo) está repartidos en una de las tres categorías de ataque: corte, perforación y golpe. Algunos enemigos son débiles a uno y resistentes a los otros dos, lo cual es una buena forma de que no nos centremos en mejorar un personaje y nos olvidemos del resto, ya que incluso entre los dos personajes del mismo tipo hay diferencias en la manera de atacar.

Por si nos cansamos del combate, muchas de las misiones secundarias van por otro camino: desde hacer de mercader por un día hasta cazar tesoros escondidos en una ciudad, aunque casi siempre nos obligan a buscar o fabricar objetos. Es una forma de introducirnos a un sistema que nos permite convertir las armas más ordinarias en máquinas de crear estados alterados o ganar dinero vendiendo objetos que no valían nada antes de refinarlos.

Memories of Celceta maneja muy bien la velocidad: los personajes se desplazan rápidismo en todo momento, en lugar de correr a cámara lenta como en otros juegos. El tempo de las zonas de paso es mucho más rápido que en las mazmorras, donde invita a explorar un poco más.

Revisitar zonas en busca de tesoros o cazando animales es menos pesado cuando podemos atravesar medio mapa en apenas cinco minutos, y eso es sin contar con la cantidad de puntos para teletransportarnos. Solo hay un punto negativo en lo que respecta a los trayectos exteriores: en ocasiones pega tirones de framerate. No duran mucho y nunca llegan a impactar de forma negativa la jugabilidad, pero afean un juego que casi siempre luce genial.

"Un reparto de personajes carismático, un sistema de combate sencillo pero con suficiente profundidad y un argumento que sabe marcar los tiempos logran que nos despeguemos lo mínimo posible de la pantalla durante el transcurso de la aventura."

Una banda sonora con temas muy inspirados, sobre todos los de combate, unidos a una gran variedad de escenarios con transiciones suaves de uno a otro consiguen darle al ambiente de Celceta un algo especial: recuerda a muchos RPG que fueron antes, pero consigue tener carácter propio.

.Cuesta creer que el juego dure 20 horas; pasan como un suspiro. Al terminar tenemos algunas tareas para estirar la duración (encontrar objetos, forjar armas, terminar misiones, un jefe final secreto), pero tampoco es que haga mucha falta. El resto del juego tiene suficiente gancho como para resultar satisfactorio por sí mismo, sin necesidad de añadidos

Ys: Memories of Celceta aprovecha la amnesia del protagonista para presentar un juego que sirve a la perfección de introducción a la saga. Un reparto de personajes carismático, un sistema de combate sencillo pero con suficiente profundidad y un argumento que sabe marcar los tiempos logran que nos despeguemos lo mínimo posible de la pantalla durante el transcurso de la aventura.

8 / 10

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