Warhammer 40.000 Dawn Of War II: Retribution

Sentid el Martillo del Emperador.

Año 40000, el emperador ha muerto, sus huestes de marines espaciales luchan contra sus propios hermanos de batalla, ahora bajo el influjo de la disformidad, y mientras tanto el resto de especies se enfrentan por la supremacía en los diversos sectores de los confines del universo.

De nuevo nos encontramos en el sector Aurelia, azotado desde hace años –e incluso entregas de la saga– por guerras sin fin entre los batallones del Ordo Malleus (bando humano) y Xenos como los Orkos, los tiránidos o los Eldar.

Tras los brutales acontecimientos en la última expansión, Chaos Rising, los marines pensaban que el sector estaba en equilibrio, pero nada más alejado de la realidad. La corrupción y la locura permanece y se está apoderando de las mentes de la recién llegada Guardia Imperial, incluso de uno de los guerreros más poderosos, el Jefe del Capítulo de los Ángeles Sangrientos, hecho que impulsa a los humanos a usar su última carta.

Tras esta pequeña introducción con la que se nos presenta esta nueva expansión stand-alone para Warhammer 40.000: Dawn of War II podemos empezar la campaña con cada una de las seis razas disponibles. ¿Pero cómo se conjuntan seis campañas con una sola historia? Pues un poco con calzador. Sí que existe un hilo común o subyacente a todas las misiones, pero la trama principal sufre un gran golpe al tener que hacer caber seis caminos distintos a seguir.

Sin embargo, los personajes mantienen ese carácter distintivo del universo Warhammer donde no acaba de estar clara la línea entre el bien y el mal. Crueldad, religiosidad o simplemente la perfección del arte de la destrucción tienen cabida en unos personajes bien hilvanados y coherentes con su situación y dentro del mundo planteado.

Más bien deberíamos decir mundos, ya que el juego se estructura en una serie de misiones variadas, aunque no demasiado, repartidas a lo largo de los 5 planetas del sector, y que por si fuera poco, las podremos elegir en el orden que queramos. Si bien es cierto de que hay misiones que te dejan avanzar hacia otros mundos mientras que otras sólo sirven para obtener experiencia y equipamiento.

Afortunadamente, la sólida base jugable sobre la que se cimentó la serie Dawn of War II sigue intacta. Seguimos con el sistema de batallones y las escaramuzas rápidas donde las coberturas, huidas y habilidades ganan una importancia crítica. Una mecánica que sin duda consigue que pongamos los cinco sentidos en no perder a ninguno de nuestros cuatro héroes (como máximo) ni de nuestras tropas de campo.

Tal y como hemos dicho antes, la experiencia y el equipamiento obtenido vuelven a ser los elementos responsables de aliñar el juego con un toque de RPG. Conseguir la mejor arma, o simplemente cambiarla por una que se adecua mejor a tu forma de jugar o a la misión puede ser determinante y se vuelve altamente adictivo.

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