The Conduit

¿El FPS que Wii necesitaba?

The Conduit era el juego llamado a convertirse en el epítome de la acción en primera persona para la Wii de Nintendo, o así nos lo presentaron. The Conduit era el juego que vendría a revolucionar el mundo de los juegos de acción en primera persona. The Conduit era el título que por fin iba a ofrecer una aventura adulta e interesante a los poseedores de una consola en la que este tipo de productos escasea alarmantemente. Para conseguir todo esto, The Conduit iba a ofrecernos una intrigante historia llena de enigmas, un desarrollo plagado de combates trepidantes, unos gráficos a la altura de la nueva generación y un control innovador y altamente intuitivo.

Cuánto nos hubiese gustado The Conduit si hubiese cumplido con alguna de estas promesas, pero duele decir que el título de High Voltage es apenas una sombra de lo prometido. Y duele porque la Wii es una consola urgentemente necesitada de mayor amplitud en su catálogo. Los usuarios de la consola de sobremesa de Nintendo están deseando un juego que ofrezca lo que The Conduit prometía, pero parece que van a tener que esperar un poco más.

Si puede resumirse la sensación que The Conduit ofrece al jugador en un solo término, la elección más afortunada sería seguramente “indiferencia”. Es un juego completamente falto de inspiración. La primera muestra de ello es el manido punto de partida para la historia: conspiración gubernamental, invasión alienígena, agencia secreta de inteligencia y nosotros en medio, tratando de desvelar el pastel. Lo mismo puede decirse del desarrollo, completamente previsible, en el que los giros argumentales pueden verse venir desde antes de encender el televisor, completamente carente de ritmo y, lo que es incluso más llamativo, falto además de un clímax que parezca tal.

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El temor de encontrarnos ante un juego sin personalidad se confirma cuando nos enfrentamos a la enésima oleada de enemigos genéricos animados por una IA previsible, rutinaria y que sólo puede suponer un reto a base de alterar los valores de daño que recibimos y que somos capaces de causar, únicos parámetros que maneja el selector de dificultad del juego. Las amenazas enemigas aparecen siempre en las mismas condiciones, en el mismo orden, moviéndose de igual manera y atacando como si apenas cobrasen el salario mínimo, con un nulo sentido de la cooperación.

Quizás la falta de motivación de las tropas adversarias tenga que ver con que el planeta que luchan por invadir es bastante soso a la vista. Está compuesto por niveles en los que las mismas texturas de resolución borrosa se repiten pasillo tras pasillo y la cosa apenas mejora en exteriores, con entornos planos, cielos que parecen techos, mapas anodinos y repetitivos y coronado por bugs como armas que flotan en el aire o botiquines que atraviesan paredes. Con razón algunos de los agentes traidores se quedaban disparando al vacío aun a pesar de encontrarse a apenas un metro del objetivo o permanecían inmóviles sin importarles cuán cerca les pasasen silbando las balas…

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