Star Wars: El Poder de la Fuerza II

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Ahora puede parecer increíble, pero hubo un tiempo en el que Lucasarts hacía más cosas aparte de videojuegos basados en la franquicia Star Wars. Aventuras gráficas, juegos de acción e incluso simulares (¿como olvidar el soberbio Their Finest Hour?) hicieron de la compañía americana una de las más destacadas en los tiempos en los que una tarjeta VGA era el no va más en un PC. Pero algo cambió a finales de los 90, y de un tiempo a esta parte se han dedicado casi exclusivamente a explotar su particular gallina de los huevos de oro, con resultados a menudo decepcionantes.

El Poder de la Fuerza, publicado en 2008, fue una pequeña excepción. Sin ser un juego sobresaliente, sí demostró tener unos valores de producción excepcionales, un desarrollo divertido y una buena historia. El éxito de ventas fue considerable, así que el desarrollo de una secuela era cuestión de tiempo. Y ahora que la tenemos entre nosotros no podemos evitar lamentarnos, porque no solo no mejora ciertos aspectos que requerían una revisión en su antecesor, sino que da varios pasos atrás para regresar a ese oscuro territorio habitado por juegos que aprovechan un nombre conocido para ocultar bajo él sus no pocas deficiencias.

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Pese a todo, y aunque ya desgranaremos sus defectos más adelante, hay que reconocer que El Poder de la Fuerza II es un juego entretenido, lo que los americanos llaman una guilty pleasure: en todo momento eres consciente de que no es demasiado bueno, y a pesar de ello pasas un buen rato con él. Quizás sea esa magia que envuelve a la franquicia creada por Lucas hace más de tres décadas, pero hay algo que mantiene la balanza equilibrada.

Como ya ocurría en la primera entrega, la verdadera estrella de la función y lo más divertido del juego son los poderes de La Fuerza. El control está muy bien ajustado y es una delicia levantar Stormtroopers para aplastarlos contra la pared, empujarlos varios metros o hacer que se suiciden o ataquen entre si gracias al nuevo truco mental Jedi. Además, el motor de físicas se ha visto ligeramente mejorado y se han incluido más objetos en los escenarios para aprovechar en nuestros movimientos ofensivos.

Es una pena que todas esas bondades se diluyan cual azucarillo por culpa de otros apartados en los que El Poder de la Fuerza II es claramente inferior a la primera entrega. El desarrollo de la aventura está mal calibrado, puesto que disponemos desde el principio de muchos poderes y demasiado poderosos, lo cual, sumado a una profundidad jugable más bien escasa, provoca que los combates habitualmente se limiten a aporrear botones sin el más mínimo atisbo de estrategia. Y rejugabilidad cero, porque la exploración brilla por su ausencia.

El juego es corto (lo acabaréis en cinco o seis horas, a lo sumo) y bastante fácil, en parte gracias a una IA no muy espabilada. No ayuda tampoco que haya una variedad de escenarios muy limitada, y alguno de ellos incluso decepciona por lo desaprovechado que está (sí, Dagobah, te miro a ti). Otro punto que a más de uno le pondrá de los nervios es el abuso de secuencias QTE (Quick Time Events), en las que debemos pulsar un botón determinado en el momento justo. Son momentos espectaculares y muy cinematográficos, aunque mal dosificados.

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