Análisis de Sonic Generations

20 años superando el límite de velocidad permitido.

Versión probada: PlayStation 3

La historia de los primeros 20 años de vida de Sonic bien podría compararse con la de una de esas leyendas del rock que han convertido su vida en el desfase que el resto de mortales no podemos permitirnos, llena de vaivenes, momentos más o menos inspirados, y constantes visitas a la clínica de desintoxicación y al psiconalista. Es algo que suele pasar cuando del día a la mañana te conviertes en un jodido clásico, que es justamente lo que le pasó al erizo de SEGA cuando en 1991 tuvo la osadía de pasarle la mano por la cara al fontanero de la competencia. ¡Aquello sí que fue romper moldes!

Desde entonces su carrera ha sido casi una metáfora de los locos niveles por los que suele moverse, llenos de subidas y bajadas, loopings y saltos suicidas. Y la verdad es que últimamente no ha sacado nada muy brillante. Se le ha visto tocar en pequeñas salas llenas de humo, lleva tiempo rememorando muchos de sus clásicos en plan crooner, y aunque hace poco nos sorprendió muy positivamente con un retorno sincero a sus orígenes, lo cierto es que tampoco ha vuelto a ser el mismo de aquellos primeros juegos.

Es por eso que me alegra anunciar que lo que hoy tenemos entre manos es un título con el que fans y no fans van a quedar más que satisfechos. Resulta que de una vez por todas los managers del erizo - sí, esos del Sonic Team que tantos males de cabeza nos han dado - se han puesto manos a la obra para ayudar a que su estrella vuelva a lucirse como en los viejos tiempos. Para celebrar los 20 años de Sonic han decidido que quizás fuera una buena idea recoger algunos de los grandes éxitos de todas las épocas, pero con una diferencia sustancial a lo que estamos acostumbrados.

Sonic Generations en nuestra época

Esta vez no estamos ante el enésimo "greatest hits" en plan recopilatorio con los tan sobados juegos de Mega Drive y Dreamcast. Tampoco estamos estamos en un nueva entrega super-mega-ultra-hiper-boom-catacrash espectacular en unas tres dimensiones de esas que te sangran los ojos por la velocidad y te conviertes en _____________ (rellene el espacio a su gusto). ¡Nada de todo esto! Lo que han hecho esta vez es darle a Sonic las partituras de sus clásicos y le han dicho que las vuelva a interpretar con el bagaje de todo lo aprendido a lo largo de estos años. ¡Saca lo que llevas dentro! ¡Corre muchacho, corre como un desgraciado y déjate de puñetas!

Tanto en su versión antigua como en la más actual nos encontramos con un diseño de niveles espectacular

Esto es Sonic Generations, 9 niveles pertenecientes a 9 juegos distintos, pero con una particularidad muy importante: podemos recorrerlos en sus versiones 2D y 3D. Gracias a esta genial idea tenemos la oportunidad de escoger si nos queremos poner en la piel de un "Sonic Clásico" gordito, mudo y adorable, o bien en la de un "Sonic Moderno" sin carisma, demasiado charlatán y detestable (a ver quien es el primer lumbreras en adivinar cuál es mi época favorita de Sonic). Sin duda, recuerda bastante al planteamiento de Epic Mickey y la relación insana entre el ratón y su olvidado hermano Oswald.

Afortunadamente - y os soy sincero si os digo que esto no me lo esperaba - tanto en su versión antigua como en la más actual nos encontramos con un diseño de niveles espectacular, para los sentidos y para el tacto. Con este doble enfoque disponemos de un total de 18 pantallas que nos transportan a algunos de los grandes momentos de la saga, desde el imprescindible Green Hill Zone de Sonic the Hedgehog hasta la fase de San Francisco y el camión de Sonic Adventure 2. La selección de estas zonas generará rabiosas críticas por parte de los fanáticos de Sonic, más que nada porque se olvidan algunos grandes momentos y se han incluido otros de juegos más bien olvidables (Sonic Unleashed, Sonic Colors). Pero igualmente hay que reconocer que si lo que se pretende es rememorar 20 años de vida, sería cutre correr un tupido velo sobre tus errores del pasado. ¡Están ahí y debes asumirlos Sonic!

El caso es que Sonic Generations consigue en gran medida que entregas que originalmente nos habían parecido malas aquí dispongan de un nivel que sea bueno o hasta muy bueno. De nuevo, la culpa de esto la tiene el diseño de niveles y un control bien implementado. Con el Sonic Clásico nuestras habilidades se limitan a convertirnos en bola y poco más, pero con el Sonic Moderno disponemos de muchas más poderes que hacen que jugar con uno u otro sea completamente distinto. A medida que avanzamos conseguimos más habilidades o podemos comprarlas en la tienda.

Pero además de estos frenéticos niveles que se centran casi exclusivamente en el principal activo del protagonista - su velocidad - Sonic Generations también cuenta con un buen número de colaboraciones por parte de los amigotes íntimos del erizo. Tails, Knuckles y compañía están aquí para proponernos todo tipo de retos y hacer que la vida útil del juego gane una cuantas horas más. Así, en un estrategia algo patillera, pero que se entiende dentro de los estándares actuales de diseño de juegos, nos tocará recorrer varias veces cada nivel (en sus dos versiones) con el objetivo de superar diferentes retos. Solamente superándolos podremos abrir nuevos mundos y acceder a los niveles en los que nos tocará enfrentarnos al Doctor Robotnik y sus robotillos - donde nos esperan combates muy bien resueltos.

¿El argumento del juego? Es un tontería que no hace falta ni explicar, y menos aún cuando está tan mal narrado. Jugadlo y lo comprobaréis por vosotros mismos. Sobra y es infantil, y lo peor de todo es que encima tampoco trata con demasiado respeto a ese público objetivo de jóvenes jugadores. Contrariamente, sí que son dignos de mención los constantes guiños a la saga, y sin duda, el más bonito de todos es el nivel central desde el que podemos acceder a los diferentes mundos. Se trata de un hub central lleno de pequeñas representaciones de cada mundo, y que no deja de ser un nivel más en sí mismo. Gracias a él Sonic Generations abandona la estructura típicamente lineal de la saga para dejarnos elegir a nosotros mismos qué nos apetece más hacer. Aparte de esto el resto de guiños lo encontramos repartido dentro de los propios niveles o en forma de extras - que como siempre podrían ser más y mejores.

Sonic celebra sus 20 con un juego que bien podría ser su mejor título en varios años

A nivel técnico destaca una construcción de niveles que consigue que presenciemos momentos realmente espectaculares, especialmente si jugamos con el Sonic moderno. En este sentido, el apartado artístico está lleno de referencias a la saga y pequeños detalles, que se mezclan con un diseño de personajes que parece que esta vez sí que ha encontrado un poco el norte. No obstante, también puede pasar que con este estilo tan barroco a nivel visual a veces perdamos de vista la acción, algo que se acentua si jugamos en 3D - sin duda la opción más acertada si queremos conocer nuevos límites de lo que se entiende por marearse. Acompañando este apartado visual tenemos una banda sonora y un conjunto de efectos de sonido que rinden homenaje a las melodías clásicas y que lo hacen siempre en esta doble versión de la que hace gala el juego.

Es con todos estos ingredientes que Sonic ha vuelto a subir a los escenarios para permitirse el lujo de auto-reverenciar sus virtudes y las de su carrera. Lo hace en un concierto que recupera su gran signo de identidad: la velocidad. El escenario de este gira es tan pomposo como el de un concierto de heavy metal, y como espectáculo para todos los públicos que es consigue reunir a varias generaciones que corean muchas de las canciones. Sonic celebra sus 20 años con un juego que bien podría ser su mejor título en varios años, y mira hacia el futuro con la esperanza de no recaer en sus antiguos vicios, y de reinventarse sin recurrir de nuevo a innumerables recopilatorios de grandes éxitos.

8 / 10

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