Samurai Warriors 3

El Japón feudal según Chuck Norris.

Versión probada: Wii

Samurai Warriors 3 pertenece a una saga de juegos muy especial que hace ya unos cuantos años Koei puso de moda en oriente y que también hemos podido disfrutar aquí. Es un estilo de juego que ha sido imitado en varias ocasiones, pero la mayoría de veces con resultados decepcionantes; me viene a la cabeza el N3 o su inminente secuela, que ha vuelto a ser acusada de repetitiva, tosca y con pocos alicientes.

Pero aún así los Samurai o los Dinasty Warriors tienen su encanto. Son totalmente ciertas las acusaciones que sobre ellos o sus predecesores se vierten, es verdad que podrían ser aún mejores, pero no dejan de tener su pequeña comunidad de seguidores entre los que me encuentro. Ver sus fallos es obvio, juzgarlos solamente por ellos sería injusto.

Como todos los "Warriors" el juego está ambientado en el Japón feudal y la época Sengoku. Algunos de sus protagonistas –35 en total– son personajes históricos que aportaron su granito de arena al periodo de conflictos nipón. A diferencia del Dinasty Warriors Strikeforce, esta entrega exclusiva para Wii se centra mucho más en el combate y, aunque hay cierto componente de mejora de equipo y de gestión de los puntos de experiencia, no llega ni de lejos al nivel de profundidad de Strikeforce.

Nada más comenzar nos encontramos ante diferentes modos de juego, el más interesante de los cuales es Historia, que permite adentrarse en un relato narrado por capítulos y que podremos jugar solos o con otra persona a pantalla partida. Al inicio de cada capítulo se narran los acontecimientos, se marcan las rutas a seguir, los objetivos y se anima al usuario a mejorar sus armas y su armadura.

Cuando estamos listos entramos en un mapa 3D que generalmente recrea una colina, un campo abierto o el interior de un poblado de la época, y manejamos a uno de los señores de la guerra, el que tiene que cumplir los objetivos. Pero no está solo, con él luchan otros señores de la guerra y decenas de soldados que se mueven de forma autónoma. La mayoría de veces el mapa está infestado de soldados enemigos muy propensos a huir si derrotamos al capitán de cada regimiento. Y aquí hago un inciso, no juegues en fácil, el título pierde toda su gracia; los enemigos son auténticamente estúpidos y todo se reduce a un hack and slash sin ningún tipo de reto, una tontería.

Contamos con indicaciones en pantalla que facilitan nuestros movimientos y al mismo tiempo hay que seguir estrictamente la ruta marcada en el "briefing", todo ello para cumplir cada uno de los objetivos y hacer que la historia avance; es más, algunos de los retos intentan explotar nuestra destreza como jugadores. Por ejemplo: mata al individuo A en X minutos. Matar a A es obligatorio para seguir adelante, pero hacerlo en el tiempo marcado por X nos otorgará habilidades especiales o mejorará la moral de nuestro ejército, que lo dará todo en pos de la victoria.

Y en realidad no hay mucho más… o sí. Jugar un rato es simplemente ver una nube de personajes luchando entre sí, adversarios más o menos temibles que cortarán nuestro avance , recoger gemas para un uso posterior, tejer una maraña de pequeños objetivos y acabar de bruces frente al enemigo de final de fase, quien a su vez nos pondrá las cosas más difíciles haciendo gala de movimientos especiales y armas cargadas con magia.

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