Red Faction Guerrilla

A liarla parda.

Uno de los géneros más divertidos dentro del mundo del videojuego es el de destruir cosas. A todo el mundo le gusta romper cosas. Los japoneses incluso tienen locales en los que pagas algo de dinero y te dejan romper platos y muebles durante un rato. Pero, siendo realistas, si apartamos las excentricidades niponas la mejor opción para desfogarse es en un videojuego. Por lo menos la más económica.

Fijaros también que tenemos cierta curiosidad por eso de los destrozos en masa. Nos quedamos embobados cuando en la TV ponen vídeos de demoliciones de edificios. O buscamos constantemente, en juegos que no están específicamente diseñados para ello, liarla parda. Quién no ha apelotonado camiones en Crackdown o hecho el loco con explosivos en GTA IV. Nos gusta, es algo que nos sale de dentro.

Pues para todos aquellos que tenemos esa predilección por el caos, Red Faction: Guerrilla parece casi caído del cielo. Porque olvidaos de argumentos y pamplinas, este es un juego que va sobre destruir cosas. Si es bueno o malo dependerá de si cumple con esa premisa, porque es lo que lo aguanta todo.

La historia, de todos modos, nos pone en la piel de Alec Mason, un trabajador que llega a Marte y que ve como la EDF, la facción dominante, se está tiranizando. El Planeta Rojo se ha convertido en un gran solar lleno de edificios metálicos y feos, opresivos, sin personalidad. Cuando matan a su hermano ya no puede más y decide unirse a la Red Faction, un grupo revolucionario que (más o menos) lucha contra la explotación y la injusticia. A lo largo del juego tendrás que ir liberando zonas —hay un total de seis— ocupadas por los tiranos y tendrás que ganarte el favor de tu bando para que te ayuden en tus conquistas.

Lo primero que verás —además de que la saga ahora es en tercera persona y no en primera, como era habitual— es que tu equipamiento es simplón total. Maldita sea, tienes un martillo grande, una pistola y unas pocas minas remotas. Las minas vale, pero lo demás… ¿con eso vas a poder destruir cosas? ¿Con un martillo?

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Las minas remotas son fantásticas. Las colocas, le das a un botón, sales caminando y... fuegos artificiales.

Sí, amigo, y no veas de qué manera. Las físicas del juego de Volition son tan tremendamente buenas que te permiten hacer lo que quieras y como quieras. De hecho las físicas son la base de todo, en este juego. Porque permiten que puedas tumbar esos edificios gigantescos y futuristas-industriales sólo atacando las columnas adecuadas. O puedes colocar unos cuantos barriles explosivos en determinado sitio y, con un solo disparo, patapum, al suelo. O puedes coger un coche y lanzarte contra lo que te plazca, que te aseguro que lo notarán.

Pero es que además, si eres un poco avispado, verás que estas maravillosas físicas te empujan, te insinúan, que vayas un poco más allá. Constantemente te recuerdan que puedes jugar con ellas para completar los objetivos, y eso multiplica la diversión y la autosatisfacción por millones. Podría estar contándoos durante toda la noche cómo acabé con tal o cual grupo de malos. Ejemplos hay para dar y tomar. Pero… para que os hagáis una idea, ¿qué tal tender una emboscada a un convoy de vehículos para que les caiga un puente encima? ¿O volar una torre enorme para que caiga encima de un edificio más pequeño y lo haga añicos? No os creáis que es pan comido, que la dificultad es a veces desesperante, pero con tesón… se puede lograr casi todo.

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