Pure

El renacimiento arcade: día 1.

Estamos ante un milagro. En medio de una generación donde los arcade racer pierden sus señas de identidad y se diluyen entre extras y capas superfluas (ni la vuelta de Sega Rally nos ha despertado de este coma), Disney ha producido un título enérgico e inmaculado, de los que ya no se destilan, que premia al jugador que se entrega a su control y no a sus burdas opciones.

Desde Excite Truck no se había publicado un arcade de conducción donde la física y el dominio de al volante fuesen tan determinantes. Hasta Pure, los juegos sobre ATV eran meras licencias gancho para los aficionados a esta extravagante competición, pero nunca se había profundizado en las diferencias palpables entre conducir un Quad y un vehículo más convencional. Tras los desvaríos de la franquicia Burnout y la liviandad de Motorstorm, Pure nos devuelve la sensación de control y precisión devaluada por la permisividad y el estancamiento.

Aquí la victoria es cuestión de equilibrio. No sirve de nada acelerar y centrarte en acortar distancias ya que sin el turbo, alcanzar a los rivales es prácticamente imposible. Para adquirir este plus extra de velocidad, necesitaremos realizar acrobacias, cuatas más hagamos y más complejas sean, más turbo, aunque si abusamos de la velocidad extra, perderemos la posibilidad de realizar las florituras extra que acabamos de conseguir.

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En este conflicto continuo Pure pone su mejor mano sobre la mesa. Además obliga al jugador a conocer el terreno y calcular la distancia de las caídas, ya que tanto al mínimo tropiezo o aterrizar tras una caída libre kilométrica con el manillar en el trasero causará cierta...incomodidad en el piloto. En el momento del impacto se activa un espectacular plano del siniestro, que acompaña nuestra desgracia con una naturalidad inhóspita, como si el propio cámara sufriese nuestra misma suerte. Este punto resulta clave para conocer las pretensiones y buen karma de Black Rock que muy lejos de empantanarse con las injustificables y desproporcionadas interrupciones de Burnout Paradise, recompensan de forma sutil sin hastiar al jugador, ya que comer barro no es el objetivo.

Esa prudente intención de invitarnos a realizar nuestra trazada paulatinamente mejor está patente en todo el juego. Podemos configurar nuestro ATV a placer, perfilar cada una de las 22 piezas que tiene (las cuales muchos no sabrían ni que existían incluyéndome a mi). Este detalle vuelve a recalcar que Pure no está de paso, te exigirá lo mejor de ti, precisión, temple y paciencia.

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