Prinny: Can I Really Be the Hero?

C’mon, dood!

Si por algo se caracterizan los japoneses de Nippon Ichi es precisamente por lo rígido y acentuado de sus planteamientos jugables. Lo vienen demostrando desde la primera entrega de Disgaea, saga conocida por impulsar hasta límites estratosféricos una mecánica extremadamente exigente con el jugador y, al mismo tiempo, muy gratificante.

De su autoparódica iconografía, plagada de gags y burlas hacia el género fantástico, han surgido personajes y/o criaturas que ha golpe de carcajada se han hecho un sitio dentro del imaginario colectivo de esta industria, colocándose sin ningún pudor al lado de instituciones del tamaño de los Chocobos de Final Fantasy, los Slimes de Dragon Quest o las Setas de Mario. Estamos hablando, por supuesto, de la trupe del Señor del Inframundo Laharl y su concubina Etna, que en esta ocasión no duda en movilizar a un ejército de mil Prinnies (ya sabéis, esos Pengos de nueva generación) para que le busquen el Postre Definitivo. Como lo oís. Mil almas condenadas a vivir una eternidad de servidumbre pateando el mundo de los demonios tras los ingredientes de un postre, ni más ni menos. Eso es Nippon Ichi, Los Primeros de Japón, y eso es este Prinny, el primer plataformas gracioso para PSP y la siguiente iteración dentro de la mitología Disgaea.

Llama la atención nada más ponerse a los mandos del juego el elevado número de vidas de las que disponemos, la para nada desdeñable cifra de mil prinnies de usar y tirar. Y decimos “de usar y tirar” porque son todos y cada uno de los efectivos del ejército que Etna ha puesto en marcha, por lo que en el preciso momento en que uno muere siempre hay otro para sustituirle, hasta que el contador llegue a cero o se termine la misión. Pero como decíamos, la sensación por parte del jugador al empezar el primer nivel y ver que tiene mil vidas disponibles es dispar; por un lado le aborda el pensamiento de que tal vez el juego esté pensado para que la gente no se frustre y hasta el más torpe pueda llegar al final, pero pensándolo fríamente y tratándose de Nippon Ichi... mil vidas no pueden significar nada bueno, desde luego.

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Efectivamente, Prinny es una sucesión no lineal de niveles de puro plataformeo 2D creado durante una lluviosa tarde otoñal por un diseñador de niveles con problemas de estreñimiento. O dicho de otro modo, es un juego infernal, asequible en los primeros mundos e insufrible y milimétricamente planteado en las fases más avanzadas. Todo esto hablando en términos del modo normal, porque la dificultad avanzada es para auténticos “Billy Mitchell wannabe”.

Como en todo plataformas clásico, nuestro avatar puede andar, correr, saltar, atacar tanto en tierra como en el aire, agacharse y pisotear. Todo y nada de lo necesario para enfrentarse a un conjunto de fases de saltos medidos con escrupulosa fidelidad y enemigos colocados a conciencia en los lugares más puñeteros, sin pasar por alto en ningún momento el humor más descacharrante ni el chascarrillo inteligente característico de la saga, patente tanto en escenarios y enemigos, como en los diálogos.

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